Lo que no funciona en la cama no lo arreglas comprando un bolso
La que de verdad importa
El vacío de la Reina

16/03/2024 a las 19:04h.
Mi abuela quería llegar a Ginebra la noche antes y sobre todo en verano le gustaba dar un paseo antes de acostarse. Muelle Wilson: o el Mont-Blanc si cenábamos en el Chat Botée del Beau Rivage. Junto al Léman de vida beata unos labios de carmín iluminaban la instantánea. A medida que nos acercábamos la pareja empezó a besarse en creciente pasión, ella lo abrazaba por el cuello y él una mano servía a cambiar de pecho y la otra se hundía entre la falda. Mi abuela no decía nada y cuando estuvimos muy cerca se paró y permaneció mirando. Pensé que iba a regañarlos por su descaro o que me iba a hacer a mí, pero para que ellos lo oyeran, algún comentario contra la exhibición en público de los afectos. Se quedó unos segundos más muy cerca con su mirada fijada en ellos. Era violento tan cerca. Pero los amantes del Léman continuaban con sus besos y ajenos al mundo y al fin volvimos a andar y me tomó del brazo y me dijo: «Esto, Salvador, esto es lo más bello».
Mi abuela creía en levantarse pronto y trabajar; en el sacrificio, en la calidad. Tuvo una vida amorosa desgraciada. Estuvo casada, tuvo amantes y algunos sus empleados; cuando se separó tuvo más amantes, el más duradero un capitán de la Marina, aunque su gran amor fue su empresa, competir, ganar. Así me educó y así he crecido. Todo me lo dio y me quiso mucho pero tenía mala leche al decir las cosas y le ofendía la fragilidad y para ella lo más inaceptable era que un hombre llorara. Un día cenábamos los dos solos en Jean Luc Figueras, me puse a llorar por un desamor y se fue indignada del restaurante. Tardó semanas en perdonarme. Sus trabajadores le tenían veneración y miedo. Yo trataba de destilar su genialidad para poderla aplicar a lo mío. Si le mostraba una herida ella creía que curarme era abrirla en canal y saltar sobre ella hasta que ya no me doliera. Luego paseando una noche de junio podía quedarse mirando a una joven pareja enamorada y notar el eco de la pasión adolescente muy adentro. Nunca encontró a un hombre con suficiente fuerza para aguantar el ímpetu de sus tirones y me parece que esta soledad es la que más le pesó, aunque nunca me lo dijo.
Lo más cerca que estuve de una confesión íntima de mi abuela fue junto al lago pintado de carmín, tú buscas demasiado a la madre de tus hijos y que guste a tu madre y me guste a mí. Era como si se enmendara a sí misma y usó entonces palabras que no solía usar: lo que no funciona en la cama no lo arreglas comprando un bolso y cuando quieras darte cuenta será demasiado tarde. Acabarás como yo, creyendo que trabajar es lo más importante. Acabarás escribiendo sobre lo que no has vivido y te pone triste y no quieres admitirlo. Los que se besaban lo tenían todo, ¿no los has visto?
—Pero luego esto se acaba y te rompes si tu vida no se basa en nada más.
—No eres nada si no te aman con tantos besos y tan apasionados.
No le hice caso. Y tenía razón, he acabado escribiendo un artículo sobre el Léman enamorado.