Y tú, Begoña. Salvador Sostres

Es difícil saber con qué o quién comparar la insólita condición humana de Sánchez

Salvador Sostres

SALVADOR SOSTRES

24/04/2024 a las 21:22h.

Uno que quiere irse se va. Uno que dice que ha de pensar si se va es que quiere llamar la atención, rearmarse y continuar. Una carta a la militancia no la escribe ni un principiante y Sánchez tiene mucha carretera. No está en su naturaleza rendirse. Es otro de sus trucos para tomar impulso con la supuesta fuerza del adversario.

No todo en él es frialdad y los ataques a su esposa le han afectado. Es lo único que no le ha resbalado desde que es presidente. Pero su respuesta no ha sido defenderla de la artillería de la derecha sino utilizarla de carnaza para remontar. Cuando pase el tiempo y Begoña reflexione sobre este momento de su vida, no podrá mirar a su marido si el miedo con el que le miran todos a los que ni obedecer del modo más servil les libró de acabar convertidos en salchichas. No hay nada a su alrededor que Sánchez esté dispuesto a no usar como munición si le hace falta. La tensión permanente es su alimento a costa del caos que todo lo vuelve ingobernable. El lunes aprovechará la tremenda expectación que su anuncio ha generado para relanzar su imagen acusando a la oposición de juego sucio y por supuesto de fascismo. Con lo que su partido, su Fiscalía y su Gobierno han hecho a la pareja de la presidenta Ayuso no es creíble ningún sentimiento de sincero dolor por su mujer. No quiere librarla de la trituradora. Quiere hacerse él con la máquina de triturar.

Es difícil saber con qué o quién comparar la insólita condición humana de Sánchez. Es letal su capacidad para cambiar el tema de la conversación. El personalismo con que se maneja volvió ayer a hacerse evidente y sus ministros no sabían nada. Cuando no tienes una mayoría estable para gobernar, controlar la incertidumbre y sembrar el pánico es la mejor manera de que si tú no puedes decidir lo que pasa, no lo puedan decidir tampoco tus rivales, a los que coges siempre con el pie cambiado. Son técnicas de destrucción psicológica que sólo habíamos visto en remotos tiranos de repúblicas bananeras en las que creíamos que nunca podríamos convertirnos. España no es una de esas repúblicas, pero no es ningún ideal democrático del que podamos presumir este vivir nuestro atados a un liderazgo que no tiene otro escrúpulo que el poder y la devastación moral de los que estorban. Y esto, Begoña, no estoy seguro de que puedas leerlo en tercera persona,

La habilidad de Sánchez para ganar siempre en el último suspiro, junto con una oposición que se conforma con insultarle desde la bancada de los segundones, harán que una vez más España tenga que contener la respiración pensando en lo que pasa por la cabeza de su presidente y sin poderlo adivinar. Habrá rumores, filtraciones, gente que asegurará tener más información que los demás, pero sólo Sánchez sabrá lo que de verdad quiere hacer y los que más miedo pasarán serán sus ministros y cargos, por si pierden una posición y un sueldo que por mediocridad no podrán tener en ningún otro ámbito profesional.

Y tú, Begoña, no sé a quién debes odiar más.

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