Un «comunista» llamado Antonio Martínez Ares. ABC de Sevilla

LA TAURINA DE ABC

El triunfador de las comparsas gaditanas criticó en la semifinal del concurso a la «España más fascista» de la fiesta nacional

Martínez Ares embiste

El comparsista Antonio Martínez Ares durante una de sus actuaciones en el concurso

El comparsista Antonio Martínez Ares durante una de sus actuaciones en el concurso ABC

Jesús Bayort

JESÚS BAYORT

Sevilla

12/02/2024 a las 08:04h.

La Semana Santa le huele «a fantasmas, a penitentes de raza y a militares a caballo» y la tauromaquia le recuerda a «la España más fascista». Mientras los carnavales gaditanos estén encabezados por personajes tan sectarios, irreverentes y distorsionadores como Antonio Martínez Ares, seremos muchos los que no tengamos más remedio que permanecer al margen de una fiesta tan arraigada en la cultura gaditana como los toros y las cofradías en la tradición de Andalucía. Si el año pasado le tocó a la Hermandad de la Macarena, este año han sido aficionados y profesionales taurinos los injuriados por este exitoso comparsista.

Un éxito sustentado en la ignorancia o, lo que sería peor, en la manipulación. «Que si no piensas lo mismo / eres un pobre ignorante / y un comunista», dice la letra de su pasodoble con un propósito tan populista como ultrajador. El director de esta casa, Alberto García Reyes, se encargó ayer de valorar técnicamente la calidad poética de la obra –escrita «con métrica descuadrada y rimas de guardería»–. Cree Martínez Ares, entre otros insostenibles argumentos, que lo que distancia a gente como él de los taurinos es la ideología política. Sepa este «comunista», que reconoce que el arte «fascista» de los toros no le entra en la cabeza, que tiene a su disposición la biblioteca de este periódico, donde encontrará, entre otros, tres libros con los que podría resolver su tormento: ‘Los toros desde la izquierda’, escrito por el ahora candidato socialista a lehendakari, Eneko Andueza (un ‘fascista’ de manual); ‘Historias del toreo que nunca te contaron‘, de Paco Aguado; y ‘El fin de la fiesta’, de Rubén Amón.

Descubrirá en ellos que Miguel Hernández, muerto en una cárcel a la que no había accedido precisamente por sus ideas franquistas, nunca vivió de la poesía, sino de los cuarenta duros mensuales que le asignaba José María de Cossío como redactor del gran tratado de los toros. Si sabrá Martínez Ares que cada hombre manda en su hambre; él subsiste mediante la exaltación del agravio y el poeta de Orihuela lo hacía con la «angustia de escribir biografías de toreros sin importancia…». Se sorprenderá al conocer que la monumental de Las Ventas se inauguró dos años antes de lo previsto, con su esqueleto y accesos viales sin terminar, por petición del por entonces alcalde de Madrid, el republicano Pedro Rico, «para remediar la crisis motivada por el paro obrero».

El proletariado es a la tauromaquia lo que la intolerancia a Martínez Ares: su razón de ser. No encontrará este tramposo poeta nada más democrático que una plaza de toros, donde independientemente del tendido que se ocupe se recibe el mismo derecho al sufragio. Un pañuelo, un voto. Aunque sí encuentra por el río revuelto de la coyuntura social su ganancia como pescador. En tiempos de polarización, de fachosfera y sanchosfera, es cuando mejor se desenvuelven burdos adoctrinadores como Martínez Ares. Lo dice claro: «fascista» o «comunista».

Que por no leer no lee ni la hemeroteca de Mundo Obrero, medio oficial de la ideología a la que cree representar. En ella encontrará a uno de sus arquetipos de la honorabilidad humana, Ernesto (Che) Guevara, en la barrera de Las Ventas. O a Santiago Carrillo saliendo sobre los hombros «de algunos toreros militantes» en un festival organizado por las fiestas del PCE en la Casa de Campo de Madrid. O la anécdota de Luis Miguel Dominguín, cuando en presencia de Franco le preguntó el ministro Martín Alonso que cuál de los hermanos era el comunista. «Los tres, mi general», respondió. O que el mayor de esta saga de toreros tenía en su casa de la calle Ferraz un refugio de comunistas durante el exilio interior, donde además se imprimían panfletos para la convocatoria de huelgas.

Coincide cuando dice que en el espectáculo «sólo hay un animal / y es asesino» con el jefe de las SS, Keinrich Himmler, que abandonó entre vómitos una corrida en Las Ventas porque era «un espectáculo indigno para los animales y tremendamente cruel». Los toros, ¿fascismo o comunismo?

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