Hacerse ilusiones. Por Salvador Sostres

Hacerse ilusiones

Los presupuestos son otro fracaso de los que tantas lecciones nos han dado y un paso más hacia una nueva centralidad política

La supuesta mayoría independentista del Parlament quedó este lunes desmentida en su imposible articulación política. Esquerra pactó con los Comunes los presupuestos. Pere Aragonès quemó formalmente el plazo para entenderse con la CUP y su giro hacia la delegación catalana de Podemos no es menor ni neutro, sino toda una declaración de intenciones. Huye de los bloques el presidente y opta por el posibilismo, la discreción y la política tranquila. Junts queda descolocado. La CUP, fuera del tablero.

«Que nadie se haga ilusiones, que nadie vea en esto un debilitamiento de nuestras aspiraciones. Seguro que antes que tarde seremos capaces de demostrar la unidad estratégica del independentismo y trabajar hacia el horizonte que aspira la mayoría del país», dijo el consejero de Economía, Jaume Giró, en un ejercicio de notable voluntarismo.

Lo cierto es que el independentismo estaba incluso antes de esta votación en su momento de mayor debilidad desde que en 2010 se inició lo que hemos conocido por el ‘procés’; y que sus presuntas aspiraciones se han demostrado insinceras cada vez que ha tenido que pagar el precio, y no lo ha hecho, por conseguirlas. La unidad estratégica de Esquerra, Junts y la CUP es otro conjunto vacío que por lo menos hasta la fecha no ha existido nunca, y si la mayoría de catalanes de verdad ansiáramos la independencia, ya la habríamos conseguido.

No existe una mayoría independentista. No existe una hoja de ruta independentista. No existen ni 50.000 catalanes dispuestos a pagar con su dinero y menos con su vida el precio de romper un Estado como España, porque al final es en esto en lo que consiste la independencia de Cataluña. Lo demás es comedia, artificio, retórica inflamada y ganas de engañar a unos partidarios a los que ya no les alcanza ninguna mentira, por clamorosa que sea, para no darse cuenta de que han hecho el más espantoso de los ridículos.

Y no es que me haga ilusiones con la debacle de esta banda de incapaces, porque yo las ilusiones me las hago en París, y a veces en la agradabilísima compañía de mi por otra parte querido amigo Jaume Giró. Pero es vivir fuera de la realidad creer que en Cataluña existe una mayoría dispuesta a hacer algo más que ir a los restaurantes y a Port Aventura, y los presupuestos de ayer son otro fracaso de los que tantas lecciones nos han dado y un paso más –lento, tímido y gris, pero paso al fin y al cabo– hacia una nueva centralidad política.

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