Una ley androfóbica, machista y antiliberal. Por Santiago Navajas

En estas circunstancias, la ley del “solo sí es sí” no es sino el disfraz de postulados morales y activistas sectarios.

31/8/2022

En estas circunstancias, la ley del "solo sí es sí" no es sino el disfraz de postulados morales y activistas sectarios.
La ministra de Igualdad, Irene Montero, responde a los medios de comunicación a su llegada a la manifestación del Orgullo 2022 en Madrid. | Europa Press

No deja de sorprender la ingenuidad de algunos jueces españoles. En tiempos de “lawfare” (politización del sistema judicial) todavía creen que van a seguir cómodamente instalados en la torre de marfil de la aplicación imparcial y objetiva de la ley. Ven la estatua de la Justicia con los ojos tapados y se emocionan pensando que son el último bastión contra los arbitrios de los poderes económicos y políticos. A raíz de la última ley liberticida (vulgo: ley “solo sí es sí”) de Irene Montero decía uno de estos “agentes jurídicos” que las declaraciones de la ministra de Igualdad, repitiendo el mantra de que “hermana, yo sí te creo”, eran palabrería hueca porque el testimonio de las mujeres en un juicio no tiene tampoco ahora fuerza probatoria plena e indiscutible. No lo tendrá desde el punto de vista positivista de la ley, pero sí cuando sea la perspectiva de género la que dé aliento a la ley por parte de unos jueces convenientemente reeducados. Son incapaces de comprender, porque su formación ha sido exclusivamente técnica y memorística en lugar de filosófica y crítica, que en estas circunstancias la ley no es sino el disfraz de postulados morales y activistas sectarios.

Y son tan ingenuos porque no parecen entender que una cosa es la Ley y otra muy diferente el Poder. O, dicho de otra manera, que puede haber un abismo entre la Legislación (las leyes escritas) y el Derecho (dichas leyes aplicadas en un contexto político y social que las carga psicológica e ideológicamente). Para que el testimonio de las mujeres se eleve a categoría de dogma no hace falta modificar las leyes, sino dominar las mentes de aquellos que las ejecutan para que terminen significando aquello que interesa a los que mueven los hilos de los jueces, reducidos a marionetas acosadas por medios de comunicación al estilo de la Sexta y manifestaciones orquestadas a golpe de Whatsapp desde la sede de Podemos. Irene Montero proyecta sobre la ley los valores que asume como buenos y verdaderos, los envuelve en jerga jurídica y los publica en el BOE convertido en una Biblia laica. La clave, por tanto, no está en la literalidad de la ley sino en sus aledaños hermenéuticos. En concreto, “concienciando” a los jueces sobre cómo hay que interpretar la ley, que ya no se hará desde un punto de vista ilustrado de abstracto distanciamiento sino desde la feministoide perspectiva de género.

Tres son los principios del curriculum oculto de la ley perpetrada por Irene Montero.https://ab5e6d5ea024675ce56180dc00e0f8eb.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-38/html/container.

En primer lugar, la androfobia. Que se crea sistemáticamente a las mujeres no es porque adánicamente se piense que ellas son entes de luz, sino porque se defiende que vivimos en una sociedad esencialmente heteropatriarcal que hace que los hombres sean constitutivamente culpables. Esto vale lo mismo para España que para Irán en el delirio victimista-paranoico del feminismo de cuota y discriminación positiva. El único hombre bueno sería el hombre “deconstruido” que ha transitado, después de haber pasado por un subvencionado chiringuito de reeducación, hacia la “nueva masculinidad”.

También es sintomático de la ley el machismo. Esta ley es la quintaesencia del feminismo de género que considera que las mujeres son constitutivamente menores de edad a las que hay que dirigir, proteger y tutorizar porque son incapaces, demasiado emocionales y faltas de carácter, de afrontar la realidad. El Estado, convertido en un Big Sister, las tiene que sobreproteger en su condición de víctimas eternas. ¿Por qué defenderse a sí mismas si tienen a Papito Estado vigilando para que puedan volver, como las animó Irene Montero, borrachas y solas a casa? La alusión a la borrachera no es inicua: drogadas son más fáciles de alienar, o, como dicen ahora, concienciar.

Por último, y esto es coherente con las raíces marxistas de todo proyecto de extrema izquierda, es una ley antiliberal. Con esta ley se prosigue la campaña contra el principio formal y “burgués” de la presunción de inocencia. Un principio superfluo en cuanto que, como hemos visto respecto a la androfobia, cualquier hombre no reeducado es esencialmente culpable por construcción social. Aunque de iure todavía se mantiene cierta apariencia, de facto se empuja a los jueces y a los policías a que traten a los hombres como presuntamente culpables a menos que se demuestre lo contrario (en ocasiones, ni así; pregunten a Paul Nungeßer)

Por tanto, ya no estamos en la situación clásica ante un juez o un jurado donde lo fundamental es la prueba, sino que nos desviamos hacia la interpretación sesgada, cargada y viciada de la prueba. Todas las evidencias, indicios… pueden señalar hacia una dirección que si el estado mental de la presunta víctima apunta en otra dirección ya puede ir dándose el viril acusado por alquitranado, emplumado y condenado. La Revolución Cultural a la violeta continua.

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