Los ecologistas actuales son en realidad, primero de izquierda, y luego ecologista, de ahí su nombre de ecologistas-sandía, verdes por fuera y rojos por dentro. Al feminismo le pasa igual, es en realidad una bandera izquierdista antes que feminista. ¿Se acuerdan la que formaron las asociaciones feministas cuando lo del “pico” de Rubiales? En cambio, hubo un silencio clamoroso cuando lo del izquierdista Errejón. Ahora ese silencio ha vuelto a ser un clamor ante el espectáculo bochornoso de las “amigas” del socialista Ábalos y compañía, y del lenguaje soez y repugnantemente machista de los audios.
Me han mandado un meme certero: Si Hamás depone las armas se acaba la guerra. Si Israel depone las armas se acaba Israel.
La patrimonialización del feminismo de hoy por la izquierda se manifiesta entre otros, cuando expulsa violentamente de sus manifestaciones al centro derecha, -como la vez que lo hizo con Alaska y Vaquerizo por ser amigos de Losantos-, cuando acosa a jueces cuyos veredictos no gustan y al intentar imponer el lenguaje político y antigramatical del “nosotros y nosotras”.
Lo peor de este feminismo es que ha conseguido que se promulguen unas leyes totalitarias donde se pone en cuestión el principio universal de inocencia previa si el acusado es un hombre. Como la supuesta contradicción obrero-capitalista se fue disolviendo y ya no da réditos a la izquierda, ahora buscan otros “opresores” y “oprimidos”, como pueden ser propietarios-inquilinos, españoles-catalanes, blancos-negros, y en el caso que nos ocupa hombre-mujer. Se trata de buscar supuestos colectivos verdugos y colectivos víctimas, a los que se penaliza o premia según la pertenencia a uno u otro.
Eso sí, cuando hay un caso concreto de víctima y verdugo, el verdugo está muy protegido por unas leyes supragarantistas.
Puestos a buscar este tipo de colectivos a mí se me ocurre uno incuestionable: “funcionario estatal-trabajador civil”. El segundo crea la riqueza necesaria para pagar al primero, no siempre alguien necesario y en ocasiones enchufado. El estado del bienestar es más bien el bienestar del estado.
¿Qué es eso de los delitos de odio? ¿Es que también se van a meter con nuestros sentimientos? Claro que hay que odiar la mentira, la manipulación, los intentos de quebrar las reglas de juego, el nepotismo…
Hace tiempo que la libertad de expresión está en juego. La Ley castiga a quien discrepe de la versión historiográfica de la izquierda acerca de la República y la Guerra Civil, hasta ahora hegemónica, pero ya en decadencia por falsa. ¡Todo ello con la complicidad de catedráticos de historia de universidad!