Votos, escaños y régimen parlamentario. Federico Jiménez Losantos

Actualizado Martes, 24 enero 2023

Contraponer una mayoría de votos a una mayoría de escaños acarrearía una lucha de legitimidades que desembocaría en acusaciones de golpe de Estado

Congreso de los Diputados.
Congreso de los Diputados.Juan Carlos HidalgoEFE

No entiendo que la insistente y, a mi juicio, absurda idea de Feijóo de que gobierne la lista más votada se haya presentado en el Oratorio de San Felipe Neri, cuna del parlamentarismo español, incluso en exceso.

Es como si en las Cortes se presentara la idea de contraponer, como hacen el Gobierno y sus cómplices, la soberanía popular y la soberanía nacional, justamente en la sede de la soberanía nacional. Es evidente que el propósito de Feijóo es que el PSOE le deje gobernar si saca más votos que Sánchez, pero el efecto sería desastroso para su partido y deslegitimador para la monarquía parlamentaria, nuestro régimen constitucional desde 1978.

En la práctica, la idea de Feijóo sustituiría las elecciones generales por plebiscitos presidenciales y haría inútiles los parlamentos en que se eligen poderes ejecutivos, municipales, autonómicos y nacionales a partir de los representantes salidos de las urnas.

Contraponer una mayoría de votos a una mayoría de escaños acarrearía una lucha de legitimidades que desembocaría en acusaciones de golpe de Estado, y Feijóo saldría perdedor.

Si su ocurrencia personal y personalista se implantara, el PP perdería buena parte del poder territorial, porque si renuncia a sumar los votos de Vox, que es el fin último de ese disparate, se negaría la legitimidad de una mayoría de españoles que elegirán entre dos opciones paralelas para acabar con Sánchez.

Otra cosa sería cambiar la Ley Electoral, acabando con la prima que la Ley D’Hondt adjudica a unos distritos y que beneficia a los separatistas. Eso sí es lógico y urgente, y aunque no lo apoye la izquierda en el poder tendría un gran eco en la opinión pública, que entiende, con razón, que el régimen electoral español actual parece hecho a medida de los enemigos de España.

Si no se pueden sumar escaños, ¿para qué queremos parlamentos? ¿Y en qué legitimidad se basaría ese sistema, abocado al guerracivilismo, si lo que hemos votado los españoles es una Constitución que establece que el tipo de representación es la parlamentaria, vigente desde 1977? Ni Ayuso ni Moreno Bonilla hubieran llegado nunca al poder de ese modo.

En fin, un disparate. Y en el primer parlamento, el de Cádiz, una afrenta histórica.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies