Reflexiones sobre el concepto de “compás”.
Tener o no tener compás es un concepto que explica mucho. Los gitanos dicen que tener compás es algo que traspasa el flamenco, es una cualidad que implica medida, armonía.
Pive Amador pone ejemplos con gracia y dice que tener compás es caerse al suelo sin lastimarse, y no tenerlo es ir de visita a la hora de la siesta.
Según los flamencos, esta cualidad se tiene o no se tiene, en general. Yo no estoy de acuerdo. Yo creo que se puede tener armonía para algunas cosas y para otras ser un mamarracho. El Quijote estaba muy bien estructurado para discurrir en las cosas de la vida, pero disparataba si le tocabas el asunto de la caballería andante. Yo por ejemplo soy un desastre para el bricolaje o para cualquier otra cosa manual excepto para la cocina o para hacer trucos, habilidad que me enseñó un amigo de la infancia de la calle La Palma que era puro Cádiz. Sin embargo, tengo compás para los idiomas (o tenía).
Tener compás político es remar a favor de lo que el país necesita, no tenerlo es ser un patoso, o lo que es peor y frecuente, estar en un sitio contraproducente; veamos algunos ejemplos.
En el 74 era urgente alcanzar la democracia en España. El PC era el único partido de oposición al régimen, organizado en toda España, que estaba por la reconciliación democrática. Más tarde, la UCD proyectó la reforma que se necesitaba para pasar de la Ley a la Ley (menos mal que no ganamos nosotros y se hizo la Reforma). Tener compás político entonces era estar en el PC o luego en UCD, y no tenerlo era estar en el andalucismo o en el PT. El PSOE fue un invento electoral que al final funcionó con Felipe, y una oficina de colocación para muchos que hoy se precian de honestos, y que no habrían hecho carrera por sí mismos.
No tener medida en el pasado fue votar no a la OTAN y sobre todo votar a Zapatero en 2004. Si encima eres uno de los que asaltaban las sedes del PP o vociferaban a sus candidatos eres algo más que un patoso desestructurado políticamente: eres la jauría seudofeminista que ha salido estos días contra el corrupto y patán de Rubiales, el amigo de Sánchez hasta que se produjo el pico (peor fue el auto-tocamiento o los millones que birló).
Para estar mínimamente concertado en política no se puede estar de acuerdo con la socialdemocracia de González y Guerra, y al mismo tiempo, apoyar a Zapatero y Sánchez. O una cosa, o la otra. Si estás con ambas o eres mentalmente de una secta o vives de la secta o tienes el compás de uno de Oklahoma.
En los últimos años necesitamos más España, más patriotismo, más unidad nacional, más libertad individual, más separación de poderes, más disciplina, más esfuerzo…. y menos igualitarismo, menos defensa de identidades, menos estado, menos anticapitalismo, menos derechos que pagan otros y menos España federal.
Tener compás político ahora es estar contra Sánchez, contra el supremacismo separatista y contra las variantes del comunismo y socialismo anticapitalista hoy solapados en el falso feminismo, el fanatismo climático, el animalismo y en todas las variantes de lo público, un sistema obligatorio basado en altos impuestos y servicios espantosos.
Tener compás es que te repela el falso feminismo actual que se manifiesta de forma impositivamente unánime contra un beso consentido, que culpabiliza al colectivo “hombre”, pero que cuando hay un canalla violador lo suelta o le quita pena. Esto no es un error, está en la línea “progresista” de siempre que piensa que hay delincuentes porque la sociedad es injusta, y que culpa o redime no según la responsabilidad individual, sino según el colectivo al que se pertenece. Malos: patriota, blanco, hombre, empresario, taurino, etc. Buenos: mujer, negro, islámico, etc.
Puede ser una ilusión para un no creyente, pero el Nazareno por Jabonería tiene magia. No la tiene manifestarse por la reforma agraria, contra el capitalismo o a favor d lo público, que son otras formas de ilusión más dañinas porque prometen la redención en la tierra sin posibilidad de estar en desacuerdo.
Ir a la manifestación contra la base americana de Rota es desde hace más de 40 años, no sólo no tener compás sino acudir a un espectáculo deprimente, hijo del mundo rural y cateto.