Es la primavera vez que leo a Muñoz Molina, en un reciente artículo en El País, admitir responsabilidades entre las izquierdas en la desestabilización de la República ante la evidencia de los datos objetivos aportados por el libro «Fuego cruzado», de Del Rey y Álvarez Tardío, un estudio riguroso de la violencia política en la trágica primavera de 1936, sobre el que hace una pequeña reseña.
Se agradece, aunque según lo que se desprende de este estudio, esas responsabilidades no estuvieron repartidas entre izquierdas y derechas, como parece sugerir Muñoz Molina, sino que la izquierda estuvo al frente de forma abrumadora tanto del impulso de la inmensa mayoría de los episodios con derivaciones violentas, como de las víctimas ocasionadas.
Extraigo a continuación algunos párrafos del libro que así lo constata:
…El grueso de las acciones y movilizaciones con derivaciones violentas de aquella primavera fueron impulsadas, de forma abrumadora, por fuerzas de izquierda, el 78,7 por ciento…
«… Al igual que por el inicio de la acción violenta, el liderazgo de las izquierdas en términos de agresor principal durante la primavera de 1936 resulta incontestable, tanto si se mide en términos de episodios como si se mide en términos de víctimas acarreadas…»
En consecuencia, el libro demuestra que el grueso de las derechas fueron pasivas en el marco de la violencia de ese periodo, excepto por parte de grupos minoritarios:
“…esto dice mucho sobre el carácter generalmente pasivo o reactivo de su protagonismo en el marco de la violencia (se refiere a las derechas), con la consabida y relevante excepción de los falangistas…”
“…La derecha radical y los falangistas habían sido grupos minoritarios hasta entonces: insignificantes en el caso de los segundos antes de las elecciones de febrero…”
Asímismo, el estuddio no deja lugar a la duda cuando se refiere la parcialidad de los gobiernos de izquierdas a la hora de detener a las derechas y dejar hacer a las izquierdas:
“Los gobiernos de la primavera se emplearon a fondo contra los falangistas y permitieron que algunos gobernadores dejaran hacer a los alcaldes del Frente Popular cuando estos detenían y acosaban a los prohombres locales de la derecha. Pero, salvo en algunas provincias, no se atrevieron a coger el toro por los cuernos en lo referido a la violencia generadas por extremistas de la izquierda obrera….”