Amor y tropas. Salvador Sostres

El presidente Trump no nos parecería tan agresivo si no fuéramos tan débiles

El mito de la checa es real

Mañana caerá la sábana

Salvador Sostres

Salvador Sostres

25/01/2025 a las 20:05h.

Somos lo que defendemos. Eso es exactamente lo que somos, con ternura o en el desespero. Defender es la forma más genuina del amor y nos jugamos la vida y a veces la perdemos. El antimilitarismo es naíf y cobarde y el pacifismo como ideología es un atraso sobre todo mental aunque no exclusivamente. Es razonable que el presidente Trump exija a España que se comprometa en la defensa de la civilización. Nuestro estilo de vida libre. La bahía de la tranquilidad.

Es cínico acusar a la nueva administración de imperialista por plantear que todos tenemos que aportar en la causa común de nuestra seguridad. Les pedimos ayuda contra Hitler, contra el yihadismo y contra ETA y cuando estalla un conflicto o una guerra giramos nuestra mirada desvalida hacia ellos y luego les reprochamos que intervengan. Queremos su investigación y su descubrimiento y mandamos a nuestros hijos a sus universidades pero insultamos a sus compañías farmacéuticas por el precio de los medicamentos –como si no costaran nada– y a Elon Musk que es el genio más trascendente que tiene la Humanidad a su disposición en este momento. La primera decadencia –así cayó Roma– es no defender tus fronteras. Las dos misiones más esenciales de un Estado son el control de su demografía y de su integridad territorial. Lo demás viene a continuación y por supuesto es también importante pero no tanto. España y Europa están cansadas de vivir tan bien y tratan sin ningún respeto lo que tanta angustia y tanta sangre nos costó ganar y lo estamos desbaratando. Los Estados Unidos no olvidan ni por un instante que son una idea y que esta idea alumbra al mundo. Lo que nos pide el presidente Trump no tiene tanto que ver con los tanques, los misiles o los soldados como con nuestro compromiso moral y cívico en la defensa de Occidente. La conversación de Trump con Europa no es una amenaza. Es un padre que te pregunta en tu pereza y extravío qué quieres hacer con tu vida. Europa detesta su destino, ha fallado con estrépito en su deber de ser próspera y pujante, sus fronteras son de plastilina, sus raíces cristianas se han secado y con ellas la esperanza fértil y el empuje del deseo de un mundo mejor. Demasiada regulación y el constructivismo social nos han sumido en el colapso y la tristeza.

El presidente Trump no nos parecería tan agresivo si no fuéramos tan débiles, ni tan nacionalista si no hubiéramos dimitido de nuestro deber de mantenernos en pie por lo que nos define y afirma. Como cualquier gasto, el gasto militar es político y es libertad de expresión y es obvio el mensaje que Trump nos manda para que despertemos de nuestra desidia. No asumir este gasto es también mandar un mensaje pero de rendición y de desprecio a lo que somos y tenemos, como si ya no nos importara lo que pueda sucedernos, hasta que otra vez suceda y otra vez supliquemos caridad y tropas, justo las que tan fascistas nos parecen ahora.

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