Las guerras de independencia iberoamericanas / El odio antiespañol promovido por los líderes criollos / La demagogia indigenista / En Cádiz, estatuas para libertadores pero no para liberales españoles RZP

** Volvemos hoy sobre los líderes independentistas iberoamericanos que tienen estatua en Cádiz, Miranda, Bolívar y San Martín, y sobre el contexto histórico en el que se desenvolvieron. Sólo el extendido autodesprecio por nuestra historia explica la existencia de estos monumentos

** Si uno pasa por la plaza Arguelles, lugar donde vivió este magnífico orador liberal, uno de los principales padres de la constitución de 1812, se dará cuenta de que la estatua que allí está levantada no es la del «Divino», ¡sino la de Miranda, el enemigo de España! Levanten una estatua de Agustín Arguelles en su plaza, por favor.

** Tras siglos de estabilidad en el continente, las guerras de independencia empezaron cuando España sufría el desorden del acoso napoleónico. Las primeras revueltas fracasaron. Fue a partir de 1819 cuando la guerra empezó a ser favorable a los libertadores en gran parte gracias al pronunciamiento de Riego, que evitó que 20.000 soldados españoles pudiesen ser enviados a América. Al final se consumó la derrota española. Es posible que de todas maneras la independencia de los países iberoamericanos hubiese llegado, pero quizás de forma pactada, sin haber dejado el rastro de demagogia y odio antiespañol que propiciaron estos líderes estatuados, y que ha sobrevivido hasta nuestros días.

** En Venezuela, tras la derrota de la intentona rebelde, Bolívar entregó a Miranda a los españoles, el cual fue llevado a la prisión de La Carraca de San Fernando, donde murió. Bolívar propició el odio a España a través de sus palabras y hechos, llamando a destruir “la raza maldita de los españoles” y acusándola de ser “inhumana, decrépita y la mayor tiranía conocida”, entre otras lindezas.  También de “aniquilar al Nuevo Mundo y hacer desaparecer a sus habitantes para que no quede ningún vestigio de civilización y Europa encuentre aquí un desierto”, algo que no tiene base real si tenemos en cuenta la introducción en aquellas tierras de la imprenta, la creación de universidades y ciudades, la extensión del comercio, la moderación de los gobiernos metropolitanos y la creación de riqueza, superior en ese momento a la de EEUU.

** Así como la llamada conquista española de América fue en realidad una suerte de guerra civil entre indígenas conducida con éxito por la minoría española en su favor, la guerra de independencia americana fue una especie de guerra civil entre blancos, unos a favor de España y otros contra ella. Estos últimos, como Miranda, Bolívar, Santander, San Martín, O´Higgins, Sucre, etc., fueron en su mayoría criollos pertenecientes a la minoría acomodada hispanoamericana, gente cultivada, afrancesada y que se sentía superior a la masa de población mestiza, mulata, india o negra.

** Los criollos impusieron un demagógico discurso indigenista que aún continúa en amplios medios a ambos lados del océano. Paradójicamente los negros e indios fueron en su mayoría o pasivos o partidarios de España, por lo que a veces sufrieron matanzas despiadadas. Bolívar se significó en ese sentido.

** Los aspectos positivos de las independencias iberoamericanas, como fueron la extensión de las ideas democráticas o la abolición de la esclavitud quedaron oscurecidos por la extensión del odio y la violencia, y por el fin de los gobiernos moderados implantados por España. Las colonias sufrieron graves convulsiones políticas y sociales, lo que también ocurrió en la antigua metrópolis, España. El predominio del relato histórico autodenigratorio fue similar tanto en España como en las nuevas Repúblicas.

** En mi carta a los Reyes del otro día proponía, con intención humorística, fundir las estatuas de estos próceres en Cádiz y reconvertirlas en los liberales más señalados del siglo XIX. Hoy, hablando ya en serio, creo que no se debe caer en la actitud de los talibanes o de nuestro frente popular II, de destruir monumentos históricos. Podrían ser regaladas a los países de origen. O ponerlas en la Zona Franca. En Sevilla al menos están un poco apartadas, en el paseo que bordea el rio.

** Me mantengo en la propuesta de llenar Cádiz con las estatuas de los principales liberales del siglo XIX: los de las Cortes de Cádiz, Arguelles, Muñoz Torrero, Conde de Toreno, etc.; y otros posteriores muy significativos, oriundos de la ciudad, como Alcalá Galiano, Mendizábal o Istúriz.

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