La «memoria» histórica de Zapatero nunca se debio abrir. Con la Transición y la amnistía para todos (incluidos Carrillo y Pasionaria), todas las fuerzas politicas confraternizaron en el perdón mutuo. Ahora bien, si se abre, que sea con la verdad.
Al anochecer del día 12 de julio de 1936 un grupo parapolicial de afinidad con el líder socialista Prieto acudió al domicilio de Calvo Sotelo, el principal líder de la oposición en ese momento, lo secuestró y lo asesinó. Otro grupo había salido a matar a Gil Robles, el otro líder de la oposición, pero se encontraron con que estaba fuera del país. El gobierno prohibió que se hablara en la prensa de asesinato y protegió a los criminales. Más adelante, gente de Prieto robaría a mano armada el sumario del asesinato de Calvo.
Prieto, en El Liberal del día 14 habló de “ una batalla a muerte, porque cada uno de los bandos sabe que el adversario, si triunfa, no le dará cuartel. Aun habiendo de ocurrir así, sería preferible un combate decisivo a esta continua sangría». Las izquierdas querían el golpe porque estaban convencidos de poder aplastarlo, como habían aplastado el de Sanjurjo. Franco, que siempre había sido remiso a intervenir en el complot, y otros militares, decidieron sublevarse. Sus vidas en aquel momento valían lo mismo de cualquier forma.
En 2006 la deuda española suponía un 39% de nuestro PIB, ahora es del 106%. Los intereses de la deuda que tenemos alcanzan unos 40.000 millones al año. Es decir, la tercera partida de nuestros presupuestos tras pensiones y transferencias a administraciones públicas. Para completar el panorama tenemos la productividad estancada y el paro más alto de Europa.
En estos días las izquierdas locales hablan de la coherencia del fallecido Pepe Mújica. Se ve que admiran el estoicismo y la sencillez porque es algo que ya no existe en la izquierda. Sin embargo ninguno critica que fue un guerrillero, que usó la violencia como arma política para imponer su ideología comunista, la peor de la historia, a los demás. Parece como si la Transicion no hubiese pasado por ellos y aún encuentren romántica la guerrilla.