El mayor error de Feijoo sería dejar pasar las semanas, los meses, y aguardar a que Sánchez acabe con Sánchez


Actualizado Sábado, 24 febrero 2024 – 00:11
Empieza a sucederle a uno lo que al protagonista de La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco. Es un relato hilarante de Max Aub. Ignacio Jurado, mozo de café en la ciudad de Méjico, lleva una vida tranquila. Su trabajo le gusta, y la parroquia es discreta y educada. El café permanece la mayor parte de la jornada vacío. Un día aquello se le llena de gentes vociferantes, que se pasan la vida allí, desde que abre hasta la medianoche. Son los exiliados socialistas, anarquistas, comunistas de la guerra civil española. Discuten a voces y se echan unos a otros la culpa de la derrota. Ignacio Jurado comprende que el problema es un tal Franco. Les pregunta si, eliminado ese sujeto, todos regresarían a España y el café recuperaría su parsimonia. Le responden que sí, sin la menor duda. ¿El estorbo? Ninguno de ellos está dispuesto a liquidarlo, la empresa les parece quimérica y expuesta.
Ni corto ni perezoso, el mozo junta sus ahorros, desembarca en Madrid y acaba de un bombazo con la vida del general. Aprovecha luego para darse una vueltecita por Europa y dar tiempo a los exiliados a regresar. Cuando lo hace él, se encuentra su viejo café abarrotado de gentes que discuten a voces, culpándose unos a otros de lo sucedido: aquello se le ha llenado de falangistas, monárquicos y requetés.
Algunos amigos y seres queridos me han hecho saber que igual podría variar el tema de estos artículos tan insistidos. Cuánta razón llevan. Es uno el primero que está deseando dejar de hablar de política para ocuparse de su vida anterior, quiero decir interior, tranquila y apacible como la de Ignacio Jurado en Méjico; vida de literato, que decía Cansinos; vida de plumífero, que decía Ferlosio; vida de un hombre humilde y errante, que decía Baroja. Los maestros.
Muchos de aquellos a quienes preocupa mi actual bienestar literario y espiritual votaron en su día a Sánchez y a sus socios comunistas, quienes a su vez no serían nada sin su banda de nacionalistas, separatistas y ex terroristas, en cuyas filas figuran asesinos, delincuentes convictos y prófugos en busca y captura.
Hoy no pocos de quienes los apoyaron están abochornados, y la ambición personal de Sánchez resulta tan desaforada y manifiesta, que esas almas bellas se consideran víctimas de su locura. Saben de sobra que es un político mentiroso y corrupto. Lo admiten. Pero cuando se les pide que ayuden a desalojarlo del poder y arreglar un problema que ellos han contribuido a crear, se excusan. Ah, no. Cualquier cosa antes que gobierne la derecha.
Además, añaden, han terminado asqueados de la política, todos los políticos son iguales. De modo que aquí le tienen a uno escribiendo cada semana, ni corto ni perezoso, de ese tipo. ¿De quién, si no? Como Jurado, también he hecho mis cálculos. Cuanto antes lo echemos, antes recobrará uno la libertad y su añorada e idílica vida anterior, digo interior…
Ese momento está cada día más próximo, me digo no sé con cuánto fundamento. No solo van a ensoñar los delincuentes. No se deberá a estos artículos, desde luego, ni a ninguno de los que se escriben a diario (tan buenos muchos). Con Sánchez acabará sólo Sánchez. A menos que…
Haría mal el Pp en contemplar tranquilamente, desde los acantilados, el naufragio del Psoe y del Gobierno. Ha empezado, cómo no, en las costas gallegas. Comprende uno que el espectáculo de un hundimiento como ese en cinemascope tiene algo de hipnótico y si, como en este caso, se añaden ribetes cutre-esperpénticos de la pareja Ábalos-Koldo, nadie quiere levantarse de la butaca hasta que acabe la función. Dormitar, incluso, viéndola. Y sin embargo sabemos que Sánchez no se resignará a hacer mutis por el foro. Ese es de los que morirá no como Hércules, sino como Sansón: «Muera Sansón y cuantos con él son». Quiero decir, arrastrando a este país, si se le deja, al fondo del océano. Con las peores artes. Anteayer mismo. Al conocerse la monumental corrupción de su Gobierno con las mascarillas recurrió una vez más a la mentira y la calumnia, y Ayuso hubo de recordarle que su hermano ya había sido investigado y su caso desestimado, y que le gusta la fruta. Cómo no le va a gustar la fruta.
El mayor acierto político de Ayuso fue adelantarse unos minutos a la celada que le habían tendido, y convocar elecciones. El mayor error de Feijoo sería dejar pasar las semanas, los meses, y aguardar a que Sánchez acabe (con la inestimable colaboración de sus socios, esos que le están lanzando contra los cantiles de la Constitución, por seguir con el símil), aguardar a que Sánchez, decía, acabe con Sánchez.
Feijoo ha salido airoso de las elecciones gallegas, tanto como asfixiado Sánchez. Es tiempo, pues, de adelantarse y contarnos, ya sin el susto que tuvo, qué quiso decir en aquellas confidencias off the record (para saber, mayormente, si ha de acudir uno o no cuando nos convoque a manifestarnos contra la amnistía), y cómo hará cumplir en Cataluña las leyes, cuando gobierne, y restablecer en el País Vasco la igualdad entre los españoles. Adelantarse a Sánchez, decir cómo será en España la vida sin él. Querría saberlo por egoísmo, por calcular cuándo más o menos podrá uno desentenderse del ruido, o si nos va a tocar seguir escribiendo artículos de Feijoo como hemos de seguir haciéndolo de Sánchez. Este deber que intenta uno cumplir del mejor humor posible, releyendo hoy a Max Aub, por ejemplo.