Cataluña, vanguardia de la idiocia pedagogista. Arcadi Espada

Actualizado Jueves, 29 junio 2023 – 11:17

Anna Simó, consellera de Educación de Cataluña.
Anna Simó, consellera de Educación de Cataluña.Quique GarcíaEFE

¡Cuántos ejemplos diarios de la aseveración de Chomsky: ‘Busca la verdad en el último párrafo de las crónicas’! El periódico dedicó ayer un amplio reportaje al fracaso escolar catalán. Destacaba la entrevista de Víctor Mondelo con el primer niño cuya familia reclamó un cuarto de castellano en la escuela. Que, por cierto, hecho ya un hombre sigue escondiendo su cara. El relato de las humillaciones sufridas bastaría para avergonzar a cualquier catalán. A mí mismo, si no fuera porque ya me quité. La raíz de la irredimible vergüenza es que las humillaciones fueron obra de cualquier paisano, pero cumpliendo instrucciones del poder. Solo en una comunidad corroída por la miseria nacionalista la autoridad no persigue o censura las conductas inmorales de algunos de sus ciudadanos contra otros, sino que las alienta. De ahí que Cataluña, lejos de ser una nación, no pase de feudo. El reportaje incluía unas informaciones de Olga R. Sanmartín sobre el hecho de que los escolares de Cataluña sean, según el acreditado informe Pirls, los que peor lean de España. Es fama que en la raíz de este y otros fracasos escolares en Cataluña está el sistema de inmersión lingüística. No tengo ninguna prueba de ello y conozco lo publicado, incluido el famoso estudio «desagregador del factor pobreza», de Jorge Calero y Álvaro Choi. Estaría bueno que la inmersión en un acento (eso distingue a castellano y catalán) condujera al fracaso escolar. Y ante la posibilidad de que la inmersión actuara sobre una brecha algo más profunda que un acento -caso de niños de lengua materna francesa, rumana, árabe o rusa-, lo mismo sucedería con la inmersión en castellano.

El indicio más solvente de la textura real de las orejas del burro cuatribarrado está, justamente, en el último párrafo de la información, allí donde un Xavier Massó, del que no tengo el gusto, declara: «Detrás de estos resultados está la más radical aplicación de todos los principios pedagogistas. Es un despropósito, hay centros donde están prohibidas las tablas de multiplicar y los alumnos terminan Primaria sin haber hecho un solo examen». Ningún experto puede negar que Cataluña fue vanguardia también de la idiocia pedagogista. Una forma más de antifranquismo, y tan estéril y frívola como la mayoría de las de su clase. Como suele decirse ante un nuevo descubrimiento contra el cáncer, se trata de una prometedora línea de investigación que cualquier gobierno responsable seguiría para analizar la catástrofe educativa. Pero eso sería reconocer su veracidad. Los nacionalistas prefieren que los otros sigan insistiendo en el mito de la inmersión para así despachar el fracaso diciendo que los hechos son cosas de fascistas.

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