“El mérito de Vox”, por Federico Jiménez Losantos

Sólo Vox denunció en el momento justo el atropello que suponía el segundo estado de alarma

El presidente de Vox, Santiago Abascal.
El presidente de Vox, Santiago Abascal.JAVIER BARBANCHO

Pueden contarse con los dedos de una mano, y sobran dedos, los reconocimientos editoriales o en columnas de opinión a Vox por salvar el honor de los partidos políticos constitucionales, entre los que hace muchos años que no figura el PSOE. Sólo Vox denunció en el momento justo el atropello que suponía el segundo estado de alarma. Sólo Vox dijo, cuando Sánchez aseguró su acrisolada constitucionalidad, que el proyecto que llevaba a las Cortes era un estado de excepción encubierto. Sólo Vox dijo, seguro de su ilegalidad, que al día siguiente lo llevarían al Constitucional. Sólo Vox, en fin, puede presumir de haber triunfado porque tenía razón, ya que ni los miembros del TC de extracción pepera ni los de raíz sociata pueden esperar grandes chollos si los de Abascal llegan pronto al Gobierno.

Algún colega de columna del género hemipléjico, de esos que dicen que el único peligro para la democracia en Europa viene del populismo de derechas -lo dice donde mandan PSOE, PCE, Podemos, ETA y ERC- ha perdido una excelente ocasión de rectificar sus asertos. No lo hará porque la hemiplejia de izquierdas es un seguro de vida intelectual. Y, sin embargo, la crisis de credibilidad de las instituciones en Occidente nos obliga a repensar y valorar lo que suman y lo que restan las distintas tendencias políticas en este apocalipsis de las libertades. Yo creo que lo que más resta es el virus de lo políticamente correcto que administra la izquierda en exclusiva; y lo que más suma o podría sumar es la resistencia, a veces instintiva e irreflexiva, de la derecha a esa dictadura ideológica, que se carga por la base el principio de ciudadanía y lo diluye en un magma de pertenencias de orden sentimental, tribal, ideológico y de género.

En el caso de Vox y el segundo estado de alarma, ese mérito casi instintivo estuvo en rechazar el argumento ternurista de “salvar vidas”, como si Ayuso no estuviera demostrando que se podían salvar vidas sin destruir la legalidad, como hizo Sánchez interviniendo Madrid. Arrimadas asumió la falacia con un entusiasmo que hoy resulta obsceno. Y lo de Casado fue peor. Le dijo a Sánchez lo mismo que Abascal: que traía a las Cortes un engendro ilegal. Pero, maricomplejinado, que por “salvar vidas”, se limitaría a “una abstención crítica” y vigilaría desde Venecia. El mérito de Vox fue vigilar y denunciar desde España. Que es su sitio.

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