Viudas de Ciudadanos. Por Jorge Bustos

Solo da fruto la semilla que muere. Del árbol tronchado de Cs cayó una semilla que 15 años y un niño de Canet después los xenófobos consideran «venenosa»

Viudas de Ciudadanos
RODRIGO JIMÉNEZEFE

Ahora que Ciudadanos se encamina mansamente hacia su extinción divierte mucho descubrir la cantidad de viudas desoladas que le salen a destiempo. Qué manera de enterrar, qué derroche de compasión inútil como el semen de los ahorcados, por decirlo con Sabina. A buenas horas. Muchos de los que lloran la muerte del centrismo a manos de las dos Españas son los mismos que se ensañaron con Rivera cuando estaba bien vivo, precisamente por estarlo, y solo empezaron a defender la necesidad abstracta de Cs una vez estuvieron bien seguros de que Arrimadas no sería capaz de levantar el partido. Por eso hay más honestidad en quienes festejan abiertamente desde Vox o desde Podemos la desaparición de la sigla liberal que en tantos súbitos aficionados a los documentales de La 2, que eso ha sido Cs en la política española. Porque luego resulta que al personal le tira el reality de la polarización como la charca al gorrino. Queredme menos y votadme más: no otro es el sino del suarismo.

Por supuesto que es feo el modo en que Mañueco ha liquidado a Igea. Por supuesto que la lucha por el poder va prescindiendo del sonrojo, que el hemiciclo se degrada, que el pacto se penaliza, que la lealtad nunca es suficiente, que los buenos huyen de las instituciones empujados por activistas y muertos de hambre. Pero solo tienen derecho a llorar sobre los códigos rotos quienes atienden al orden de los factores. Quienes identificaron la condición rupturista que encarnaba Sánchez y la denunciaron. Él incentivó el extremismo, castigó la moderación, consagró la mentira, declaró superada la rendición de cuentas. Da igual lo que haga el próximo aventurero: ya siempre podrá alegar que Sánchez lo hizo antes.

No es Navidad, en fin, mal momento para recordar que solo da fruto la semilla que muere. Del árbol tronchado de Cs, fundado en 2006 contra el supremacismo pujolista que el PSC asumió, cayó una semilla que 15 años y un niño de Canet después los xenófobos consideran «venenosa». No cabe epitafio más bello del partido que dejó de hablar de catalanes para hablar de ciudadanos de Cataluña. Que reivindicó la ciudadanía por encima de la identidad. Que usó en público su lengua materna con orgullo y coraje. Que rompió la sórdida omertá nacionalista, arrostró el escrache cotidiano y tocó la gloria de una victoria electoral. Y que finalmente murió de un éxito que no supo gestionar, porque lo suyo siempre fue la resistencia. Sin Cs -bien lo saben sus odiadores- muchos padres no estarían hoy atreviéndose a exigir el cumplimiento de la ley en la escuela. Que sea por muchos años.

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