Sempiterno perceptor de rentas públicas de Cádiz critica a un “desagradecido” Espadas por no pedir el indulto del corrupto socialista Griñán.

PONERSE DE PERFIL. Con la venia.

Como dice Isabel Morillo, cuatro personas con silbato y siete gritando no se convierte en “Sevilla abuchea a Pedro Sánchez” como han titulado algunos, que ya debían tener el titular escrito antes de que Pedro Sánchez llegara a la ciudad. Siempre hay descerebrados dispuestos a gritar e insultar a los políticos que no les gustan. Otra constante es que a los presidentes de Gobierno socialistas los persiguen e insultan durante su mandato para alabarles cuando ya están fuera de la vida política, es el comportamiento maleducado de un sector vociferante de la derecha española que, casualmente, coincide con el comportamiento hacia el PP del sector más radical de la izquierda, vidas paralelas. El de Sevilla fue el tipo de acto de partido donde un grupo de militantes enfervorizados y aleccionados jalean al líder de turno , carece de interés. Se hacen para salir en los medios como si la audiencia representase a la sociedad cuando la mayoría de los asistentes o están liberados con cargo a los presupuestos o pretenden conseguirlo , la triste y anodina vida de la militancia política en España, donde ya nadie actúa según su conciencia sino en función de sus intereses personales. “Primero yo, luego mis allegados, luego mi partido y por último el interés general”, la máxima de todos los dirigentes políticos sean del partido que sean, aunque en público invierten el orden con golpes de pecho y “estoy a disposición de mi partido”, la tontería que se repite como si los ciudadanos fuéramos idiotas. Lo acaba de hacer Juan Espadas, que se ha escondido detrás de la interpretación de no sé qué norma interna del PSOE para no firmar la petición de indulto a José Antonio Griñán y compañía. Se le habrá olvidado que gracias a varios de los condenados en la sentencia de los ERE él mismo pasó de ser un triste funcionario de la Junta a labrarse una carrera política. Aquí o se foguea uno en las juventudes del partido a base de hacer fotocopias hasta escalar al ansiado cargo, o eres un funcionario con ambición que te pegas al partido que gobierna en tu administración para subir puestos hasta el infinito y más allá. Espadas es paradigma de la segunda, como Susana Díaz y Antonio Sanz son ejemplos de la primera, por eso comprendo cuando Roger Senserrich reclama la clausura (él dice “el bombardeo”) de las juventudes de los partidos, esos chavales locos por medrar para vivir del cuento ya que les parece más fácil que estudiar y trabajar. Espadas se pone de perfil porque piensa que según sus intereses no le conviene involucrarse en pedir una medida de gracia a quienes le ayudaron a llegar donde está, no le queda ni siquiera agradecimiento a quienes le ayudaron a llegar donde está.

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