*Sin el apoyo del PSOE de Sánchez y de la izquierda española, el separatismo no duraría ni media hora.
*Especialmente frustrante resulta la actitud pro gubernamental, y por tanto pro separatista, de los líderes de opinion andaluces socialdemócratas, supuestamente moderados. Sólo se crispan un poco, no mucho, cuando se trata de defender a Andalucía frente a la singularidad fiscal catalana, lo que está bien, pero han sido muy tenues con la amnistía a los golpistas catalanes, medida que ataca a los pilares constitucionales de España.
*Ninguna persona instruida y crítica coincide al cien por cien con un partido. Los electores eligen siempre lo que consideran menos malo o al partido con el que se tiene más coincidencias. En muchos casos, como se suele decir, se vota con la nariz tapada. Los liberales por ejemplo, estamos huerfanos de representación. No hay un partido político en España que sea liberal de pleno. De Vox se han marchado la mayoría de ellos, especialmente el más notable, Espinosa de los Monteros. Queda únicamente, como independiente, el recién eurodiputado Juan Carlos Girauta, ex de Ciudadanos. En el PP sí hay figuras con mayor bagaje liberal, especialmente tres mujeres, Esperanza Aguirre, Cayetana Álvarez de Toledo e Isabel Ayuso. Antes fue Alejo Vidal-Quadras, una de las grandes figuras políticas lamentablemente desaprovechadas en España.
Aunque considero al socialismo perjudicial para la salud moral y económica de un país, no lo fue el PSOE de la Transición, que por cierto promovió ciertas políticas liberales, con el ministro Boyer. Los gobiernos de Felipe González y Alfonso Guerra contribuyeron a la estabilidad constitucional, promovieron el europeísmo y modernizaron el país. Fue el único periodo positivo de un socialismo, el español, que históricamente ha jugado más el papel del extremismo izquierdista y de la alianza con el separatismo. No es casualidad que esos líderes socialistas de entonces sean muy críticos hoy con el gobierno Frankenstein actual.
En realidad, más que a los plantemientos ideológicos de cada cual debe prevalecer en la acción política el patriotismo no partidista de impedir esta deriva disgregadora y erosionadora del sistema constitucional del 78 que este gobierno promociona.
*Si uno se preguntara por qué luchó el bando de Franco, la respuesta podría ser por la unidad de España, la propiedad, y la permanencia de la religión cristiana, aspectos que fueron preservados tras su victoria. El alto precio a pagar fue una férrea dictadura al principio, y posteriormente un régimen autoritario, singularmente en el aspecto político.
¿Por qué luchó el Frente Popular? Básicamente por la sovietización económica y por la disgregación de España. Al principio de la guerra civil, varias utopías, siempre de izquierdas, mantuvieron una lucha más o menos equilibrada entre sí, pero al final, el comunismo sometió duramente al resto: socialistas, anarquistas y republicanos jacobinos, herederos de la Revolución francesa.
A pesar del mito, se puede constatar que ninguno de los dos bandos de la guerra española luchó por la democracia. Pero como dice Clara Campoamor, en ambos hubo figuras liberales, como Unamuno, López de Ayala, Marañón, Pío Baroja, etc., en el bando franquista, y Juan Ramón Jiménez, que se manifestó en favor de una república burguesa inexistente, ya en manos de revolucionarias.
*Algunos autores consideran al bando frentepopulista como el bando legitimo al ser el heredero de la República del 31. Pero dicho sistema fue erosionado desde el principio por esos mismos grupos que lo trajeron, hasta perder su naturaleza original. Por un lado desde el gobierno, con leyes liberticidas contra la propiedad, la libertad religiosa y los derechos civilies (como la Ley de Defensa de la República de Azaña), y por otro desde la calle a través de la coacción y la violencia política. Por fin la destrucción total llegó, primero a partir de 1934 con la insurrección del PSOE y los separatistas catalanes, y después con el fraude coactivo de las elecciones del 36 y una primavera trágica cuajada de asesinatos polliticos consentidos por el gobierno del Frente Popular, que actuó con complicidad con los agresores de su cuerda y con sectarismo contra sus adversarios. Al final, los asesinos filosocialistas del lider de la oposición Calvo Sotelo, fuero protegidos por el gobierno.