Pemán y la Guerra

Hay muchas falsedades sobre la Guerra Civil, y es que la Historia no siempre la escriben los vencedores. Se dice que los escritores defendieron en masa a la República (era el Frente Popular, la República no existía ya) pero en realidad se dividieron en dos bandos idénticos en número, como el resto del país. El gran exilio de intelectuales se produjo en territorio frentepopulista al principio de la Guerra, y no tras la victoria de Franco, como se repite.

La represión fue terrible en ambos bandos, pero la republicana tuvo su singularidad: checas, persecución religiosa (7000 religiosos asesinados) y matanzas colectivas (Paracuellos, cárcel Modelo). La represión del llamado bando nacional fue cruel en la posguerra, aunque menor que en otras guerras civiles. Además, como demuestran Larrazábal y Martín Rubio, la represión frentepopulista fue más intensa si consideramos el espacio-tiempo (el franquismo tuvo más territorio y más tiempo). Ya antes de la guerra, el Frente Popular se valió de depuraciones y de un uso partidario de las instituciones, también en la enseñanza, justicia y policía. Los guardias que asesinaron al segundo jefe de la oposición, Calvo Sotelo, estaban “adscritos” al socialista Prieto.

Entre los escritores, hubo muchos tipos de conductas, decentes e indecentes, al margen de ideologías. Juan Ramón Jiménez, republicano hasta el final, dedicó un piso en Madrid a acoger a niños hasta que un anarquista lo confundió con un cura y estuvieron a punto de fusilarlo. Se marchó al exilio. Tras la victoria franquista, tres falangistas desvalijaron su casa de cuadros, libros, manuscritos, etc. Juan Ramón quedó desolado. Las gestiones de Pemán lograron solventar una parte del daño. Alberti y María Teresa León vivían en el palacio requisado a los Heredia Spínola, en Madrid, donde celebraban fiestas, por lo que tras regresar del frente el poeta Miguel Hernández, comunista sencillo, se indignó. Quizás por ello al final de la guerra fue abandonado por los suyos (también Machado lo fue). Neruda envió a su mujer e hija enferma a Barcelona, mientras él se quedaba con su amante Delia del Corral en Madrid. Morla Lynch, amigo de Lorca, acogió a 2000 refugiados derechistas en su Embajada. Luego lo haría también con los republicanos. Neruda en cambio, se negó. Pemán fue siempre un hombre cabal que ayudó a los escritores en el exilio y que participó en la única oposición democrática al régimen, la de Don Juan. Haberlo represaliado es de bárbaro e ignorante.

Espero que esta emergencia verdadera que vivimos del maldito coronavirus ayude a apagar las ficticias emergencias que han distraído al gobierno: sobre todo las de clima, género y una “memoria” histórica trucada y rencorosa. Hay que desterrar el odio y volver a la unión y reconciliación de los españoles.

Feminismo extremo (12 3 2020)

Hay un machismo residual de costumbres que debe ser superado a través de la educación y de ponerlo en evidencia. Pero la igualdad ante la ley de mujeres y hombres, que es la principal demanda del sufragismo clásico y del feminismo de los 60, está garantizada en España desde la Constitución de 1978 (la brecha salarial es un camelo, nadie conoce un caso). En realidad es al revés, hoy la ley discrimina al hombre por serlo. Todo el mundo sabe en qué situación quedan los hombres divorciados o qué les pasa cuando reciben una denuncia de supuestos malos tratos que la inmensa mayoría de las veces ni siquiera se admite a trámite.

Quien no conozca nuestro país y oiga a las feministas radicales pensará que España es un infierno donde las mujeres no pueden salir a la calle porque son asesinadas y violadas en masa. Pero España es uno de los países más seguros del mundo para ellas (y para todos). Paradójicamente, donde hay más crímenes contra las mujeres es en el norte de Europa, considerado menos machista. La prensa se recrea señalando a los hombres, pero no suele informar de otras estadísticas porque son un tabú progre. Por ejemplo de asesinatos cometidos por mujeres o inmigrantes ilegales.

Históricamente, la izquierda nunca estuvo a la altura de sus prédicas. En la idealizada II República, la defensora del voto femenino fue Clara Campoamor, del Partido Radical, un partido más bien de centro. En contra del sufragio femenino se manifestaron Margarita Nelken, del PSOE, y Victoria Kent, radical-socialista. Azaña y Prieto se ausentaron del Parlamento para no votar en contra.

El feminismo dominante afirma que la supuesta inferioridad femenina es producto del capitalismo. Es un feminismo rojo, no violeta. Pero es justo en occidente donde hay un trato igualitario hacia la mujer, y no en Cuba o China. La izquierda ha pasado de impulsar -rentabilizar- el odio del obrero al empresario (hoy superado por el éxito capitalista), por el odio de la mujer al hombre. Hay miles de cargos y subvenciones en juego. Si como dice Montero el sexo biológico debe ser sustituido por el género voluntario, la lucha tradicional por la equiparación hombre-mujer deviene absurda. El totalitarismo -también el feminista-, necesita intimidar a los discrepantes y convertirlos en enemigos a expulsar e insultar. Le ocurrió a C´s en Madrid.

Josep Pla

El 8 de marzo rememoramos el nacimiento de Josep Pla (1897-1981), el mejor escritor catalán del siglo XX. Pla es otro de los escritores silenciados por el “progresismo” cultural dominante por haber apoyado a Franco (frente a lo que él consideraba “la locura frenética y destructora” revolucionaria). Menos mal que aún ningún ignaro le ha retirado placas y bustos en su tierra, como a Pemán. ¿Hay que recordar a estas alturas que media España apoyó al bando nacional, desde la mitad de los intelectuales (Trapiello dixit) hasta el partido republicano mayoritario de Lerroux? También familiares de muchos progres que impulsan esta hemipléjica memoria del rencor. ¿Hasta cuando?

Sigamos con Pla. Tras una vida azarosa, se instaló en su masía de Llofriu en la posguerra, donde vivió una especie de exilio interior (nunca se acomodó al régimen) apegado a un pueblo que como él dijo “no ha producido ningún redentor, ni ningún coleccionista de sensaciones raras, ni ningún predicador estentóreo”.

Viajó mucho, tuvo varias mujeres (aunque no fue un seductor) y lo vivió todo, incluido un infarto que describió magistralmente en sus diarios. Una de sus normas fue “beberse en la comida una botella de vino y levantarse de la mesa en un estado de mayor equilibrio que antes de comenzar”. Escritor prolífico (unas 30.000 páginas), mantuvo siempre un estilo claro, preciso y sobrio, ajeno a la afectación, en el que se mezcla lo popular, la sencillez y la creatividad.

Durante la República fue cronista parlamentario hasta que huyó de un Madrid peligroso (escribió una Historia de la Segunda República imposible de encontrar). Tras la guerra, colaboró en Destino, una revista vinculada a los vencedores aunque pronto distanciada.

Algunos de nuestros escritores más interesantes de hoy se han ocupado de Pla. Arcadi Espada escribió un diario sobre el diario del ampurdanés que recomiendo. Sánchez Dragó le dedicó su programa “Negro sobre blanco” e Ignacio Peyró colaboró en dos números monográficos de las revistas “Insula” y “Quimera”.

Xavier Pericay ha dicho que Pla no es una escritura sino una compañía permanente de la que siempre estás aprendiendo porque ha recorrido el mundo antes, más y mejor que tú.

Para Valentí Puig, el escritor ampurdanés recibió influencia del gran Montaigne, pero también de los periódicos, y de hablar con la gente.

El proyecto de Sánchez

Todo lo que hace y dice este gobierno social-comunista obedece al proyecto confeso de Sánchez de darle la vuelta a España… ¡en 30 años!, es decir, de perpetuarse en el poder, renunciar a la Transición, hacer desaparecer a la derecha (como en el País Vasco o Cataluña), e imponer la moral progre a la sociedad.

Pero lograr un proyecto como ése, como se está viendo, conlleva emplear la mentira, someterse a los golpistas, contentar a Maduro, y erosionar los principales diques democráticos: la oposición, los medios, la justicia y la monarquía. De momento Sánchez ya ha empezado a estigmatizar a la oposición, tachándola de “antisistema”, él, que está plegado a bilduetarras, bolivarianos y separatistas.

Las tvs son la principal fuente de información ciudadana. Pues bien, la pública fue asaltada por Sánchez a su llegada al poder, y las privadas son afines a la izquierda desde las concesiones de Soraya. El control informativo se ha impuesto en las ruedas de prensa de Sánchez, donde no hay preguntas.

Desjudicializar la política es en realidad crear espacios de impunidad. Por el momento, Sánchez piensa verse con Torra, inhabilitado por el Supremo. Además, se pretende aguar las acusaciones contra los separatistas (para eso está Dolores Delgado), al tiempo que cambiar el Código Penal para rebajar el delito de sedición. Antes de eso, el gobierno ya había sometido a la abogacía del estado.

El último dique del sistema, la monarquía, ha sufrido ya varios desaires del gobierno. El último fue el de Irene Montero, que plantó a la reina en un acto sobre violencia contra las mujeres.

En cuanto a imponer la moral progre, surgen a diario revelaciones-perlas: la heterosexualidad es dominación sobre la mujer, los hijos no pertenecen a los padres, los hombres deben ser penetrados, habrá impuestos por la comida basura, la Academia de la Lengua necesita cursos de ideología de género, la constitución debe adoptar el siniestro lenguaje del “nosotros-as”, y ciertos cargos deben estar “racializados”.

Finalmente, Sánchez es el único mandatario occidental que no ha recibido a Guaidó, al tiempo que el mentiroso ministro Ábalos incumplió con la legalidad de la UE al recibir a Delcy.

A pesar de todo este dislate, la oposición no debe caer en el tremendismo, aunque sí mostrarse firme y unida en el diagnóstico. No será fácil.

Lo que nos jugamos

Todo intento de cambio de régimen de un ejecutivo con apoyo parlamentario apunta primero al control del poder judicial y la prensa. Las actuaciones de Sánchez en relación a la Justicia y las medidas anunciadas sobre las ”fake news”, preocupan en ese sentido. La cuestión se agrava si añadimos que el gobierno y sus socios controlan la Mesa del Congreso (esto por exclusiva culpa de un centro derecha peleado) y que Sánchez se ha plegado a hablar con Torra, el presidente catalán inhabilitado por la Justicia que acaba de ser ratificado diputado en el Parlament con el aval del despreciable PS catalán. En realidad, estábamos avisados: había que desjudicializar la política, es decir, crear espacios de impunidad.El nombramiento de la ministra socialista Dolores Delgado como fiscal general choca con el principio de independencia judicial, si bien antes ya había ocurrido un hecho en esa dirección: el sometimiento de la Abogacía del Estado. Es verdad que se deben dar días para enjuiciar a un nuevo cargo. Pero aquí estamos ante una trayectoria muy reciente de poco mimo con la separación de poderes, de favores al separatismo (aliados de Sánchez), y de algunos episodios indecorosos. Delgado ya apareció con el ministro Bermejo en aquella cacería junto al entonces juez Garzón, en plena “operación Gurtel”. En otro momento, Garzón la llevó a una cena con Villarejo en la que hubo copas y risas. Aquel día Delgado llamó “maricón” al que luego sería su compañero de gobierno, Marlaska, dijo que si tuviera que ser juzgada prefería un hombre (“tías, no quiero”), y rió las gracias de Villarejo cuando contó que tenía una red de prostitución para sacar “información vaginal”. Por cierto, ni entonces ni ahora he oído criticar a Delgado a ninguna femiprogre gaditana, ni del resto del país.

Delgado ha sido reprobada tres veces, una por mentir sobre Villarejo, otra por dejar tirado al juez Llarenas frente a los separatistas y la última por purgar a un abogado del estado que pedía una pena más firme para los golpistas. Con estos antecedentes es muy difícil no pensar que está puesta ahí para aguar las acusaciones contra los separatistas y así ayudar a la permanencia de Sánchez.

Lo malo es que nos jugamos la independencia del poder judicial y el imperio de la ley como garantías de igualdad y libertad de los ciudadanos.

Azaña, antiliberal

Azaña, presidente de la II República, está de actualidad. Mañana se conmemora el centenario de su nacimiento y acaba de ser citado profusamente en el debate de investidura del Congreso.

La historiografía convencional, y en general los medios, se refieren a Azaña casi siempre con admiración, y no les falta razón en lo referente a sus cualidades intelectuales: fue un excelente escritor, un gran orador y un pensador solvente, que brilló en medio de los mediocres políticos republicanos, como así los consideró el propio Azaña. Sin embargo, en cuanto a su valoración política, el criterio empeora, según la historiografía más rigurosa. Y es que, a pesar del tópico, su carrera se distinguió por una marcada trayectoria antidemocrática. Veamos algunos hitos de esa ejecutiva.  

En 1930 Azaña amparó el golpe de estado de Jaca: sus autores fueron homenajeados post mortem bajo su presidencia; en mayo de 1931 se negó a combatir los incendios de edificios religiosos (en Cádiz ardieron varias iglesias): “todos los conventos de España no valen la vida de un republicano”, dijo; propulsó el sectarismo de la constitución republicana, que en palabras de unos de sus autores, el socialista Jiménez Asua, era una constitución de izquierdas (y no consensuada por todos como la de 1978, en peligro hoy); elaboró la antiliberal Ley de Defensa de la República, que posibilitó la época de mayor represión contra la prensa; co-decidió la expulsión de los jesuitas y la prohibición de impartir enseñanza a las órdenes religiosas; buscó la represión indiscriminada de supuestos participantes en la rebelión de Sanjurjo; propuso no aceptar los resultados de las elecciones de 1933, ganadas por la derecha con limpieza; no condenó el golpe de estado socialista y de ERC de 1934, al contrario, lo legitimó compartiendo las razones falsarias del mismo; aceptó el fraude electoral izquierdista de 1936; ante los asesinatos políticos, aplicó la ley arbitrariamente contra las derechas; conspiró para destituir de forma ilegal al presidente Alcalá Zamora; y en vez de unirse con los mayoritarios republicanos de centro, se alió con fuerzas insurreccionales de entonces –PSOE, UGT, PCE, y ERC- para formar el Frente Popular. Vaya. Me prometí que no hablaría hoy de felones y golpistas. Pero llegados aquí, ¿cómo no acordarse de Sánchez y sus socios?

Demasiado autodesprecio

Ramón Carande resumió la Historia de España en dos palabras: demasiados retrocesos. Un diagnóstico derrotista. Más pesimista aún es el juicio dominante sobre la ciudad: Cádiz se hunde. Creo que la expresión que mejor resume la evaluación de nuestra Historia y nuestra situación es: demasiado autodesprecio. Nos gusta mucho quejarnos y autocastigarnos, pero tendríamos que estar agradecidos por vivir en una bahía española privilegiada, que en los últimos años ha crecido en miles de habitantes (lo que relativiza la pérdida de población de la capital).

Nuestro clima, nuestra gastronomía, nuestra filosofía de vida y una renta per capita por encima de nuestro entorno (INE), nos procuran una vida mucho más placentera que la del resto de occidente (la única civilización). ¿Qué más se puede pedir, si además vamos a subir a Primera?

Si España es un referente internacional por su calidad de vida, la zona Sevilla-Cádiz es el verdadero centro del mundo (Fernando Villalón). El no va más de lo civilizado es tomar el aperitivo –ponme otra manzanilla-, dormir la siesta, escuchar un cante o contemplar un paso. ¿Se imaginan que en Roma sacaran cada año en procesión por la calle a Bernini o a Miguel Angel? Pues eso se hace aquí cada Semana Santa con la mejor imaginería barroca del mundo. No hablaré de otro gran hecho cultural, los toros, para qué, si ya hablaron los genios Lorca, Goya, Picasso…Tampoco del Carnaval –Selu, cántanos otro cuplé-.

El complejo de inferioridad español y gaditano no tiene fundamento. En el norte de Europa -el referente “progresista”-, hace frío, la gente se suicida (como en las películas de Bergman), no sale el sol, y como dice Ussía, lo más divertido que puede ocurrir en la cama de una pareja es que se caiga el edredón.  

España es el único país europeo que pasó de la dictadura a la democracia por sí, sin la ayuda americana. Fue mas tarde, sí, pero es que fue el único país occidental que tuvo que hacer frente a una revolución. Tenemos defectos, quién no, pero la tan denostada reconciliación de la Transición fue modélica en el mundo. A veces conviene valorar lo que tenemos y qué nos estamos jugando. No se entiende que estemos a punto de fastidiarlo todo con ese siniestro proyecto de Frente Popular. Ojalá nunca tengamos que decir que éramos felices y no lo sabíamos. Buen año.

Lecturas sobre la República y la Guerra

La versión más frecuente de presentar la guerra civil como la lucha entre fascismo y democracia ha sido corregida por la historiografía más solvente. La mayor parte de esos historiadores atribuyen la causa de la guerra a una oleada revolucionaria, -según Payne soportada por más tiempo en España que en otros países donde hubo una revolución- seguida de una lógica reacción contrarrevolucionaria. Como el mejor antídoto al sectarismo es el conocimiento, vamos a recomendar algunas lecturas en ese sentido.

La mayoría de los hispanistas anglosajones ofrecen un enfoque filomarxista de la guerra: Beevor, Jackson, Brenan o Gibson. El más infame es Preston, que equipara el franquismo al Holocausto. Pero hay excepciones, como Raymond Carr, con su “España, 1808-1939”; Hugh Thomas, que en “La guerra civil española” ya dice que la revolución socialista del 34 es el precedente de la guerra; Burnett Bolloten, que fue el primero en hablar del gran engaño (The grand camouflage) de presentar al Frente Popular como demócrata, siendo una alianza de revolucionarios amparada por Stalin. El título de su libro lo dice todo: “La Guerra Civil española: Revolución y Contrarrevolución”; y en especial Stanley Payne, que en “El colapso de la República” y “El camino del 18 de julio” analiza los detalles del asalto revolucionario, desde la calle y el poder, que llevó a la guerra. El mejor libro sobre la figura de Franco es de él (y Jesús Palacios).

Entre los españoles, un libro difícil de hallar es el del olvidado Josep Pla, “Historia de la Segunda República”. Más reciente es el del periodista Miguel Platón, “Segunda República: de la esperanza al fracaso”. Sobre los mitos de la represión franquista se debe leer a los Salas Larrazabal y a Martín Rubio; y sobre el papel de los intelectuales, a Trapiello. Otros autores claves son: Cuenca Toribio, Bullón de Mendoza y García de Cortazar. Más polémicos, pero no por eso menos valiosos son los libros de César Vidal (las checas), Pío Moa (toda su obra) y Ricardo de la Cierva, quien fundó su propia editorial para poder publicar.  

Para no volver a los tópicos de siempre, se debe evitar la romería de los Tuñón (comunista), Viñas, Juliá, Marichal, etc.

Por fin, en literatura son imprescindibles “Madrid, de corte a checa” de Foxá; “Los cipreses creen en Dios” de Gironella; “A sangre y fuego” de Chaves Nogales”; y “Guerra en España” de Juan Ramón Jiménez.

Adiós a la Transición

El espíritu de concordia de la Transición puede concluir. El nuevo Frente Popular que se anuncia, formado por socialistas radicales, comunistas y separatistas, augura un periodo de incertidumbre que pondrá en cuestión la estabilidad constitucional, la unidad de España y la institución que ha liderado y consolidado la transición a la democracia: la monarquía.

Fue Zapatero, el presidente surgido tras la matanza de Atocha, el primero que abrió la brecha cainita. Ignorando la Transición, utilizó la guerra civil como arma política (ocultando las graves responsabilidades de su partido), avivó los rencores de clase y género e impulsó un nuevo estatuto catalán que nadie pedía, y que nos ha llevado a lo de hoy. La torpe gestión de la crisis lo expulsó del poder.

Mariano Rajoy trajo de nuevo la moderación a la vida política española. Hizo una brillante gestión económica que sacó a España de la quiebra con los mínimos costes posibles. Para no hacer reaccionar a un electorado instruido en la izquierda desde los medios y la escuela, no abolió las leyes de memoria y género, lo que junto a una gestión antiseparatista percibida como suave, le supuso una pérdida de confianza de parte de sus votantes en provecho de nuevas opciones. La corrupción de épocas anteriores (inferior a la del PSOE) y una moción de censura votada por los antisistema y basada en una sentencia fraudulenta, acabaron con su mandato.

Los socialistas cabales echaron a Pedro Sánchez de la secretaría por apuntar al Frente Popular. Volvió gracias al refrendo búlgaro de una militancia radicalizada. Ganó el 28 A, pero no pactó con Rivera (180 escaños), en parte por la negativa de éste, quien lo pagó  muy caro. Desde el gobierno hizo una política de propaganda con la que esperaba obtener una mayoría amplia para formar un gobierno cómodo. Pero fracasó. La noche del 10 N, viendo en peligro su sillón, renegó de los improperios a Iglesias y lo llamó para formar gobierno a toda costa, incluso negociando con los golpistas catalanes en prisión (¡a los que él aplicó el 155!).

Los grandes socialistas de la Transición, como Felipe, Guerra, Leguina, etc., ya han denunciado esta deriva. Los intelectuales solventes también. En Cádiz, sólo lo ha hecho Vargas Machuca. ¿Hay alternativa? Sí. La unidad de PSOE, PP y Cs (mejor con el apoyo de Vox). Difícil.

Mis años 60

Todo empezó con la película de los Beatles “¡A Hard Day´s Night”, en aquel bello cine modernista, el Gades. El impacto de aquella música y de su atmósfera British cambió mi vida. El inglés era ya mi pasión y la única asignatura en la que sacaba matrícula desde niño. Después vinieron las listas de discos de la radio, Escala en Hi Fi en la tv, el Piper club de Enrique las Marinas (Quique Street) y los viajes a Torremolinos, (más tarde a la Costa Brava y Barcelona), donde  respirábamos la libertad de los guiris.

Un segundo hito vital fue mi paso por la mítica academia Universitas, con personas tan emblemáticas como Serafín Gutiérrez y su mujer Angelines, Manuel Mora, Lolo Adrada, Marchante, Quiñones, etc. Allí intercambiábamos discos de los Beatles, los Stones, los Who, Elvis, Chuck Berry, etc. Recuerdo la música negra de Percy Sledge, Wilson Pickett, James Brown y Otis Redding.

En Cádiz oíamos rock en la radio de la mano de un omnipresente locutor, cuyo inglés paleto nos desesperaba; nos veíamos en los alrededores de la Plaza Mina; había concursos de conjuntos -como se decía entonces- en el Falla y el Gaditano;  íbamos a los famosos guateques y a los bailes de la Piscina, el Cantábrico, el Casino, Naútica, el balneario La Palma y sobre todo el Cortijo. En la ciudad -y en todo el entorno de Rota- se hacía una música muy interesante, con swing, con grupos como los Abunais, los Tekas, los Shaders entre otros, y especialmente los Simun (o Simún), sin duda el mejor grupo de blues-rock en España. Superaban a los salvajes Smash de Sevilla – muy buenos también- y al rock blando de Máquina, de Barcelona. La música de Madrid era más comercial. Los Simun de mi época (hubo cambios) fueron: Nono Ábalo, batería y líder del grupo; el genial Antonio Reguera, hoy una mezcla de Beni de Cádiz y Jimmy Hendrix, que ahí sigue: los viejos rockeros nunca mueren; Fernando Caso, gran bajo; y Manolo Martínez, el punteo más exquisito del rock español. A fines de los 60 me fui a Sevilla, donde ví otro film definitivo: “El Graduado” y su “Scarborogough Fair”. Por entonces llegaron el auto-stop, la acracia, los cigarros aliñados y la música de Cream, Jethro Tull, Led Zeppelin, Mayall, Dylan, Santana, Janis Joplin, etc. Poco después vinieron el marxismo, la mili, la militancia clandestina, otra vez Sevilla, la Facultad y la Historia.

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