BREVE CRÓNICA PERSONAL DE UNA ÉPOCA POLÍTICA (1970-2023) I La soledad de escribir a contracorriente. II Los 70 y el PC RZP

I La soledad de escribir a contracorriente

Félix Ovejero ha escrito recientemente acerca de la inevitable soledad de los que opinan libremente. Puede que sea una reflexión en general, pero creo que vale sobre todo para los que opinan a contracorriente y sin el cobijo de ningún grupo de poder o institución que los abrigue. Algo sé de eso, aunque nunca perdí la sonrisa.

Cuando era joven, en los 70, el franquismo gobernaba las instituciones y yo militaba en la izquierda clandestina. No éramos muchos, a pesar de que hoy todos dicen haber corrido delante de los grises. A partir del final de esa década, la red franquista fue sustituida por una nueva nomenclatura del PSOE y sus socios que dominó y domina mi mundo: el de la cultura y la enseñanza. Conocía a toda esa red generacional, pero decidí permanecer al margen de esa órbita tan lucrativa para tantos. Ocurrió una vez que conocí los venenosos entresijos de la política, tras un breve paso de dos años por la gerencia de la Fundación de Cultura, en el Ayuntamiento de ese gran alcalde y persona, Carlos Díaz.

En realidad nunca tuve vocación de político, ni de intelectual orgánico o perceptor de rentas estatales al servicio, más o menos tácito, de una organización política… Mi profesión de profesor me llenaba. Buscaba comprender la realidad, la política de calado, si es que ello es posible, y explicarme el mundo y la Historia mediante el ejercicio intelectual limpio, sin necesidad de escribir teniendo en la cabeza agradar a alguna persona o institución.

II Los años 70 y el PC

En la primera mitad de los 70 milité en el PC gaditano. Hacía falta con urgencia un cambio hacia la democracia en España y el PC era el único partido de oposición verdaderamente de masas y bien organizado que tenía una presencia activa en todo el país, aunque para ser justos, en Cádiz también fue activo el PSOE a partir del 74. Antes había conocido a gente de otros partidos comunistas minoritarios. En Cádiz había mucho PT, ORT, MC, FRAP, LCR, y otros grupos, casi siempre con militantes procedentes del ámbito rural… Más gaditano era OMLE, grupo radical implantado en los barrios, en Astilleros e incluso en el mundo de la cultura. Pasé mucho miedo en plena mili tras algunos encuentros con algunos de sus militantes que fueron detenidos entonces.

Hoy suena mal decir que fuí comunista, porque de hecho el comunismo es la más totalitaria y criminal ideología de la Historia junto al nazismo, pero entonces el PC que conocí estaba formado por universitarios con gran avidez democrática y tenía un gran prestigio intelectual, una especie de jesuitas del mundo político: era «el Partido», como los jesuitas eran «la Compañía». Además el PC español había evolucionado y practicaba, junto al PC italiano, una especie de socialdemocracia radical, el “eurocomunismo” (nos tildaban de “revisionistas”), que luego resultó ser uno de los disfraces que utilizó el comunismo para disimular que lo es, dado lo ruinoso y criminal de su historia.

Aquella época la recuerdo como de mucho aprendizaje, mucha aventura, y la sensación de estar haciendo algo importante e histórico. Más tarde comprendí que por fortuna la democracia fue obra más bien de la reforma proyectada por franquistas como Torcuato Fernández Miranda y Adolfo Suarez, patrocinados por el rey Juan Carlos, y no de la ruptura que preconizaba la izquierda (empleábamos la frase «menos mal que no ganaron los nuestros»). Eso sí, mucho antes de ir a Praga o a Berlín oriental ya me empecé a dar cuenta de lo que era el comunismo y militar en un partido comunista, aunque cabe reseñar que todos los partidos españoles son y han sido leninistas a su modo. Fue con ocasión de haber votado en una asamblea universitaria en contra de lo ordenado por el responsable de facultad, A.A., gran persona por otra parte, pero muy imbuido de la cultura bolchevique. Aquello te costó que la organización de Letras del Partido en pleno decidiera bajarte a la “puta base” junto a mi amigo F., que también había tenido la osadía de abstenerse en aquella votación.

El problema no fue que nos echaran de la dirección de la Universidad, y en mi caso creo que también del comité local y provincial, sino la pretensión, muy comunista, de que hicieramos “autocrítica”, es decir, que nos auto culpáramos catárticamente ante todos los “camaradas”. En fin, una especie de auto de fe o mini purga estalinista. Naturalmente los dos nos ratificamos en nuestra posición. A partir de ahí, ambos, ya algo desencantados, emprendimoa viaje a París en auto stop en el verano del 1976, cuando por fin la prensa de Cádiz sacó a la luz un acto de la oposición, el recordado del Colegio San Felipe Neri, donde no estuvieron todos los que eran ni eran todos los que estuvieron.

En el año 1977, la dirección del PCE decidió aceptar la monarquía y la bandera de España con el argumento de que lo importante era la democracia y no la forma de estado o la simbología que la representara. De esta manera, la Transición pudo llevarse a cabo con la incorporación de la izquierda de mayor presencia antifranquista. Yo estuve de acuerdo y defendí esa posición en una asamblea magna de estudiantes del Partido, en la entrañable casa de la calle Santo Cristo de Cádiz, la misma donde por cierto nos reunimos el comité universitario la mañana de la muerte de Franco. Sin embargo, prácticamente la inmensa mayoría de la militancia votó en contra y a favor de mantener la ruptura democrática y la bandera republicana.

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