Cosas que hacer en Cádiz (y IV)

Hoy terminamos con estas recomendaciones personales.

Las torres de Cádiz. Quedan más de cien torres desde las que los comerciantes veían llegar a los barcos de ultramar. Hay una de visita imprescindible, la Torre Tavira, símbolo de la ciudad. En su interior se encuentra la Cámara Oscura desde la que se accede a vistas impresionantes. La única torre que en Cádiz surge desde la planta baja, la Bella Escondida, una pena, es de propiedad particular. La torre de Poniente de la Catedral es otra opción, también espectacular. A la salida tomen algo en la azotea del Hotel La Catedral o en el clásico bar Terraza.

Modernismo.- Lo que define a Cádiz es su neoclasicismo y algunos edificios barrocos, sobre todo iglesias. Pero ello no quita que el modernismo, y en general la arquitectura del siglo XX, no nos haya dejado gotas de belleza. La casa Mayol, frente al Oratorio de San Felipe, es preciosa, pero también el nº 6 de plaza Candelaria. Hay también detalles modernistas en el Royalty, en la sorprendente casa del Banco Aramburu, y en el edificio de Correos, en realidad regionalista.

Arte.- Daré cuatro pinceladas de excelencia, pero hay mucho más: Los increíbles Zurbaranes del Museo, el maravilloso Cristo de la Buena Muerte de San Agustín (¿M. Montañés, Bernini?), que fue visitado por Azaña, los Goyas de la exquisita Santa Cueva y El Greco del bello Hospital de Mujeres.

El nuevo Cádiz.- Lo marcan tres símbolos, el Soterramiento, el impresionante nuevo puente de la Constitución de 1812, de obligado paso, y el Nuevo Estadio Carranza, de los más bonitos de España. No se pierdan un partido del Cádiz. Es especial.

El Puerto.- Aproveche un día que toree Morante para cruzar la Bahía en un barquito. Los mariscos de Romerijo son ineludibles.

Sanlúcar.- Está más lejos pero merece la pena por su Patrimonio y porque es donde mejor se come y bebe de España. Visiten el Palacio Ducal (se puede tomar una copa). También recomiendo visitar alguna bodega, Barbadillo por ejemplo. Antes de comer, una vuelta por alguna taberna como El Guerrita, La Herrería, Aparceros (pidan el ajo) o Los Ases del Arte, único lugar del mundo donde siempre hay cante y toque. Luego, comer en cualquier restaurante de Bajo Guía. Reserven un sitio con vistas al Coto, y por supuesto pidan langostinos y manzanilla en rama.

Cosas que hacer en Cádiz (III)

Seguimos con estas personales recomendaciones.

El Pópulo.- Es la antigua ciudad medieval a la que se entra por tres bellos Arcos, Los Blancos, La Rosa y El Pópulo. Sus callejuelas contienen la casa-palacio del Almirante, los restos de un Castillo y el Teatro Romano, que era más grande que el antiguo Carranza. Bueno para tapear.

El Barrio Santa María.- Llamado “el barrio” en Cádiz, fue construido alrededor del convento que alberga al carismático Nazareno. “El barrio” no es un pastiche como el de Santa Cruz de Sevilla (muy bonito, eso sí), sino un barrio conservado tal cual, con esas altísimas casas de Cádiz, sus palacios y sus callejas. Es el barrio más flamenco.

La ruta del flamenco.- Desde Santa María, calle donde nace Aurelio Sellé, nos dirigimos a la plaza de los Gitanillos de Cai, y de ahí a la Plaza de las Canastas -casi nada-, y a la Merced, donde está el Centro de Arte Flamenco. En la calle Botica nació La Perla, en Santo Domingo los Ortega y Chano Lobato, y en Mirador nacieron Macandé y Enrique el Mellizo. Del barrio del Mentidero era El Beni, y de muy cerca, Pericón. De la calle Libertad fueron Manolo Vargas y el Cojo Peroche, y hoy tiene casa David Palomar. Y del barrio de La Viña era Ramón Jarana (no se pierdan sus desconocidos pero deliciosos cantes), y es Juan Villar.

La ruta constitucional.- Partimos del Monumento de Las Cortes, cargado de simbología. Se hizo para ser visto desde el mar pero hoy lo tapan horrendos edificios estatales. Al lado está el que fue Palacio de la Regencia en 1812, hoy Diputación. Luego seguimos por Arguelles, donde vivió “el Divino” y el conde de Toreno, dos grandes líderes liberales; Ahumada, donde vivió el diputado ecuatoriano Mejía Lequerica; Iglesia del Carmen, donde se celebró el Te Deum; y Veedor, donde vivió Wellington. En San Antonio -se dice que Fernando VII no encontró albañiles en Cádiz que quitaran el rótulo de “Plaza de la Constitución” de esa plaza- está el Casino Gaditano, que fue casa de los Istúriz, y estuvo el café Apolo. Por fin llegamos al Oratorio de San Felipe Neri, sede constitucional y patriótica de todos los españoles. Contiene una Inmaculada de Murillo.

Las rutas del odio.- Ojo con las rutas revanchistas que se ofrecen sobre la Guerra Civil y que ocultan la violencia frentepopulista de antes y durante.

Cosas que hacer en Cádiz (II)

Seguimos con las indicaciones, muy personales, de qué hacer en verano.

Tapas.-  Sitios para no equivocarse (llegar tempranito): El Balandro, en la Alameda. Barra atestada, de lujo. El Barra7, frente al mar. Tradición y vanguardia. Excelentes arroces. La Marea, una de las mejores barras de España. Pídale a Salvi el guiso del día o el arroz marinero. La barra de El Faro tiene cocina aparte, pero tan buena como la del restaurante. Imprescindibles: las tortillitas de camarones. En Cumbres Mayores saboree el jamón de verdad. En Ultr@marinos, un almacén de montañés remozado, estupendas tapas creativas. En el Arsenio Manila pida los huevos ricos: ¡las papas no son congeladas! Si quieren pescado piérdanse por la calle La Palma o El Tío la Tiza, en la Viña. Bares de barrio de toda la vida: El Nono y El Laurel.

La ruta de la ensaladilla.- La ensaladilla de Las Palomas tiene casi 60 años de fama. El secreto está en la mayonesa. El bar Alfa, al final del Paseo Marítimo, tiene una ensaladilla sencilla, pero sabrosa. La Marea ofrece una ensaladilla muy de Cádiz, la de gambas. El Bohemia, en la Avenida, presenta dos tipos, la ortodoxa y la heterodoxa, a cual mejor. La del Garbanzo Negro tiene un gran punto en la cocción de la patata. La ensaladilla de pulpo tiene dos templos: El Rinconcito, y El Balandro, en La Alameda Apodaca, un bello jardín frente a la Bahía, diseñado por el arquitecto sevillano Juan Talavera (Jardines de Murillo). Ya en plan creativo hay que probar la ensaladilla de La Curiosidad de Mauro Barreiro, espumosa y divertida.

Bares especiales.- En el bar Manolo, en la Punta San Felipe -dársena neoyorkina- tocará con la mano los barcos. Déjense sorprender por el “dobladillo” o por la clásica caballa con piriñaca. Un bar de vistas y entorno maravillosos es el Mare´s. Tomando una copa de noche disfrutará de la magia del cielo y el mar de Cádiz. Frente a la Caleta, ahí es nada, está La Quilla, cocina creativa y todo tipo de vinos y licores. Extraordinarias vistas. Abajo, en la playita, está el Club. Muy buen pescado. El Rinconcito, escondido en San Severiano, fríe uno de los mejores pescado de la ciudad a precios más que asequibles. Siempre lleno.

Pasteles.- Los mejores pasteles que he probado en mi vida son de la pastelería francesa La Belle de Cadix.

Continuará.

Cosas que hacer en Cádiz (I)

Llega el verano y procede dar algunas indicaciones, muy personales, sobre qué cosas se pueden hacer en Cádiz.

Caracoles.- El rincón imprescindible es Los Caracoles, en la calle Sopranis, en el barrio Santa María; son los caracoles más grandes y sabrosos del mundo –recuérdese que según Villalón el mundo se divide en dos, Sevilla y Cádiz-. Pueden ir también a los clásicos de toda la vida en Puerta Tierra, Mari y José y el Nebraska. Yo añadiría uno en Cortadura, el Alfa, con otra especialidad: la puesta de sol desde su terraza.

Cerveza:- El Lucero, un bar frente al muelle de tradición portuaria y nocturna hoy remozado de vanguardia, tiene una buena cerveza sin pasterizar servida muy fría.  La cerveza de La Marea recuerda a aquellos templos cerveceros antiguos, como El Barril, o El Puerto. Se sirve en “bocks” o en jarritas previamente heladas -“cortadas”-, con espuma y sabor deliciosos. La Marea, además es una de las mejores barras de España, con tapas exquisitas a precios muy asequibles. En la terraza, siempre llena, se come de lujo.

Vino.-  Para vinos generosos, la Taberna La Manzanilla, en Feduchy, donde la estrella es la copa de manzanilla de Sanlúcar –acompañada de dos aceitunas con anchoas-, pero también el oloroso o el amontillado, a cual más deliciosos. En Cádiz llamamos “almacén” a la antigua tienda montañesa de ultramarinos, una parte de la cual se destinaba a taberna. Aún quedan algunos genuinos, como el Manteca, hoy algo turistizado, y el Veedor, el cual ofrece todo tipo de buenos vinos y una gran variedad de exquisitas tortillas caseras. La taberna La Sorpresa, con vinos de Chiclana y atún rojo. Hoy tiene el mismo sabor de la antigua taberna de Pepe.

Café.- No dejen de visitar el Café Royalty, uno de los más artísticos y de mayor fuste de España. Sirven buenos pasteles y es también gran restaurante. Otra buena opción es El Novelty actual, el café de San Juan de Dios que evoca al histórico de Salamanca. Tiene una terraza céntrica a escasos metros de los grandes barcos. Si sólo quiere saborear el auténtico café-café, vaya al Brim, en Compañía, y tómese uno “bebido” en la barra.

Churros.- Los churros de Cádiz son los mejores. Hay que ir al Mercado (La Plaza), a la Marina, a tomarlos con chocolate, o comprarlos en los puestos externos.

Seguiremos informando.

La llamada de la tribu

Con el maestro Vargas Llosa siempre the best is yet to come. Ha pasado con su excelente último libro, La llamada de la tribu, que describe el recorrido intelectual que le fue llevando desde una juventud marxista al liberalismo de su madurez. A Vargas Llosa le impulsaron hacia el liberalismo ciertas experiencias políticas, como el fracaso cubano, pero sobre todo la lectura de los autores que analiza en su libro: Adam Smith, José Ortega y Gasset, Friedrich von Hayek, Karl Popper, Isaiah Berlin, Raymond Aron y Jean Francçois Revel. Además de otros, claro está, que no están en el libro, como Milton Friedman, von Mises o Carlos Ragel.
No haber leído a estos autores, sobre todo si se es universitario, supone un cierto analfabetismo funcional, además de falta de prevención ante el “espíritu de la tribu”, ése por el cual, dice Popper, el hombre civilizado aún añora estar integrado en una tribu compacta, supeditada a un brujo que toma por él las decisiones, le libera de responsabilidades y le hace sentir seguro. Una “llamada de la tribu” representada en tiempos por el fanatismo religioso, pero hoy por el nacionalismo y el socialismo, que en su versión totalitaria, el comunismo, niega la libertad y responsabilidad individual en favor de una especie de santón religioso o líder, y en su versión más ligera, la socialdemocracia, obliga al ciudadano a tener un seguro público, a la escuela que debe ir o la jubilación que debe cobrar, a cambio de unos impuestos confiscatorios.
El libro es ideal para adentrarse en la filosofía de la libertad. En él hay un excelente resumen de la vida y reflexiones de estos pensadores excepcionales, además de romper muchos mitos sobre ellos, como ése que atribuye a Adam Smith ser un economista inhumano, cuando en realidad fue un moralista. La mayoría de estos intelectuales lucharon solos en medio de una cultura “progresista”, una experiencia que hemos sentido todos los liberales en el nivel donde nos movamos. A Raymond Aron le tocó sufrir el dominio cultural de Sartre y sus amigos, Revel fue un francotirador en la Francia de entre siglos, Ortega, un individualista en medio de las utopías totalitarias de la República, Hayek combatió en solitario al Keynesianismo dominante, Berlin escribió Against the current y Popper tuvo que exiliarse de la Viena nazi.

Lo importante del INE: Cádiz bien en rentas

Como cada año cuando salen las estadísticas del Audit Urban del INE, las ciudades españolas se preocupan de los datos de riqueza de cada una: la renta de hogares o la renta por habitante. En Cádiz sin embargo hablamos del único dato negativo de la ciudad -quitando el paro, igual o menor al de otras capitales del sur-, el de la esperanza de vida.

Tras muchos años como profesor de geografía urbana -y un libro publicado sobre indicadores de Cádiz-, el tema me aburre por archidemostrado: Cádiz tiene las rentas más altas de la provincia, del sur, y de media España. Es verdad que somos andaluces, y por tanto nuestros datos se parecen a los del entorno. Pero son mejores. De las 126 ciudades con más de 50.000 habitantes de España, somos la número 54 en rentas por hogar (Audit Urban 2017), por delante de Murcia, Gijón, Salamanca, Ávila, Cuenca y otras 72 ciudades. Y la primera de Andalucía. Por citar algunos ejemplos: el puesto 54 Cádiz, con 28.571 euros; le sigue Sevilla, el 63, con 27.755; Jerez ya queda en el 112, con 21.852. Esta es la realidad.

El indicador de esperanza de vida se basa en las defunciones de cada ciudad. En Cádiz, el hospital Puerta del Mar cubre a media provincia (Vejer, Barbate, Conil, Medina, etc.), con lo que quizás se incluyan a personas que provienen de pueblos de menor desarrollo fallecidas en ese hospital, lo que tal vez rebaje la esperanza de vida capitalina. Si no, no cuadra.

Por otra parte, si se dijese que la esperanza de vida en unas ciudades fuese de 65 años y en otras de 80, entonces si se reflejarían grandes diferencias. Pero si las de mayor esperanza de vida de España están en 83-84 años, y las de menos en 80-82, los datos no son tan significativos.

Este año el “Audit Urban” publica la lista de los barrios más pobres del país; Cádiz no presenta ninguno. Así fue siempre. En Cádiz no hay chabolas desde la época de Carranza (sí, sí, Carranza). Sevilla es la ciudad con los barrios más pobres de España (todos muy poblados), nada menos que cinco. En Cádiz no sabemos lo que son barrios degradados como Los Pajaritos, El Vacie, El “Polígano”, etc. Córdoba tiene 4 barrios entre los 15 más pobres de España. Málaga y Alicante, dos barrios cada una. Las Palmas y Madrid, uno.

¡Fijémonos en lo importante, la renta, y no en los negativo!

Todos contra el centro derecha

Una vez más el centro derecha ha sido desalojado del poder por la convergencia de siempre, los socialistas aliados con la extrema izquierda y los nacionalistas. Sin entrar en  épocas más lejanas, en las que también pasó lo mismo, -¡qué fue la República, sino una conjunción de izquierdistas y separatistas para expulsar al centro derecha de la vida política!-, en los últimos años esa alianza lo intentó con el Nunca Mais y el No a la Guerra, y lo consiguió con el vuelco electoral tras el 11 M del 2004, lanzando la mentira de que el atentado fue culpa del PP por haber participado en la Guerra de Irak: falso, nunca estuvimos en aquella guerra, y los auténticos culpables, los terroristas islámicos, prepararon el atentado antes del apoyo de Aznar a Bush.

Ahora, el golpe de mano parlamentario de izquierdistas y separatistas también se ha basado en mentiras. La mentira de que sólo en el PP hay corrupción, la mentira de que Rajoy es responsable de ello, la mentira de que la sentencia culpaba al Partido Popular, y la mentira de ocultar, ése sí, el principal problema de España, el golpismo separatista. No me gusta este PP socialdemócrata pero reconozco que Rajoy se ha ido con la misma dignidad e inteligencia con que ha gobernado frente a unos rivales oportunistas, veletas e inmaduros.  Dimitir antes hubiese legitimado esas mentiras.

Qué duda cabe que este desalojo del PP no hubiese tenido éxito sin la ayuda de la derecha acelerada y de C´s, y sobre todo, si no hubiese sido del agrado del periodismo-leninismo, experimentado en crear una y otra vez oleadas de histeria a favor de un PSOE (y sus aliados) que ha perdido las dos últimas elecciones, y que ahora ha presentado un batiburrillo gubernamental sin programa, esponjable y de diseño.

En Cádiz, también hubo una operación similar entre perdedores para echar a Teófila, la mejor alcaldía desde que hay memoria. Antes, el periodismo buenista preparó el terreno al populismo al regodearse durante años en una mentira que no aseveraban los indicadores de renta (al revés), y que ha hecho mucho daño a la ciudad, la de que Cádiz era casi tan pobre como Ruanda. A partir de ahí a Podemos le fue fácil hablar del hambre infantil, de desahucios masivos y otras majaderías. Han pasado tres años y la gestión populista permanece inane.

Nos jugamos el cambio de sistema

Lo que muchos no han comprendido aún es que el problema de esta moción de censura no es sólo el cambio súbito de gobierno, sino que nos jugamos la pervivencia del sistema constitucional.

Se dijo que la razón de esta moción ha sido ética, acabar con la corrupción. Pero, ¿quién se lo cree viniendo del secretario del partido de los ERES, Cursos de Formación, Valencia, etc., y de los que lo apoyan, los  del 3%, el separatismo, el neocomunismo, y los filoetarras? ¿No habíamos quedado que el principal problema del país era el golpismo separatista, y a otro nivel la corrupción, pero de todos, no solo del PP?

Que los motivos de esta moción son torticeros lo demuestra el pretexto elegido: una sentencia recurrible, dictada por un juez de conocidas ideas izquierdistas, referida a personas del PP de hace 10 años, y que no condena penalmente al partido. Por cierto, una sentencia magnificada por C´s, el partido que levantó la liebre de la moción y que paradójicamente más ha perdido, porque no habrá elecciones.

La moción de censura es un procedimiento constitucional riguroso, con altura de miras y fines constructivos. No puede conllevar motivaciones falsas. Si la moción se basa en la mentira y el acuerdo de un revoltijo de partidos sin programa, puede ser formalmente legal, pero se convierte en un golpe de mano parlamentario. Y esa es la sensación que ha quedado.

De repente, tenemos en La Moncloa a un ególatra de biografía huera, veleta aunque muy tenaz, que ha sacado los peores resultados socialistas en sendas elecciones generales, que sólo ha ganado unas primarias entre militantes podemizados, y que una semana antes parecía comprometido con el apoyo a Rajoy frente al separatismo.

El PNV, siempre traidor, se sumó al final al verdadero motivo de la moción: echar a Rajoy. La pulsión peneuvista de tener un gobierno español débil, de dividir a los constitucionalistas, es decir, de erosionar a España, predominó sobre el pragmatismo, y ahora, como C´s, el PNV puede perder al no recibir el dinero pactado con Rajoy.

Hay que tomar conciencia de que el populismo intentará desbordar el sistema (y gastar ruinosamente), y el soberanismo, avanzar en su afán por romper España. Ambos gobiernan ya las principales ciudades y regiones españolas, además de sostener un gobierno central moldeable.

Violencia de baja intensidad

Como aún no ha tenido lugar la egocéntrica moción del “ruina” Sánchez, hoy llamaré la atención sobre algo que me preocupa desde hace tiempo: el clima de violencia de baja intensidad que de vez en cuando aflora en Cádiz.

Todo tiene su origen en el 15M, ese mayo del 68 repetido como farsa. En Cádiz, el 15M también impulsó a la extrema izquierda (aquí se evita llamarla así), cuya primera acción fue ocupar Valcárcel durante meses. Su desalojo forzoso en 2012 hizo que sus ocupantes, en protesta, reventaran una conferencia en la UCA. Tres agentes fueron heridos tras la lógica intervención policial.

En la madrugada del Carnaval Chico de 2013 la policía disolvió a grupos que impedían la limpieza viaria. Decenas de chirigotas “ilegales” montaron en protesta una grotesca plataforma del “exilio” que ese verano, y hasta la llegada de Kichi, trasladó el carnaval veraniego a Puerto Real. El objetivo, obviamente, era desgastar como fuese al gobierno del PP.

Con Podemos en la alcaldía la política se enturbió aún más. Ya en los últimos años del PP se vivían situaciones en los Plenos -por parte de la clientela cani de Podemos- impropias de un Estado de Derecho. El mismo día de la toma de posesión de González Santos se produjo algo insólito en la España postconstitucional: el acoso (y algo más) de la turba izquierdista a la alcaldesa y concejales del PP saliente.

En 2016, el portavoz socialista fue amenazado por un podemita asistente al Pleno y fueron agredidos los que acudían a la presentación de un libro sobre José Antonio (algo descrito por algunos periodistas como una pelea entre radicales). En 2017 Susana Díaz fue recibida en su visita al Consistorio con graves altercados, y en este mismo mes de mayo de 2018 han aparecido pintadas batasuneras en la casa familiar de Romaní.

El propio alcalde se ha enredado a veces en este sucio clima. Aparte de su “próxima visita será con dinamita” de 2013, empezó su mandato apoyando ante la policía a un hincha expulsado del Estadio, y más tarde se negó a poner calle a Miguel Angel Blanco y a condenar a Otegui. En estos días, Pedro Mejía lo ha culpado de la brutal agresión que sufrió por haber animado a rechazar la presencia del bus de HO. Esta atmósfera se completa con la violencia sindical, las cloacas de internet, el neoguerracivilismo, etc.

Maite y Teresa

La disolución de ETA, es decir, su derrota, ha sido una buena noticia para nuestra democracia. Hoy, debemos mostrar nuestro agradecimiento sobre todo a los Cuerpos de Seguridad, al periodismo más decente, y a los focos civiles de resistencia como ¡Basta ya! y el Foro de Ermua. Llama la atención cuantas mujeres valerosas lideraron esos focos, como Consuelo Ordóñez, María San Gil, Rosa Díez, Carmen Iglesias, Edurne Uriarte, Cristina Cuesta, Maite Pagaza o Teresa Jiménez Becerril. Por cierto, las dos últimas, Maite y Teresa, estarán en la Fundación Valentín de Madariaga de Sevilla, mañana a las 19,00.

Pero cuidado, si bien ETA ha muerto, su proyecto de romper España está muy vivo, y esto sí que tiene mucho calado político, más que el chalet de Pablo Iglesias junior, “Villa Gente”, que lo tiene pero a otro nivel.

ETA ya no mata físicamente, pero sí civilmente. El clima de acoso contra los no nacionalistas sigue en el País Vasco y Navarra con la complicidad del populismo, como se ha visto en Alsasua, donde los amigos del que vive en un pisito de La Viña se han manifestado… ¡a favor de los agresores de los guardias civiles y sus novias! Además ese proyecto de ruptura ha estallado en Cataluña y crece con fuerza en cinco regiones, en dos de ellas con el impulso socialista (vaya, ahora que Sánchez aprende). Si el Estado no reacciona, la cohesión de España peligra.

Con respecto a ETA, hay que anteponer la Justicia al perdón y a todo, porque como dice Mayor Oreja la única verdad del terrorismo son las víctimas y el sufrimiento de sus familiares. El Estado debe velar por el cumplimiento de las penas íntegras, sin componendas, y seguir investigando sin descanso los más de 350 crímenes sin aclarar. Y transmitir el relato de lo que pasó de verdad: que todo un pueblo estuvo aterrorizado por una banda de asesinos.

En todos esos territorios donde el separatismo crece, sobre todo en Cataluña, hace falta además de la acción estatal, el apoyo de la intelectualidad y de los partidos españolistas para recuperar la enseñanza, declarar la libertad de lengua, impedir el control separatista de los medios públicos, denunciar las falacias nacionalistas y defender sin complejos a ese gran país que es España, mostrando los argumentos históricos y las ventajas objetivas de permanecer en una en España unida.

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