Bien por la centralidad feijoonesca, si pasa por la ley (representada como se sabe por la figura más centrista de todas, la de la balanza). Todo lo que no sea eso, será perder el tiempo

Actualizado Sábado, 5 julio 2025 – 00:02
Cuando se publique este artículo se estarán celebrando el congreso del Pp y la reunión del Comité Federal del Psoe. ¿Las dos Españas? El Pp ha lanzado su eslogan recurrente: ni izquierdas ni derechas: centralidad (una manera de apuntalar la siempre melancólica, huérfana y desamparada tercera España, supongo). Volveremos sobre esto.
Lo que suceda en ese CC socialista (Comité Central o Comité de los Corruptos), si no pasa por la renuncia o el cese del jefe de la banda de Ábalos, Koldo y Cerdán, o sea, del propio PSánchez, es irrelevante, así haga conocer este a la ciudadanía sus decisiones con fuegos artificiales y en estéreo (sincronizadas) o se presente cubierto de ceniza y maquillado por el mismísimo doctor Frankenstein. De este Psoe que PSánchez ha destruido a su imagen y corrupción no cabe esperar nada, y menos aún un prodigio propio solo del realismo mágico (que se le viera dirigirse volando, de la mano de RZapatero, a la cárcel o a Venezuela, que vienen a ser lo mismo).
Y otro tanto cabría decir de absolutamente todos los que hoy están encubriendo a PSánchez en el gobierno, en su partido, en el Parlamento y desde los distintos medios de comunicación afines (encubriéndolo; blanquearlo es imposible, que ni el míster Wolf de Pulp Fiction sería capaz de limpiar tanta casquería moral y jurídica. ¿Fontaneros? Ya quisieran: tripicalleros).
Más interés tendrá, pues, preguntarse por ese congreso del Pp.
La tentación será en él, cabe suponer, que se embriaguen (en la jerga futbolística creo que se dice «que se harten de balón») con los casos de corrupción que tienen a PSánchez y a todo el socialismo acogotados. Si la sentencia del Tribunal Constitucional ha supuesto un mazazo en el ánimo de cuantos llevan luchando años por la igualdad entre españoles, cada nueva noticia de la Uco (con sus detalles macarrónicos) levanta y jovializa, sin embargo, el ánimo de cualquiera (una baja pasión como otra cualquiera), pensando en cuantas almas bella y moralmente superiores llevarán mirándose en el espejo desde hace un par de semanas, diciéndose: «Soy tan basura como ellos; seguiré votando socialista». O incluso: «Seguiré votando a los socialistas, porque no todos somos como esos tres». Qué va, peores.
De modo que en este asunto de la corrupción será bueno dejar a la Uco que siga haciendo su trabajo como hasta ahora. Seguro que aún nos dará muchas alegrías y frases memorables («La que tú quieras. O Ariadna y Carlota, y a tomar por culo» sólo podría ser superada por el mismo que dijo de una de esas mujeres que «se enrolla que te cagas»).
De modo que en ese congreso es deseable que se aborden asuntos políticos, dejándose de lado los esparcimientos sicalípticos, que suelen ir emparejados, como hiedra y piedra, a los negocios sucios.
¿Qué van a hacer, pues, si, como parece, llegan a La Moncloa (y confiemos en que sea más pronto que tarde)? ¿Lo que Rajoy con su mayoría absoluta en tantos asuntos, ley de la Memoria Histórica incluida, o sea, nada? ¿Cómo lograrán que se cumpla la ley en Cataluña respecto del 25% de la enseñanza en castellano? ¿Cambiarán la ley electoral para impedir que gobiernen España las minorías nacionalistas que quieren acabar con ella, ayudados quienes sueñan a un tiempo con ganar la guerra civil y con la Tercera República?
Hemos oído a Jordi Turull, uno de los separatistas condenados por sedición y malversación: sobre jactarse de haber intervenido en la redacción de la ley de amnistía que ha borrado su pecado original, ha vuelto a recordar que una vez aprobada, volverán al origen y convocarán de nuevo el referéndum que les llevó a la cárcel y que ahora, habilitados por la amnistía, podrán celebrar a todo su sabor y acaso con cargo a los presupuestos generales del Estado. Ni el gusto de la malversación tendrán, que también les quitaron ese delito.
Se preguntan en el Pp qué más tiene que suceder para que PSánchez presente su dimisión. ¿Qué más tiene que suceder para que el Pp comprenda que no se puede pactar nada con Puigdemont, excepto el modo de sentarlo en el banquillo (y qué lástima de realismo mágico, o de Mosad, que nos lo trajera volando como la Cándida Eréndira o a Eichmann)?
¿Y qué otra humillación esperan del Pnv para seguir ofreciéndoseles, muy putescamente por cierto? ¿Por qué la línea roja en sus conversaciones parlamentarias es Bildu pero no el Pnv? Sabemos en qué es peor Bildu que el Pnv, ¿pero en qué es mejor?
Estas son las cosas que esperan oír de su boca todos aquellos «centrados» a los que acaba de interpelar Feijóo. Centrados con el nacionalismo han estado todos los gobiernos democráticos, desde Felipe González hasta hoy. Tanto, que nunca como hoy el nacionalismo se ha vuelto tan extremista, xenófobo, sordo y sórdido (y the last, but no least, tan cursilísimo). Podría formularse así: jamás la tolerancia española engendró en tan poco tiempo tanto odio e intolerancia hacia España y los españoles en los territorios catalanes y vascos.
De modo que bien por la centralidad feijoonesca, si pasa por la ley (representada como se sabe por la figura más centrista de todas, la de la balanza). Todo lo que no sea eso, será perder el tiempo.
Que lo pierdan en el CC del Psoe, da igual, porque ya no tienen tiempo. Que lo pierdan en el Congreso del Pp, haciendo frases, tendría delito.