Recuerdos de antes de la Transición III. Escrito de 2021, corregido en 2025

Nunca asistí a las primeras reuniones del grupo Marejada, a principios de los 70, pero sí tuve información de primera mano de dos amigos participantes, U., y E. de S. Ambos me contaron que en aquel momento les dijeron que la política quedaba fuera de esas reuniones, que iban a ser literarias, por lo que poco menos que les señalaron el camino de salida. Recuerdo que por aquel entonces (¿72 ,73?) precisamente con U. y E. de S. y otros amigos con “inquietud”, formamos un grupo amplio, un seminario, como se decía, para estudiar la Historia de la Filosofía y tratar de comprender la evolución del pensamiento humano. La mayoría estábamos ya en la órbita de la izquierda y deseábamos llegar cuanto antes al mundo contemporáneo, lo que finalmente ocurrió de forma precipitada tras la llegada al grupo de un auténtico “monstruo”, E. M., que acabó con el chiringuito mostrándonos que no se trataba tanto de “interpretar el mundo como de cambiarlo” (marxismo puro), lo que acompañó de sesudas explicaciones sobre el capital y la explotación obrera. El resultado es que. de una forma u otra, cada uno por su cuenta o en comandita, todos acabamos en el PC. Curiosamente, la mayor parte de los componentes de aquel seminario de la calle Feduchy terminamos siendo dirigentes del Partido. 

Mucho más tarde, algunos de los que llevaban la voz cantante en Marejada, ahora sí, entrarían también en el PC. No era el caso de J. R. R., que vivía en Madrid y fue pecero desde la primera hora: recuerdo que la policía le pegó duro en una manifestación en la que estuvimos y que pretendía nada menos que ir a la cárcel de Carabanchel para exigir la puesta en libertad de Marcelino Camacho.

Aquel PC de la clandestinidad era muy distinto al de estos últimos 40 años; era el PC de la reconciliación nacional y el “compromiso histórico” con la derecha a la manera de Berlinguer, el secretario italiano del PCI. Al principio éramos cuatro gatos en la universidad. A. Á. R., y su mujer M., que estudiaba en Granada, fueron los verdaderos reconstructores de aquel PC universitario gaditano. En el comité de la facultad de Letras estábamos A.A., P. V., F. A. y yo. En el comité universitario, y procedentes de Medicina, estaban también el mencionado E. de S, P. del R., J. J., M. H., M. A. R. y S. P., además de otros, todos ellos de relevancia posterior en el campo profesional y/o de gestión.

Recuerdo que una de las primeras entrevistas periodísticas como representantes de la izquierda nos la hizo, a E. y a mí, Juan José Téllez. Debió de ser por la calle Solano o Jesús Nazareno quizás. Téllez era muy joven y apareció vestido con traje chaqueta antiguo (un poco a lo Eutimio), lo que nos produjo cierto pavor, pues pensamos que podíamos haber caído en una trampa de la policía, la “social”, como llamábamos a la policía franquista (su nombre era policía político social).

Muchos años después, Téllez hizo una Historia de la Transición y preguntó por mí a otro “camarada” de entonces, A.T., aunque al parecer al final omitió mi nombre (¿se le olvidó o seleccionó sólo a los que seguían en la izquierda en ese momento, y no a los que ya nos habíamos largado?). El que hizo un capítulo muy completo sobre aquella época fue el profesor Millán Chivite, un hombre bueno desaparecido prematuramente. Fue en La Historia de Cádiz, de Editorial Silex. Él vivió todo aquello y conoció el paño de primera mano.

Si hubiese que poner plaquitas recordatorias sobre donde nos reuníamos en la clandestinidad la organización estudiantil del PC gaditano, que llegó a tener decenas de militantes, habría que señalar especialmente la casa de la abuela de E. de S. (que murió por aquellas fechas), en la calle Santo Cristo. Allí nos reuníamos a todas horas, especialmente el comité universitario (además de ser lugar de encuentro amoroso de parejas que se formaron en la organización), y donde tuvo lugar el triste principio del fin de aquella etapa: se celebró una asamblea general de militantes donde muy pocos defendimos la aceptación de la bandera y la monarquía (creo recordar que también E. y P. del R.) propuesta por la dirección del Partido. La gran mayoría votó en contra, aunque claro, el “centralismo democrático”, ja, hizo que siguieran para adelante las directrices de la dirección de Madrid.

También recuerdo vivamente que en aquella casa se reunió el comité universitario de urgencia la mañana en la que murió Franco

Otras casas donde nos reuníamos estaban en las calles (no recuerdo los números) Javier de Burgos, Hibiscos, las Brisas, Puntales… En la calle Jesús Nazareno, F. y yo fuimos destituidos de todos nuestros cargos (éramos “cuadros”, como se decía, y fuimos bajados a la “base”), porque nos negamos a votar a favor de una propuesta sectaria del partido en una asamblea de la Universidad, con el consiguiente desconcierto de los militantes de base. Se nos pidió a ambos un gesto típicamente comunista, que nos hiciéramos autocrítica (nos auto culpáramos), cosa que nos negamos a hacer: se trataba un poco nuestro particular procesito de Moscú (salvando las inmensas distancias, claro), donde los condenados, encima, se echaban a sí mismo la culpa en aras del Partido, a veces antes de ser fusilados. Fue también el principio del fin de nuestro progresivo distanciamiento militante. Ambos nos fuimos en autostop a París el verano decisivo del 76 en el que todo el mundo parecía antifranquista y en el que se celebró el famoso acto de Chaminade en San Felipe Neri (no estaban todos los que fueron ni fueron todos los que estaban), cuyas fotos periodísticas son bien conocidas.

Algún día contaré la cantidad de malentendidos y situaciones cómicas que tuvieron lugar a propósito de nuestros sobrenombres. El mío era “Felipe”, quizás porque recordaba a “Faly”. Más de una vez por error, algún amigo cotidiano y conocido de mi familia, preguntó por teléfono en mi casa de la calle Libertad por “Felipe”, ante el estupor de mi madre.

Los del PC gaditano eran (éramos) hijos de la clase media de Cádiz capital, aunque en algunos casos había hijos de familias de gran renombre. En general gente moderada en las formas y de fuerte inquietud intelectual. Los del MC también. No así los de la Joven Guardia Roja, estudiantes muy radicales e hiperventilados, todos procedentes de los pueblos de la provincia, entre los que destacaban los de Sanlúcar y Trebujena. Eran conocidas sus intervenciones en las Asambleas por su pertinaz ceceo.

El PSOE que actuaba en la capital también era más comprovinciano que capitalino, aunque con figuras de relevancia como Alfonso Perales, Rafael Román, Ramón Vargas Machuca, Rafael Garófano o José Luís Blanco (hablo de memoria de los que conocí). La excepción capitalina fue Jaime Pérez Llorca, patricio gaditano, a quien conocí más tarde; durante una época tuve el honor de ser invitado en su gran casa de la Alameda, para charlar de lo divino y humano. En honor a la justicia hay que decir que en Cádiz el PSOE sí tuvo una presencia antifranquista importante. Militantes de primera hora que conocí fueron P B. (amigo y compañero de carrera, que en el Colegio Universitario unas veces era delegado él y otras yo), C. S., F. C., y otros a los que pongo cara, pero no recuerdo sus nombres.

Tengo muy buenos recuerdos de aquella etapa de ilusión, aventura y de la sensación de estar haciendo historia, en nuestro humilde caso con minúscula. Nunca he vuelto a pertenecer a ningún partido desde entonces, he sido, y lo sigo siendo, una persona de ideas no de partido, y de ideas cambiantes según avanzaba en experiencia y lecturas.

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