El descanso del presidente es cuestión de Estado. Por eso odia que le molesten. Pero Bolaños no tiene más remedio: alguien en el TC se ha vuelto definitivamente loco


Actualizado Sábado, 24 agosto 2024 – 22:40
Tiene advertido el presidente que no se le moleste durante su retiro vacacional. Antes de volar a Lanzarote, en el último consejo de ministros del curso, dejó meridianamente claro que su descanso era un asunto de seguridad nacional. Que nadie debía importunarle a menos que se acabara de producir una verdadera catástrofe: otra pandemia, la invasión de Polonia por parte de Putin, la filtración de una nueva carta de recomendación de Begoña a favor de una empresa subvencionada por el Gobierno. «No me llaméis ni aunque el Teide entre en erupción. Si sucede, ya veré yo el humo desde La Mareta», sentenció ante los ojos atónitos y serviles de sus ministros y ministras.
Las instrucciones son, pues, taxativas. Todos han comprendido que para asegurar la duración de la legislatura es vital que los Sánchez-Gómez puedan desconectar de los problemas de los españoles a fin de centrarse en los suyos propios. Solo así estarán en disposición de regresar en septiembre con las pilas cargadas y el proyecto político renovado: avivar su venganza contra la mitad de la población.
Por eso duda tanto Félix Bolaños, que juguetea nervioso con el móvil en la mano. Mil veces ha tomado la decisión y otras tantas se arrepintió. Al fin se arma de valor y se dispone a marcar el teléfono prohibido.
Un tono, dos tonos, tres tonos. La llamada se corta abruptamente después del quinto. Bolaños traga saliva. Pero lo vuelve a intentar. Aguanta los cinco timbrazos y cierra los ojos. Nada. El jefe verá las dos llamadas perdidas, pero su ministro de Presidencia pierde la esperanza de que se la devuelva. De hecho casi desea que no lo haga, porque no se ve con fuerzas para enfrentarse a otro ataque de cólera del presidente. Lleva dos hospitalizaciones en dos años. Cada bronca suma otra piedrecita a la vesícula y ya ha perdido el apéndice. A menudo se pregunta si merece la pena soportar todo esto. Su esposa tiene bastante clara la respuesta.
El ministro se dispone a lidiar a solas con el problema cuando su móvil se ilumina de golpe. «PS», reza la pantalla. Bolaños se sobrepone a una punzada biliar, no sabe ya si real o imaginaria, y descuelga el teléfono.
-Más vale que sea algo importante, Félix. Más vale que lo sea, porque de lo contrario vas a tener que hacerte un seguro médico de los caros.
-Es importante, presidente. No se me ocurre llamarte, si no. Soy consciente de las adversidades que has tenido que afrontar en estos meses difíciles y de la imperiosa razón de Estado por la que apuras este receso estival para seguir impulsando el progreso en derechos de todos los españoles y todas las…
-Corta el rollo y suéltalo ya. La mesa está servida y ya sabes lo que me gustan las papitas con mojo.
-Se trata del Tribunal Constitucional, presidente.
-¿Cándido? ¿De verdad te has atrevido a joderme las vacaciones por Cándido? Dime un nombre de un diputado nuestro, uno solo, más disciplinado que don Cándido Conde-Pumpido.
-Si yo no dudo de su lealtad. Ni de su entusiasmo a la hora de mancharse la toga con el polvo del camino. Me temo que el problema precisamente es de exceso de entusiasmo.
-Nunca se me sirve con excesivo entusiasmo, Félix. Me estás empezando a cabrear…
-Cándido se ha encerrado en su despacho del tribunal. No sale ni de día ni de noche. Los otros seis magistrados progresistas me llaman cada dos horas, presas de angustia. Ya sabes que dependen del criterio de Cándido hasta para ir al baño. Están desorientadísimos. Se orinan encima. Alguno incluso amenaza con ponerse a estudiar Derecho.
-Pero ¿qué le ha dado a nuestro insigne jurista? ¿Se ha puesto en huelga de hambre contra Marchena o qué?
-Huelga a la japonesa, más bien. No para de trabajar. No pasa por casa, no se ducha, pide que le dejen una bandeja de Glovo en la puerta. Desde fuera solo se oye cómo golpea con furia el teclado del ordenador.
-Coño, pero eso es buenísimo. Estará preparando el auto para amnistiar la malversación de Carles cuando llegue el recurso contra la resolución del maldito Supremo.
-Es lo primero que pensé. Pero Laurita, que es la única con la que se confiesa, me ha contado la verdad: Cándido está derogando la Constitución. Asegura que es una obra fascista.
-Ah, pero eso ya lo pensábamos. Solo que disimulamos.
-Pero dice que se ha hartado de guardar las apariencias. Está absolviendo a los condenados por los GAL, por Filesa y por la revolución de Asturias. Ha redactado la abolición de la monarquía y el derecho al referéndum vinculante de Cataluña. Y tiene avanzada la reposición de la censura previa y la permuta del himno por una batucada. Todo perfectamente constitucional, promete, solo que desde un uso alternativo del derecho.
-Ay, este Cándido, haciendo honor a su nombre. Es como Pepe Félix: se me pasan de incondicionales. Tú déjalo en mis manos. Esta tarde le mando otro retrato dedicado y dos cajas de albariños. ¡Y no me llames más!