“Los demás payasos”, por Salvador Sostres

Felipe abrazando a Sánchez es el insalvable abismo que siempre existirá entre la izquierda y la democracia y la libertad

Salvador Sostres

El problema de la izquierda es que no tiene dignidad. Tal vez la izquierda sea, en esencia, una falta de dignidad. De aseo íntimo, de higiene moral. Nadie como yo le agradece tanto sus años de presidente a Felipe González. No hay nadie, y menos de mi edad, que haya visto todas sus conferencias en España e Iberoamérica de los últimos años, la mayoría de ellas colgadas en Youtube; y conozco por lo tanto los exactos motivos de su ‘orfandad representativa’, ese curioso sintagma que inventó para distanciarse de Pedro Sánchez y por supuesto de Podemos. Junto a Mariano Rajoy, González es la inteligencia política más razonable y razonadora de España.

Pero al final, cuando el partido toca la trompeta,

 sale a la pista con los demás payasos. Ni es creíble ni le hace ningún bien a nadie -salvo al menú ‘fast-food’ del día de Pedro Sánchez- que uno de los poquísimos referentes sólidos de la izquierda española se mezcle en la siniestra mascarada populista, y acepte con su abrazo contribuir a esta gran parodia de la socialdemocracia que el actual inquilino de La Moncloa está intentando escenificar.

La izquierda tiene siempre esta última pregunta en que hasta el prestigio que más incuestionable parecía se derrumba. Es este tic gregario, sectario, sovietizante, esta obsesión tan enfermiza por echar al otro del tablero sin darte cuenta de que eres tú quien acabas autoexpulsado. No sé qué ganancia calculaba obtener el presidente González convertido en figurante de Pedro Sánchez, pero obtuvo su merecido ayer, cuando el socio del Gobierno, Arnaldo Otegi se permitió exigirle que asumiera su responsabilidad por los GAL: ésta es la gentuza a la que también Felipe abraza cuando se presta a hacer de telonero de semejante farsante.

Hay un error fundamental, yo diría que una tara, en que la izquierda se basa. Un defecto cognitivo que siempre emerge, por deslumbrantes que sean las capacidades concretas de aquel individuo. Hay un fondo truculento, maligno, un eco de las checas y las purgas que acaba al final marcando el paso hacia el desastre. Hay también demasiado orgullo para tan poca dignidad, muchas lecciones dadas, demasiadas, para acabar de llavero de Pedro Sánchez.

Preferiría escribir cualquier otro artículo sobre Felipe González. Preferiría a Felipe González que a casi (Rajoy) cualquier otro presidente para España. Pero luego, cuando ya crees que no hay nada que pueda torcerse, te das cuenta de que la izquierda es siempre una metástasis y a todos los que infecta les acaba condenando a un destino trágico.

Por algún motivo no entendimos que el nazismo era una forma de socialismo, como el fascismo, y fue el mayor error del Occidente libre no hacerle caso al general Patton. El Muro no tendría que haber caído, tendríamos que haberlo tirado. Tendríamos que haber alargado nuestro desfile sobre el Mal, para que no quedara ninguna duda, en lugar de alfombrarlo.

Felipe abrazando a Sánchez es el insalvable abismo que siempre existirá entre la izquierda y la democracia y la libertad.

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