Van Eyck, el tiempo atrapado. Por Pedro García Cuartango

‘El matrimonio Arnolfini’, el cuadro de Van Eyck, una imperecedera obra de arte, refleja la forma de vivir y los valores del Flandes del siglo XV

Cuenta Patti Smith que un buen día decidió cruzar el Atlántico para contemplar el Políptico de los hermanos Van Eyck en la catedral de San Bavón de Gante en el que se representa la adoración del Cordero Místico. Viajó miles de kilómetros para ver las tablas al óleo durante varias horas, oculta en la penumbra del templo.

No hace falta ir tan lejos para disfrutar de ‘El matrimonio Arnolfini’, el cuadro concebido por el pintor flamenco Jan Van Eyck en 1434 tras la muerte de su hermano Hubert. Está en la National Gallery de Londres desde 1842. Lo descubrí por azar hace tres décadas y me produjo una impresión indeleble. La representación tiene un poder hipnótico del que es

 imposible escapar.

Por el ojo de una cámara

El cuadro estuvo en Madrid durante siglos, ya que perteneció a Margarita de Austria, hija del emperador Maximiliano, gobernadora de los Países Bajos, hermana de Felipe El Hermoso y casada con Juan de Aragón y Castilla. Se sabe que los franceses se lo llevaron de España en 1813 y que, tres décadas después, apareció en la capital británica. Probablemente un aristócrata inglés se hizo con él en la desbandada del Ejército napoleónico al retirarse.

Como si estuviera mirando por el ojo de una cámara, el espectador observa al matrimonio Arnolfini en una estancia en la que los objetos revelan la elevada posición social de los cónyuges. Ambos posan en su casa de Brujas, a donde el mercader Giovanni Arnolfini ha emigrado desde su Luca natal. Junto a él aparece Giovanna, su esposa, que se deja coger la mano por su marido.

La mayoría de los estudiosos de la obra coincide en que Van Eyck inmortaliza la celebración del sacramento matrimonial, pero no falta quien apunta que se trata de un homenaje a su primera esposa, que había fallecido un año antes. No podemos saber quién tiene razón.Velázquez se inspiró en Van Eyck al pintar ‘Las Meninas’, en el que sigue la misma técnica

La escena conyugal está iluminada por la luz que surge de una ventana que deja vislumbrar un patio con un cerezo. Velázquez se inspiró en Van Eyck al pintar ‘Las Meninas’, en el que sigue la misma técnica. Pero si el genio sevillano se coloca en el centro de su representación, Van Eyck es apenas una sombra, uno de los dos reflejos que aparecen en el espejo. El otro puede ser el sacerdote que oficia el matrimonio. En la pared, el autor firma con su nombre y la fecha de su creación.

La figura dominante del retrato es Giovanni Arnolfini, vestido con una elegante túnica de color ocre y cubierto con un gran sombrero. Coge delicadamente la mano de su esposa, que baja los ojos en gesto de sumisión. Va ataviada con un llamativo traje verde y lleva un exquisito bordado blanco sobre su cabeza. Tiene rasgos delicados y una piel blanquecina, siguiendo el canon de la época sobre la belleza femenina.

Tareas del hogar

Ella parece embarazada, pero no hay que interpretar literalmente su significado porque el abultamiento del vientre era una forma de representar el atributo de la maternidad y el papel reservado a la mujer, centrado en las tareas del hogar y la educación de los hijos.

Por encima de las manos enlazadas, se halla el espejo, con diez escenas de la Pasión de Cristo en miniatura en el marco de madera, que nos ofrece una visión total de la sala donde se despliega el cuadro de Van Eyck. A los pies de la dama, hay un perro que simboliza la fidelidad conyugal, aunque también es un signo del elevado rango social de la pareja, al igual que la alfombra.La cama es también el lugar donde se nace y se muere, una alusión a la temporalidad de la existencia

En la parte inferior de la obra, podemos ver un par de sandalias, una moda que sólo se podían permitir las familias más ricas. Y aparecen sobre una mesa algunas naranjas que entonces eran un bien caro y escaso, sólo al alcance de las élites. Llama la atención que ambos están colocados delante de una cama, algo que no era inusual en las estancias de Flandes en el siglo XV. Las mujeres solían sentarse en el lecho con sus hijos recién nacidos para recibir a las visitas. La cama es también el lugar donde se nace y se muere, una alusión a la temporalidad de la existencia.

Podemos observar también varios rosarios junto al espejo, lo que resalta la importancia de la oración y de la virtud, especialmente en la esposa. En el cabezal de la cama, se ve una mujer con un dragón a sus pies, una alusión a Santa Margarita, patrona de los partos.

No hace falta, sin embargo, contextualizar la iconografía del trabajo de Van Eyck porque su principal virtualidad es que atrapa al espectador y le sumerge en un momento del tiempo. Tenía el encargo de complacer a un rico mercader y lo que hizo fue representar una época y un modo de vivir que han quedado plasmados en esta imperecedera obra de arte.

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