Se diría que Ese necesita pegar fuego a España por sus cuatro costados con esos cien festejos


Actualizado Sábado, 14 diciembre 2024 – 00:11
Se ha dicho que los cien festejos (o más) que a Ese se le ha ocurrido programar para el 2025 tienen por finalidad encubrir los casos de corrupción que afectan a su familia, a su partido, a su Gobierno y a sí mismo. No solo. Es verdad que «por doquiera vaya Ese, lleva consigo su cadáver», podríamos decir parafraseando a Galdós, y que Franco es su francomodín (como también se ha dicho), pero ese hombre guarda además, como cualquier tahúr, una carta en la manga. Hasta que la suerte le abandone, sigue siendo un jugador de fortuna.
No conocía uno la película de Tino Calabuig. De Porlier a La Almudena. Se trata de un documental antiguo, resucitado hace una semana en el Goethe Institut a instancias del Instituto Cervantes, y hace unos días se emitieron de él unos pocos minutos durante la entrevista que me hacían en el Canal 24 Horas de TVE, a propósito de mi novela Me piden que regrese. El periodista justificó el pegote en que ambas obras tenían que ver con la memoria histórica (en realidad, nada; mi novela es más bien una historia de amor y de aventuras).
Porlier: una de las cárceles franquistas donde se hacinaron miles de presos, pasto de una represión indiscriminada y en no pocos casos criminal. La Almudena: Cementerio del Este. Argumento: el viaje desde la prisión a ese cementerio (tras procesos demenciales, tres mil ejecuciones, muchas de ellas en sus tapias), contado por algunas de las víctimas (entre ellas, el director del documental). El director: artista plástico nacido en 1939 e histórico simpatizante del PCE. Se reconocen algunos rostros populares de los que aparecen en él: la actriz Pilar Bardem, el cantante Miguel Ríos, la escritora Almudena Grandes.
El terror azul que se pormenoriza en el documental no ofrece duda. Pero ese viaje de Porlier a La Almudena no se entenderá sin contar otro anterior. Podría titularse De la checa de Bellas Artes a Porlier (esa y las más de 200 checas de Madrid dejaron entre ocho y doce mil muertos solo en la capital, algunos ejecutados tras condenas de los tribunales populares, y la mayoría asesinados con nocturnidad y alevosía; y de las tres mil víctimas del franquismo, 500 fueron victimarios, responsables directos o inductores del terror rojo causante de las matanzas previas).
Documentales como ese son muy necesarios en España, qué duda cabe, añadí. Ahora, sin la otra mitad de la historia (que debería rodar el mismo director, si en verdad se creyera lo que dice, a saber, que le mueve un sentimiento piadoso), no pasan de ser propaganda tendenciosa, como lo fueron los documentales que se emitieron durante el franquismo a propósito de la Guerra. Quien no entienda que las víctimas son de todos y los victimarios únicamente de quien tenga el cuajo de hacerlos suyos no puede hablar de concordia ni reconciliación. No quienes siguen creyendo que «sus» víctimas son mejores que las del otro bando. Lo que lleva a una conclusión bien triste: sin enemigos no son nada. Tal y como vimos que sucedía en el franquismo. Y ese es el muro que Ese trata de levantar de nuevo: el de una mentira construida con medias verdades, cuando no con ficciones y estereotipos. Lo ha dicho hace un par de días Felipe VI en Italia: repetir ese pasado, ni como caricatura.
Cien actos (o más) ha anunciado Ese para celebrar estos 50 años de libertad (recuerdo-escarnio en realidad, ya que Franco murió en la cama para humillación de la izquierda que no logró acabar con él en cuarenta años, como también se ha recordado). Cien festejos a partir del 8 de enero próximo. La «memoria histórica» es para Ese, como para el aprendiz de brujo RZapatero, asunto prioritario. Intervenir la memoria de los ciudadanos, como la larva que devora el cerebro del ganado ovino y provoca su modorra. Podía empezar mañana. Quedan 15 días para terminar el año. A tiempo está de celebrar el nonagésimo aniversario del golpe de Estado que dio el Partido Socialista a la República en 1934. Hoy como ayer, puede sumarse Esquerra. Y golpe de Estado fue, por mucho que la izquierda «resignificara» la intentona rotulándolo como «Revolución de Octubre», un modo de diluir sus responsabilidades políticas y penales en las masas ingobernables propias de toda revolución, tal y como volvería a suceder con las escabechinas chequistas del Frente Popular al endosárselas a «elementos incontrolados». Sin el golpe de 1934 no se entiende el de 1936 (y basta de excusas de mal pagador: «entender» no es «justificar» ni «blanquear el franquismo»; ¿cuándo aceptará la izquierda que no por fallido su golpe de 1934 fue menos inmoral y delictivo? ¿Cuándo, que el haber perdido la guerra no borró en no pocas víctimas del franquismo su condición de delincuentes?).
Se diría que Ese necesita pegar fuego a España por sus cuatro costados con esos cien festejos. Provocar y excitar los ánimos de cien tarados en toda España que repitan las palabras del diputado de Vox que aseguró en el Parlamento hace un par de semanas que el franquismo fue una época «de progreso y reconciliación».
Su carta en la manga son esos cien espontáneos. Sólo así, blandiendo el fantasma de la ultraderecha y paseando el cadáver de Franco (su Felipe el Hermoso) por todas partes, tendrá Ese alguna posibilidad de impedir una alternativa democrática, de seguir gobernando… y de amnistiar su corrupción (que es en realidad adonde Ese quiere llegar; ni Franco ni Franca).