** Pedro Sánchez tuvo muy fácil evitar que el PP se aliara con Vox y no echarse en manos, como prometió, de los comunistas, Bildu y los golpistas catalanes: podría haber pactado con Feijóo un gobierno de centro. Pero no. Él tenía un plan, por el que fue expulsado de la Secretaría General socialista, de agrupar el independentismo y la izquierda en pos del rupturismo del consenso constitucional: el plan Frankenstein, según lo denomminó el propio Rubalcaba.
**Entre todos los partidos separatistas, Junts, ERC, Bildu, PNV y BNG suman 1,6 millones de votos. Casi la mitad de Vox que tiene 3 millones. El PP tiene 8. Por cierto el PP obtuvo má votos en Cataluña que el partido del prófugo. Pues bien, todos estos van a decidir el futuro de 48 millones de habitantes. Urge cambiar la Ley Electoral, una breva que no caerá mientras el PSOE esté en manos del auténtico jefe de esta conjunción tramposa, ultraintervencionista y disgregadora.
** Los opinadores mediáticos progubernamentales, que nunca pidieron la amnistía ni el pacto con Bildu, pero que ahora lo justifican todo o le quitan importancia a la situación, consiguen que se hable cada día de temas menores o no decisivos, como de la frasecita de «fregar escaleras», la gordofobia (de todas las fobias que inventa la izquierda cuqui menos de la cristianofobia), la piñata o los pellets, antes que del verdadero problema de España: el PSOE y su alejamiento del centro. Primero fue con Zapatero, que intentó expulsar del juego político al PP con los pactos del Tinell y polarizar a España con una Ley que ocultaba el pasado totalitario de la izquierda y deslegitimaba a la derecha. Y ahora con Sánchez, que está levantando un muro contra la oposición, va a amnistiar a unos políticos golpistas y está entregando parcelas de poder a los filoetarras no arrepentidos, a cambio de los votos que necesita para seguir en el poder.
** A pesar de lo dicho con anterioridad, soy optimista: aunque hoy no lo parezca, creo que España es una vieja y fuerte nación que contiene una Judicatura, una jefatura del Estado, unas Fuerzas Armadas y un pueblo, que están dispuestos a defender la Constitución, y por tanto a no entregar la soberanía nacional.