A favor del pueblo judío y del Estado de Israel. Fernando Iwasaki

Lo mejor para Palestina sería tener una democracia como la de Israel y no un Estado fallido como Libia y Afganistán o un régimen teocrático y autoritario como Irán

Fernando Iwasaki

FERNANDO IWASAKI

13/10/2023 a las 22:18h.

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La cloaca sectaria en la que vivimos sumergidos me insta a explicar lo obvio, aunque la pedagogía nunca esté de más: judío no es sinónimo de ciudadano de Israel; el Estado no es lo mismo que el Gobierno y estar a favor del pueblo judío y del Estado de Israel, no significa estar en contra ni del pueblo palestino ni del Estado Palestino. Siempre estaré en contra de la crueldad, el terrorismo y la limpieza étnica, tanto si la perpetran Hamás como el Likud. Precisado lo obvio, procedo a exponer por qué estoy a favor del pueblo judío y del Estado de Israel.

Atacados y perseguidos durante milenios, los judíos nunca dejaron de ser un pueblo lector y fascinado por la creación artística, científica y humanista. Si la ética protestante forjó el espíritu del capitalismo —como dilucidó Weber—, la dimensión intelectual de la espiritualidad judía ha sido la base de las grandes revoluciones de la ciencia y el pensamiento de Occidente. Pienso en Marx y Freud, en Einstein y Levi-Strauss, en Isaiah Berlin y George Steiner. La lista sería tan larga como las nacionalidades de sus exponentes, porque milenios de persecución diseminaron a los judíos por todo el planeta, enriqueciendo el acervo cultural de los países que los acogieron. ¿Cómo no admirar al pueblo judío?

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Por otro lado, cuando una resolución de la ONU creó el Estado de Israel tras la descolonización británica y el Holocausto de la II Guerra Mundial, el pueblo judío pudo recuperar unos territorios de los que fue expulsado por el Imperio Romano y donde algunos judíos irreductibles permanecieron durante los siglos de ocupación otomana. Los palestinos también tuvieron la oportunidad de nacer como Estado soberano en 1947, pero fueron utilizados como carne de cañón por otros países árabes, más interesados en azuzarlos contra Israel que en procurar su desarrollo y seguridad. Israel no sólo ha derrotado a sus enemigos en el campo de batalla, sino también al desierto, la adversidad climática y la pobreza de su territorio. En Israel existe una democracia ejemplar, un sólido estado del bienestar y un sistema educativo extraordinario con dos universidades entre las cien primeras del mundo. Nada de eso lo debe al dinero de sus aliados, aunque me gustaría puntualizar que nadie tiene más dinero (y petróleo) que los aliados de Hamás y Hizbolá. Estoy a favor del Estado de Israel, porque con menos riquezas y más adversidades, ha hecho prosperar a sus ciudadanos mejor que España y el Perú.

Por desgracia, Israel no se ha librado del extremismo populista y así —desde el asesinato del laborista Isaac Rabin— el Likud de Netanyahu ha llevado a cabo una política represora que ha favorecido el auge de Hamás a costa de erosionar el poder de la Autoridad Palestina. Mis críticas contra los gobiernos del Likud están en las hemerotecas, pero eso no me nubla la razón: lo mejor que le puede pasar a Palestina es tener una democracia como la de Israel y no un régimen como los de esos aliados que han convertido a Palestina en arma arrojadiza.

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