El marcador del TC. Alberto García Reyes

Las votaciones demuestran que el sanchismo también ha levantado su muro en las instituciones

La palabra de Feijóo

El pseudoescándalo de los ERE

Alberto García Reyes

ALBERTO GARCÍA REYES

03/07/2024 a las 19:31h.

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La amnistía andaluza se ha perpetrado con un descalzaperros jurídico. El marcador del Constitucional se ha quedado fijo en el siete a cuatro más aberrante de la historia de nuestra democracia porque este resultado perpetuo confirma que el muro sanchista también se ha levantado en el tribunal de los derechos fundamentales. A un lado los progresistas. Al otro, los conservadores. En medio quedamos atónitos los españoles que hemos pagado el desfalco. Perdón, que los ERE no existieron, como tampoco existió el golpe en Cataluña, ni el terrorismo. Desde Franco a nuestros días sólo han existido Franco, la Gürtel y la Kitchen. Nunca existió la ultraizquierda, sólo la ultraderecha. Para los que repudiamos el franquismo, la Gürtel, la Kitchen, el terrorismo, el golpe en Cataluña y el robo de los ERE, el sanchismo reparte parches de pirata. Prohibido mirar a la izquierda. La degradación democrática nos ha devastado lentamente. Y donde, como defiende el gran constitucionalista Pedro Cruz Villalón, sólo deberían estar los mejores, ahora tenemos jueces anillados. El siete a cuatro del Constitucional es la caída del imperio. Lo que está pasando en el caso ERE da pavor. Porque tres de los magistrados que han votado a favor de eliminar los delitos de prevaricación y malversación de los políticos condenados están pisando la raya de picadores. Podríamos apelar a la conciencia de cada uno y sería suficiente. Por ejemplo, el Supremo ha creado doctrina acerca de la apariencia de imparcialidad de los jueces en un proceso. La ponente de este asunto en el Constitucional, Inmaculada Montalbán, recibió la medalla de Andalucía de manos de uno de los condenados sobre los que tiene de pronunciarse, José Antonio Griñán. El Supremo ha insistido en diferentes autos acerca de las situaciones indiciarias de falta de imparcialidad porque, esto es literal, «lo que está en juego es la confianza que en una sociedad democrática los tribunales deben inspirar a los ciudadanos». ¿Es confiable una ponente así? Sorprende que nadie en la oposición haya solicitado estudiar el caso.

Pero además debemos analizar los procedimientos de abstención que marca la ley. Uno de los motivos de inhibición es «haber participado en la instrucción de la causa penal o haber resuelto el pleito o causa en anterior instancia». El presidente del TC, Cándido Conde-Pumpido, intervino en los ERE como fiscal general y posteriormente se apartó cuando tuvo que tratar el tema como magistrado del Supremo. ¿Por qué ha votado ahora? Vamos al tercer motivo: «Haber ocupado cargo público, desempeñado empleo o ejercido profesión con ocasión de los cuales haya participado directa o indirectamente en el asunto objeto del pleito o causa o en otro relacionado con el mismo». Juan Carlos Campo fue director general en la Junta de Andalucía con Manuel Chaves. Y también ha votado. Sin ellos tres, el resultado habría sido de empate a cuatro. Pero eso da igual cuando se ha quebrado la confianza en el sistema. Aunque en unos meses esto, como el golpe en Cataluña y los ERE, tampoco habrá ocurrido.

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