El alcalde incendiario. Por David Fernández

El alcalde gaditano cualquier día es capaz de manifestarse contra sí mismo, como casi ocurrió con la protesta de los interinos

Afalta de una buena gestión, Kichi apela a los efectos luminosos para darse chance. Su imagen arengando a los trabajadores del metal quedará para la historia. Él sabe dónde está la raíz del problema, pero prefiere agitar las hojas. Da igual si las calles están limpias o si los autobuses funcionan: lo que le pone es un ambiente tensionado para cantarle las cuarenta a cualquiera. A Kichi se le ve más feliz detrás de una pancarta que en la Alcaldía. Es lo que mejor se le da, junto con cambiarle el nombre a calles. En lugar de imponer mesura, como hicieron varios sindicalistas para que no se cortaran las vías, Kichi se puso al frente de la protesta encendiendo los ánimos: “Hemos tenido que meter fuego para que Madrid nos haga caso”, sentenció, para que le oyera España.como si él llevara 25 años cortando chapas.

Un día de estos se manifestará contra sí mismo, como casi sucede en la protesta de los interinos, porque con lo que no puede el alcalde gaditano es con la idea de ganarse el jornal moviéndose en los despachos de las instituciones que tienen el futuro de esta Bahía en sus manos. Tal vez no le ponga cara ni al presidente de la CEC, porque no se le ve cómodo ni en la mediación, ni el diálogo. A él se le da mucho mejor predicar que dar trigo. Y entre la indiferencia de nuestros gobernantes, así nos va, como se ha visto con el cierre de Airbus en Puerto Real. No hay en toda Europa otra Bahía donde ante un atropello semejante al de Airbus no se oponga la voz de la sociedad señalando a los autores del desastre. Pero es que Cádiz es diferente y no levanta cabeza desde el declive industrial. Algunos dirán que casi no avanzó en los últimos años, pero porque a una administración lamentable se ha unido la falta de enmienda. Una de las consecuencias de la indignación ha sido el propio Kichi, que no engaña a nadie. Donde está en su salsa y se quita años de encima es en la trinchera, aunque no sepa construir canalizaciones para que su gente no se ahogue. Lo suyo es el activismo, salvo cuando son los policías locales los que reclaman parné. Ni el Pepe Barroso más radical se atrevió en sus mejores tiempos a justificar lo inaceptable para ganarse a sus leales. Tras varios días con la ciudad bloqueada, cualquiera podría pensar que Navantia sella los astilleros o que Cádiz se echó a la calle porque Airbus también cierra en El Puerto. Por ahora, no es así. El conflicto nace de la negociación de un convenio.

Y Kichi no se conformó con apoyar las legítimas y comprensibles reivindicaciones de los trabajadores del metal con todos sus resortes, que es lo que se espera en su caso. Tampoco le bastó con exigirle a la patronal que lo ponga todo de su parte en la negociación. Él se puso a gritar con un megáfono. Y cuando tuvo los focos apuntándole, se vino arriba para dejar claro que “somos obreros y no delincuentes”. No es que no quiera vestir el cargo, es que se le olvida. Con los neumáticos ardiendo es imbatible, otra cosa es su papel como alcalde. Ahí pueden ponerle todas las faltas que quieran, porque hay días que no da la talla.

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