Aspavientos hipócritas con Vox. Luis Ventoso.

Es un mal chiste que los que han calentado al máximo la vida pública y tendido la alfombra roja al separatismo golpista se hagan los ofendidos con el partido verde

28/11/2022 Actualizada 09:1682FacebookTwitterWhatsappEnviar por Email

Pregunta interesante: ¿Qué es un ultra? ¿Será el que defiende la unidad de España, el orden constitucional, la familia tradicional, las fronteras del país, el idioma español, el legado histórico, la seguridad jurídica y la impronta cristiana?

¿O acaso será un ultra aquel que propugna dar facilidades para la ruptura de España y quebrar el orden constitucional, que pastelea con los herederos de ETA, que encabrona a los españoles reabriendo una guerra de hace 80 años, que persigue a los empresarios y emprendedores con una fiscalidad abrasiva, que inventa delirantes leyes «trans» y que a estas alturas todavía elogia y comparte el tétrico legado del comunismo? Parece bastante claro donde habita el radicalismo.

Hablemos en serio. En efecto, en España hay ultras: Podemos y los partidos separatistas. Y el cooperador necesario de esos radicales es el PSOE, que con su felonía les ha permitido compartir las riendas de un país que en realidad pretenden liquidar.

Por todo ello resulta bastante cargante la santurronería hipócrita de nuestra izquierda contra Vox. La prensa global abría este domingo rasgándose las vestiduras contra la supuesta escalada verbal de los verdes, que consiste tan solo en que una diputada de Abascal le recordó en el Congreso a Irene Montero una verdad como un templo: va de híper feminista, pero debe toda su carrera política a su relación amorosa con un hombre que la promocionó a dedo, Pablo Iglesias, pues antes de que mediase tal circunstancia lo único que había hecho en su vida laboral era atender unos meses la caja de un súper (y con todo el respeto para quienes en ellas trabajan).

«Las provocaciones de los ultras desbordan el vaso del Congreso», advierte preocupadísimo el periódico pro Sánchez en su portada. «Los insultos de Vox colman la paciencia de los grupos». Una manipulación tan pueril que hasta sorprende por su falta de sofisticación (en el polanquismo lo hacían bastante mejor).

Un poco de memoria. En plena angustia por la llegada de la pandemia, Adriana Lastra, entonces número dos del PSOE, acusó a PP y Vox en sede parlamentaria de estar preparando «un golpe de Estado» contra Sánchez. ¿Quién ha desbordado el vaso? Rufián ha importado a la Cámara un teatro faltón que creíamos reservado al clásico macarra de discoteca setentero (llegó a mostrar desde su escaño unas esposas diciéndole al presidente Rajoy que esperaba verlo pronto con ellas). Echenique apoyó las protestas violentas a favor de Pablo Hasel, entre otra colección de coces dialécticas. Las bancadas de Podemos, separatistas y PSOE han convertido en su muletilla el adjetivo «fascista» para referirse a la oposición que simplemente no piensa como ellos.

La izquierda pisotea a diario la separación de poderes para acosar a aquellos jueces que tienen la desgracia de no ser socialistas o comunistas. Ministros del Gobierno de España adornan sus cuentas de Twitter con propaganda republicana y contraria a la Monarquía actual, cuando han prometido defender el orden constitucional que la consagra. De Celis, vicepresidente socialista del Congreso, llamó a Feijoo «triste, insolvente e incapaz». Irene Montero, que ahora va de víctima y lloriquea, ha insultado a medio planeta y con su pareja y promotor aplaudía los escraches violentos como «jarabe democrático». Abascal luchaba contra ETA jugándose la vida; Otegi, el socio preferente del PSOE, era un terrorista de ETA. En resumen: ¿Quién ha desbordado el vaso?

Resulta un mal chiste que toda esta tropa antisistema monte una alarma histriónica con Vox (que por cierto, ha hecho bien en salir este domingo a la calle a denunciar cómo Sánchez está vendiendo a España en el mostrador de Junqueras y Otegi mientras medio país sestea en la inopia).

(PD: Arranca el lunes con Irene Montero entrevistada en TVE. Compone pucheritos faciales y clama contra la «violencia política» contra ella. No, ministra, no: comentar que usted va de feminista y ha medrado gracias a su pareja masculina no es «violencia política», es consignar un hecho relevante que desnuda su incongruencia).

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