***Es propio de un estado totalitario imponer por ley una versión histórica determinada, en este caso sobre la República y la Guerra Civil en España. Es impropio de la naturaleza de un historiador cabal, que este forme parte de una comisión estatal para reprimir por ley a los historiadores que sostienen con argumentos y hechos contrastados interpretaciones diferentes a las suyas, de lo que fue la República y la Guerra civil. En eso, este tipo de historiador se parece mucho a los censores franquistas. Bueno, qué digo se parecen, en muchos casos son hijos de conocidas familias franquistas…
***Lo último que se espera de un historiador profesional riguroso, de un profesor universitario, no es que apoye la prohibición de una versión histórica ajena a la suya, sino que contraste, que debata sus tesis con la de sus oponentes, en buena lid. Pero claro, seguramente apoya prohibir esta interpretación alternativa porque la encuentra veraz, y eso derrumbaría su carrera y arruinaría las mamandurrias conseguidas y por conseguir.
***El “cara vinagre” tiene razón cuando dice que mucho cambiar el nombre del estadio, pero dejan el del puente Carranza. Sin embargo, a continuación, patina cuando propone el nombre de Alberti. A ver, los Carranza fueron unos grandes alcaldes para Cádiz y Alberti un gran poeta, aunque sobre esto último hay discrepancias. Carranza, que no se manchó las manos de sangre, expulsó del Ayuntamientoo a gente proclive al Frente Popular, entre ellos a mi padre. Pero si la “memoria” es para todos, Alberti fue un comisario político del partido comunista, el partido de Stalin, con sus checas y su represión incluso contra los propios escritores de izquierda. Lean a Trapiello cuando cuenta lo de su columna “A paseo”, donde señalaba a escritores en el Madrid de la más terrible represión de la guerra.