Bergoglio se negó a venir a España, incluso para el quinto centenario de la santa de Ávila


Actualizado Miércoles, 23 abril 2025 – 02:28
Tiene razón el tabernero Pabligaldi cuando dice que Bergoglio ha supuesto un cambio radical con respecto a la línea de Wojtyla y Ratzinger. El santo y el sabio amaron a España. Bergoglio la odiaba. Ratzinger vino a España oficialmente tres veces; Wojtyla, nueve. Ambos elogiaron siempre la evangelización de América, hoy gran solar del catolicismo. Bergoglio se negó a venir, incluso para el quinto centenario de la santa de Ávila. A su amigo el Follonero, que lo es de Otegui, le dijo que vendría «cuando hubiera libertad». ¿Y qué entendía por libertad? Viajó a Cuba a arrodillarse ante los hermanos Castro y se negó a recibir a las Damas de Blanco y otros católicos de la oposición. Con diez cadáveres en la sede de Charlie Hebdo, asesinados por islamistas tras las caricaturas de Mahoma, Bergoglio dijo que la libertad de expresión tiene sus límites, y que, si alguien atacase a su madre, él también le daría «con el puño». No la otra mejilla.
No hay una sola frase suya en defensa de la propiedad privada, ni de los empresarios que crean empleo con su esfuerzo. Lo suyo, dicen, han sido los pobres. Por eso se llevó tan bien con el narcomillonario Maduro y tan mal con la oposición venezolana. Otro de sus pobres favoritos fue el tirano, cocalero y menorero Evo Morales, que le obsequió con la hoz y el martillo en oro, y Cristo crucificado en medio. Los pobres por los que optó fueron Castro, Ortega, Maduro, Evo, los Kirchner o Putin, que tuvo que masacrar Ucrania porque la OTAN «se puso a ladrar en la frontera». Sicut dixit.
Este amigo de los pobres y los que los crean tropezó con Milei, que le llamaba el Maligno, y se limitaba a ser enemigo de la pobreza. En un año, ha bajado drásticamente la inflación, ha mejorado el empleo y ha acabado con el poder de los empresaurios y las mafias sindicales, como la de Grabois, inquilino de un dicasterio de Bergoglio y que anunció «ríos de sangre» contra Milei. Pero Bergoglio ha sido un monigote en manos de los Kirchner. Le acusaron de denunciar a curas montoneros y él compró su silencio legitimando a Cristina, gran ladrona y responsable del asesinato del fiscal Nisman la víspera de anunciar su procesamiento de la presidenta por encubrir las masacres antisemitas de la AMIA y la embajada israelí, más de cien muertos, obra de Irán.
En fin, que no hay enemigo de la libertad que no apoyara este Papa. Comprendo la pena de Pablenin. Otro pobre.