Cristina Pedroche, la Nadiuska del siglo XXI. Edurne Uriarte

Tanto alertar sobre el sexismo, para acabar celebrando esta vuelta a lo más rancio de los setenta. Y todo porque Pedroche es una Nadiuska de izquierdas

07/01/2023 Actualizada 01:2925FacebookTwitterWhatsappEnviar por Email

Como politóloga y periodista, me he resistido siempre a aceptar la idea de que es necesario vivir una situación para poder analizarla mejor. Como también he rechazado el reverso de esa idea, que vivir una situación te nubla la capacidad de análisis. Un argumento este último que fue muy utilizado, por ejemplo, para criticar y rechazar a los vascos que nos implicamos en los movimientos sociales contra ETA.

Pero hay casos que obligan a considerar la influencia de estos factores, como es el silencio, o peor, el entusiasmo, una vez más ante la anual exhibición de machismo y vulgaridad de Cristina Pedroche. Con la mayor resistencia masculina, algunos hombres hasta te hablan de empoderamiento, a aceptar los perversos efectos culturales de vivir en 2023 lo mismo que en los setenta con Nadiuska, aquella chica que triunfó con el destape, exactamente igual que Pedroche. Ahora, como Nadiuska hace cincuenta años, Pedroche mantiene fuerte esa cultura que vincula la imagen de la mujer con la exhibición del cuerpo y la anulación del cerebro. Y ahora como entonces, esa cultura de la chica que muestra y el hombre que piensa influye negativamente en cómo son percibidas las mujeres en el mundo laboral. Lo hemos vivido muchas mujeres de mi generación en algunos campos como el periodístico y el intelectual, y me temo que lo van a seguir sufriendo las jóvenes de ahora.

Pero el éxito de esta Nadiuska del siglo XXI se explica por otros dos factores políticos. Desde la derecha, el miedo y la confusión con la noción de libertad ¿O es que prefiere usted lo de Irán? Te sueltan algunos en este tema. Que la chica haga destape donde y cuando le parezca, lo que es libertad, cierto, pero contrasta con la reacción que suscitaría, por ejemplo, un espectáculo navideño en una televisión de alta audiencia basado en humor sobre la vieja imagen de los negros en sociedades racistas. Libre, sí, dirían, pero de mal gusto, y hasta ofensivo y racista. Para un garito cutre y no para una importante televisión. Y algo parecido pasaría con el destape de un homólogo masculino de Pedroche acompañado de una chef femenina, gordita y poco agraciada como Chicote. También lo enviarían al garito cutre.

Desde la izquierda, las contradicciones son aún mayores. Tanto alertar sobre el sexismo, para acabar celebrando esta vuelta a lo más rancio de los setenta. Y todo porque Pedroche es una Nadiuska de izquierdas, podemita, por más señas. Ella hace destape mientras reivindica la lucha de clases, lo que le ha valido numerosos elogios de los lideres de Podemos, empezando por Pablo Iglesias. Imaginemos lo que ocurriría si Pedroche votara al PP o a Vox, hasta habría intervenido el Instituto de las Mujeres. Pero con Pedroche les pasa como con las víctimas de ataques sexistas, que las defienden cuando son de izquierdas y las ignoran cuando son de derechas. Puro sectarismo ideológico que echa por tierra la supuesta coherencia feminista.

No sé a quién votaba Nadiuska, pero, entonces, a lo suyo lo llamábamos cultura casposa y retrógrada. Ahora, a lo de su heredera lo llaman empoderamiento y libertad, impresionante avance.

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