España es un Estado de naciones. El nacionalismo vasco ha matado, herido, atemorizado y desterrado a decenas de miles de personas en España. Y el catalán trató de dar un golpe de Estado. Pero su prestigio sigue intacto. Arcadi Espada

Actualizado Miércoles, 6 diciembre 2023 – 23:59

El nacionalismo vasco ha matado, herido, atemorizado y desterrado a decenas de miles de personas en España. Y el catalán trató de dar un golpe de Estado. Pero su prestigio sigue intacto

El ex presidente catalán Carles Puigdemont.
El ex presidente catalán Carles Puigdemont.RONALD WITTEKEFE

La ilusión de muchos analistas, incluida Lucía Méndez, que escribió ayer la crónica titulada De la apasionada lealtad de Pujol a la deslealtad de Puigdemontes que hace 45 años el nacionalismo catalán era otro. Pero hasta la crónica citada trae pruebas de lo contrario, y a través -nada menos- que de Miquel Roca, que ya hablaba de España como «nación de naciones» y en consecuencia del Estado «plurinacional». La novedad contemporánea es que ya casi todos los socialistas digan lo mismo. Y no solo los socialistas: el hoy responsable de la política autonómica del Pp, Elías Bendodo, dijo hace poco meses en el periódico: «Yo creo que, efectivamente, España es un Estado plurinacional», una frase donde lo más inquietante, y acaso lo más veraz, era el adverbio.

Tanto Pujol como Roca se guardaron de pronunciar una sola palabra contraria al Proceso durante sus largos años de gestación y de desarrollo. Solo muy al final, Roca dedicó algún párrafo de sus melifluos artículos en La Vanguardia a advertir que prendrerem mal, cuando ya todo el mal estaba hecho. Fue lamentable ver a dos adultos alfabetizados, a dos hombres de Estado, según les llamaban, otorgando su nihil obstat al Proceso con su silencio. Pero en absoluto fue incoherente. No hay Estado plurinacional en que no sea legítimo que una de sus naciones constituyentes decida ejercer el derecho a la autodeterminación. Una nación cultural solo es un ente avizorando el momento de hacerse nación política.

La satisfacción del nacionalismo catalán ante la Constitución de 1978 era lógica y no se basaba tanto en lo que la Constitución les permitía como en lo que no les prohibía: si en el franquismo Pujol había trabajado por la nación cultural (fer país) a partir de entonces iba a hacerlo por la política (fer nació). El éxito ha sido absoluto. No hay lugar en que la palabra nacionalista tenga el prestigio que tiene en España. El nacionalismo vasco ha matado, herido, atemorizado y desterrado a decenas de miles de personas en España. Y el catalán trató de dar un golpe de Estado, saldado con la quiebra civil y la decadencia. Pero el prestigio del nacionalismo sigue insólitamente intacto.

A menudo, ¡y desde el constitucionalismo!, se culpa a la Constitución de la deriva nacionalista. Una puerilidad. La Constitución trazó las líneas, dictó las reglas y puso a los equipos a jugar. Pero los españoles no comparecieron.

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