Vox, PP, C´s, ¿liberales?

Llegan las elecciones. Hasta ahora todos los partidos españoles han sido socialdemócratas, pero por primera vez, tres partidos, Vox, PP y C´s, se atreven a proclamarse liberales. ¿Lo son en realidad? Esto es secundario, lo importante es  que el paradigma ideológico está cambiando, para espanto socialista.

El liberalismo español nace en Cádiz, y es el precedente de la democracia actual. En la contemporaneidad, los liberales han estado más unidos a la derecha porque ésta defiende la libertad frente a la igualdad. Los liberales defienden la igualdad ante la ley, pero no la igualdad coactiva y de resultado, propia de los socialistas. Lo de ser socialista a fuer de liberal de Prieto es una majadería. La defensa de la libertad del individuo, el derecho a elegir (seguro médico o colegio, por ejemplo), el gobierno limitado, el mercado libre, la independencia de poderes, la defensa de la propiedad (verbigracia, frente al ocupa), y un estado mínimo, son principios liberales universales que no se contradicen con una beneficencia estatal para el que la necesite.

Hagámonos las preguntas de Lacalle. ¿Es Vox liberal? No. ¿Hay liberales en Vox? Sí. ¿Es el PP liberal? No. ¿Hay liberales en el PP? Sí. ¿Es C´s liberal? No. ¿Hay liberales en C´s? Sí. ¿Es el PSOE liberal? No. ¿Hay liberales en el PSOE? No.

Si todos han sido y son socialdemócratas desde hace más de un siglo, incluso Franco, ¿no convendría darle una oportunidad a la libertad, como han hecho hasta los nórdicos? El PP de Rajoy era socialdemócrata, independientemente de sus aciertos políticos, que los tuvo. El PP de Pablo Casado es mucho más liberal. En sus propuestas hay una bajada de impuestos que apunta hacia el principio liberal del derecho a disfrutar del esfuerzo de cada uno. Y recortar una deuda que pagarán nuestros hijos. En Andalucía sin embargo, el PP es un animalillo de especie por descubrir, aunque huele a socialdemócrata.

Vox es un partido que presenta un programa económico liberal, con una bajada de impuestos plausible. En cambio presenta propuestas intervencionistas, especialmente en el terreno de la moral conservadora. No está claro desde el liberalismo si es mejor una España autonómica o centralista, como propone Vox. La competencia entre administraciones regionales ha sido beneficiosa -la bajada de impuestos en Madrid, pongo por caso-. C´s tiene a dos grandes liberales, Girauta y Vargas Llosa. Pero su vocación de centro le hace fluctuar demasiado. De hecho tiene muchos votantes “progresistas” y puede acabar sustituyendo en la izquierda al PSOE. Ojalá, dada la tóxica influencia del socialismo en la Historia de España -salvo con Felipe, y aún así-. Me gusta el auge de C´s, pero como dice Sostres, hay sólo dos partidos que garantizan que no volverá a gobernar el Felón.

El lado correcto

Mi condición de liberal (poco doctrinario) me inclina a desconfiar de los políticos. Sin embargo la política nos obliga a tomar partido, en especial en momentos como este, de verdadera encrucijada para España. Por un lado están los que defienden la Monarquía constitucional, la reconciliación de la Transición y la unidad de España. Es el lado correcto. Por el otro, los que quieren, o no les importa, trocear la nación española y los que persiguen el modelo de Venezuela, todos ellos enemigos de la Constitución y de la Transición democrática.

En el primer bando están Vox, PP, C´s, algunos barones del PSOE, y la socialdemocracia clásica (de Felipe), siempre tan necesaria como pilar de la democracia. En el segundo el PSOE de Pedro Sánchez –un ególatra aupado por unas bases inmaduras y revanchistas- el PNV, Podemos, el independentismo catalán y los bilduetarras. En otras palabras, el socialismo irredento (más el tardocomunismo) y el separatismo. Una coalición desestabilizadora, que históricamente ha usado todos los medios, sobre todo insurreccionales, contra la monarquía constitucional, la unidad de la nación, la religión y la propiedad, y en pos del caos, la ruina económica y el guerracivilismo. Apunten algunas fechas en que lo intentaron o consiguieron, 1907, 1917, 1931 (la quema de iglesias), 1934, 1936, 2004 (13-M) y 2017 (27-0). Antes, otras fuerzas izquierdistas y separatistas también hicieron lo mismo (1873).

Hoy, tras la engañosa moción de censura a Rajoy, ha reverdecido esa alianza antisistema. Pero también, como en otros momentos, la nación ha reaccionado. Gentes que ya no tienen  miedo de ser llamados “fachas” y que sienten un sincero amor por una patria unida, democrática y reconciliada. Primero fue el discurso del rey, luego las banderas en los balcones, después la manifestación de Barcelona y ahora la de Colón. Por cierto, una reacción pacífica de verdad, con banderas constitucionales, con el inocente “Viva España” de Manolo Escobar y no con el “A galopar hasta enterrarlos en el mar” de Alberti, sin policías heridos, ni encapuchados, ni contenedores ardiendo. Son familias que no gustan de la agitación, que se quejan poco y trabajan mucho, y que le pedían al Felón que cumpliera su palabra de convocar elecciones. Pues bien, por fin parece llegado el momento.  Es la hora de España.

Juan Negrín

Del 9 al 15 de febrero se van a celebrar en Jerez, con motivo del 80 aniversario del fin de la Guerra Civil, unas jornadas dedicadas al exilio republicano, con el presidente Negrín como protagonista.

Juan Negrín fue un médico dedicado a la investigación que abandonó su carrera para afiliarse al PSOE en 1929. En 1937 fue nombrado presidente del gobierno del Frente Popular hasta el final de la guerra en 1939, y hasta 1945 en el exilio. En 1946 fue expulsado del partido por Prieto.

Durante años, Negrín fue vituperado no sólo por el franquismo, sino por el propio bando republicano, acusado de ser una marioneta comunista y de alargar el conflicto cuando estaba ya perdido. Precisamente el fin de la guerra viene por un golpe en las filas republicanas contra el gobierno de Negrín y los comunistas, que practicaban una fuerte represión contra anarquistas y socialistas. Costó 2000  muertos. Uno de los participantes del golpe fue Besteiro, socialista, que prefirió intentar un acuerdo con Franco a seguir bajo el dominio comunista. Besteiro, aunque también marxista, fue el único moderado del PSOE que estuvo contra la insurrección de 1934, por lo que fue aislado del partido. Fernando de los Ríos en cambio, el “defensor de la libertad” ante Lenin, sí apoyó la revolución.

En los 90 Negrín fue biografiado, pero no será hasta el siglo XXI cuando aparecen biografías más sistemáticas, de Miralles, Moradiellos y Jackson, todas laudatorias. Fue un gran gestor, cosmopolita y políglota. También un bon vivant acusado de satirismo no sólo por sus enemigos. En realidad su estrategia de guerra fue la única posible: resistir hasta enlazar con la inminente guerra europea, no para defender la democracia, como se dice falazmente, sino en pos de una “democracia de nuevo tipo”, precedente de las prosoviéticas posteriores.

Sus graves errores predominaron sobre sus aciertos. Incautó bienes de los españoles de la zona republicana, entregó con secretismo el oro de la reserva española a Stalin, quedando bajo su control político, expolió el Patrimonio, practicó el terror contra sus propios aliados, encubrió el asesinato soviético de Nin, huyó del país abandonando a miles de milicianos, peleó contra Prieto para hacerse con el tesoro expoliado del yate Vita en México, y multiplicó los costes en vidas y bienes al alargar la guerra.

Mal perder

Perder el gobierno de Andalucía –un régimen, más bien- ha provocado una reacción antidemocrática en el partido socialista y sus aliados. Esto es algo que no es nuevo. Como dice Juaristi, la democracia fue un invento liberal con el que los socialistas no tuvieron nada que ver. En 1912, los socialistas se negaron a celebrar el centenario de la Constitución liberal de Cádiz por ser una constitución “burguesa”. En 1933, una CEDA respetuosa de la legalidad ganó las únicas elecciones limpias de la República. ¿Qué hicieron los socialistas? El PSOE, principal partido de la oposición, pretextó un supuesto peligro de fascismo (¿les suena?) para organizar una insurrección que costo 1.400 muertos.

Históricamente, la democracia ha sido aceptada por la izquierda populista siempre que sus instituciones hayan podido ser ocupadas para acercarse al objetivo del socialismo, es decir, del poder perpetuo del partido. Es lo que pasó en la Europa del Este, estuvo a punto de pasar en Chile, y pasa en Venezuela.

La democracia liberal ha sido considerada “burguesa” por el socialismo hasta que llegó González (en los papeles del partido, hasta los 90), único líder en toda la Historia  del PSOE cuyo carisma consiguió atemperar su alma revolucionaria. Un alma que empezó a reverdecer de nuevo con Zapatero el 13 de marzo de 2004, cuando los socialistas asaltaron las sedes del PP en toda España. Y que continúa con Falconetti.

Uno de los recursos del socialcomunismo para imponer su programa liberticida ha sido la movilización callejera de los “explotados”, en realidad de las organizaciones izquierdistas afectas. Hoy, lo de la explotación ya no cuela y ha sido sustituido por un nuevo odio manipulador, el que fomentan las organizaciones subvencionadas del socialfeminismo -más de 2000 en Andalucía- ante una supuesta merma de sus derechos (léase privilegios legales). Ellas fueron quienes, alentadas por la perdedora Susana Díaz, se lanzaron contra el fallo de las urnas, rodeando en Sevilla la sede de la soberanía popular.

En Cádiz, el turnismo democrático se ha enrarecido aún más. Recordemos la salida del Ayuntamiento del anterior gobierno del PP, rodeado por la turba populista, y en estos días, los disturbios contra el resultado electoral atizados por un gobierno municipal bolivariano también en su utilización de la chusma adicta.

Érase una vez América (II)

San Francisco es diferente a Nueva York. Aunque tiene su skyline, su paisaje urbano lo forma un conjunto de bellísimas casas victorianas, todas diferentes. Ninguna de las dos urbes parecen europeas, como dicen algunos progres. Para hacerse con la ciudad, lo mejor es coger uno de los tranvías que recorren sus empinadísimas cuestas. Chinatown, el barrio chino más grande fuera de China, es otro mundo.

San Francisco se parece a Cádiz, salvando las distancias. Es una península unida al continente por el impresionante Golden Gate, tiene una gran bahía, y el Pacífico le queda a un lado, por lo que sufre de un poniente caletero permanente no muy agradable. Desde la más famosa de sus colinas, Twen Peaks, se ve Market St, una especie de diagonal barcelonesa llena de tiendas. En algunas de sus callejuelas adyacentes se generaron las principales empresas informáticas del mundo, como Apple o Google. El libre mercado ha convertido a California en la quinta economía mundial. Paradójicamente la ciudad, al contrario que Nueva York, está llena de vagabundos, producto del efecto llamada de sus políticas de “ayuda”, algo que terminará pasando en Cádiz si continúan estos munícipes. En San Francisco tuvieron lugar los primeros movimientos por los derechos civiles de las minorías. Esa mezcla de libre mercado y libertad moral hizo concluir a Revel que la verdadera Revolución no era la comunista Cuba, sino la liberal California. Castro fue el primer barrio gay del mundo. Es elegante y civilizado (no es Chueca), al contrario que el Haight-Ashbury, el barrio hippy del verano del amor del 67, hoy lleno de perroflautas. Patear sus calles, ver la casa de Jimmy Hendrix o Janis Joplin lleva a la emoción de sentirnos en el lugar origen de todo lo que vivimos, pero también a la desazón por la deriva actual.

En San Francisco hay que ir en barco a Alcatraz, pasear por los parques y las playas (poco frecuentadas por el frío), recorrer Lombard St y Alamo Sq, y visitar los muelles (Fisherman´s Wharf). Las casas ricas no están enrejadas porque la propiedad es sagrada mental y legalmente. Por si fuera poco, allí se entiende de vinos. Aconsejados por una jovencita ya experta, probamos un tinto californiano del Valle Napa, exquisito. Hay gran higiene en los baños (no hay que tocar nada). Eso sí, todo es muy caro.  

Érase una vez América (I)

Acabo de regresar de mi tercer viaje a Nueva York y el primero a San Francisco. Según Sostres los EEUU son la mejor idea que ha alumbrado la Humanidad en siglos. Por mi parte considero que no ir a Nueva York, al menos una vez, es como vivir en tiempos del imperio romano y no visitar Roma. Aunque el espíritu y la energía de esta megalópolis permanecen intactos, algunas cosas han cambiado. Ahora se ven muy pocos vagabundos, la contaminación se ha reducido considerablemente, sale menos vapor de las alcantarillas (una pena) y han resurgido con más brío y altura nuevos rascacielos. Es impresionante contemplar los levantados en la Zona Cero, especialmente el One World Trade Center, el más alto de la ciudad. El Memorial 9/11, un bello lugar cargado de reflexión, lo conforman dos fuentes situadas en el lugar de las Torres derribadas con inmensas cascadas que caen hacia el interior de la tierra y rodeadas de árboles, uno de los cuales sobrevivió milagrosamente al derrumbe.

Tras repetir experiencias conocidas, como tomar el magnífico aperitivo del Hotel Plaza, pasear por el puente de Brooklyn o subir al Empire, esta vez fui por primera vez a una Misa Gospel en una de las iglesias de Harlem. La misa, lejos de la solemnidad católica, se presenta como un espectáculo de música espiritual cuyo apasionado ritmo es seguido por la comunidad negra. En la Frick Collection, un museo de los aconsejables, pequeño y con pinturas de los mejores -Tiziano, Vermeer, Rembrandt, Goya, Piero de la Francesca, etc.- quedé sobrecogido ante el cuadro de Bellini que describe la misma “Visión de San Francisco” de nuestro maravilloso Greco del Hospitalito de Mujeres, si bien de estilos muy distintos. También descubrí un cuadro de Manet dedicado a los toros. Otro gran artista taurófilo que se añade a la numerosa lista de Andrés Amorós.

Como siempre, lo peor fue la comida –hay que gastar si se quiere comer bien-, las propinas “obligatorias”, los altos precios, ay, en especial de la cerveza y el vino, el olor a óxido de los puestos de perritos calientes, las aglomeraciones y el árbol del Rockefeller, muy sobrevalorado. Lo mejor esta vez, la espectacular iluminación navideña y la habitación del hotel, en una planta 19, haciendo esquina con la sexta y rodeada de rascacielos. En la próxima columna, San Francisco.

¿Por qué decae el voto de izquierda?

La principal razón es que la izquierda está intentando un cambio sustancial de régimen en colaboración con los separatistas que quieren trocear España y la complicidad de este PSOE de Sánchez. Esto por sí solo ya es suficiente razón. Pero hay más.

Hay hartura por los excesos de una izquierda que empieza a no representar a la clase media trabajadora que ha sostenido este periodo constitucional de paz y prosperidad. Ahora representa más bien a un entramado de élites estatales, académicas y mediáticas, que nos dicen qué se debe pensar, hacer o rechazar. Pocos se atreven a hacerles frente en público so pena de ser estigmatizado como fascista. Se falsea la realidad para promocionar la victimización de colectivos que luego son controlados políticamente. España es un país seguro y los crímenes contra las mujeres están a la cola de Europa y sin embargo las mujeres tienen miedo, hay leyes discriminatorias contra los hombres y se reprime el alto porcentaje de sobreseimientos y denuncias falsas. Se oculta la violencia machista si es de los emigrantes porque tiene más importancia la lucha contra la supuesta xenofobia (y contra la prisión permanente) que la protección de la mujer. Se evita llamar neocomunista a Podemos y golpista al separatismo, pero en cambio se repite una y otra vez que Vox es de extrema derecha.

El amor natural a la patria es cotejado de fascista y se falsea la Historia de España. Se decreta una ley de memoria que, bajo pena, dicta la mentira de que anarquistas, socialistas bolchevizados y comunistas eran demócratas. Un socialista dice que la caza y la tauromaquia son casposas. Pero la primera favorece el equilibrio ecológico y la segunda permite la continuidad del toro de lidia. ¿Son casposos Lorca, Picasso o Sabina? Abundan los subvencionados y subvencionadas corruptores del lenguaje. Los telediarios callan las muertes de hombres a manos de sus parejas femeninas (Chiclana). Se silencian los éxitos de gobernantes enemigos, como Trump, y se evitan las salvajadas de las dictaduras amigas como Irán. Se tolera escandalosamente la figura del ocupa en los barrios mientras líderes progres viven en lujosas urbanizaciones vigiladas. No paran de meter la mano en nuestra cartera a base de mentiras. Por todo eso y más, la nación despierta y la izquierda decae. The times they are a-changin´.

Mi amigo y Vox

Me encuentro con ese entrañable amigo que siempre me recuerda que soy el único columnista de Cádiz que luchó contra Franco en vida de éste.

-Hola Rafael, Por fin parece que va a haber un cambio en Andalucía.

-Así es. Ha sido una sorpresa.

– A mí me parece que la sociedad andaluza ha reaccionado a muchos despropósitos: a los excesos de la extrema izquierda, a los intentos de reavivar el odio guerracivilista, y desde luego, a la corrupción, el paro y el clientelismo andaluz. Pero sobre todo a los miramientos de Sánchez con los que quieren destruir España.

-Estoy de acuerdo. Vox simboliza ese voto de “basta ya”, aunque su programa contenga algunos puntos controvertidos.

– Bueno Rafael, Vox es la derecha sin concesiones. Pero no más. Nada que ver con el peligro podemita y separatista que mantiene en España un proceso para acabar con el “Régimen del 78” y trocear el país. Ése sí es un peligro real que hasta ahora tiene al gobierno de cómplice (incluso si el gobierno se revuelve contra el separatismo será a partir de la lección andaluza). Resulta risible que Susana pida detener el extremismo de Vox cuando Sánchez ha pactado con golpistas, comunistas y bilduetarras. Vox no es el problema, es en todo caso la consecuencia del problema. Es verdad que algunas de sus propuestas rechinan, aunque respecto a las autonomías, ¿quién no recentralizaría la educación y otras competencias?

-No sé, no sé. Y lo de la inmigración?

-Yo creo, Rafael, que ellos apuntan a integristas musulmanes y delincuentes. Yo no los he votado pero creo que al menos Vox ha llevado a la política lo que no se podía decir más que en familia o con los amigos, si no querías contar con represalias y difamaciones: las denuncias falsas, las mentiras sobre la Historia de España, llamar al golpismo por su nombre o los problemas migratorios. Lo importante es que Vox no cuestiona nuestro modelo social como sí lo hace el conde de La Navata, que pretende una sociedad neocomunista. Vox por el contrario enarbola la bandera constitucional que los podemitas rechazan, defiende la unidad de España, la Monarquía y la propiedad. Y pretende afrontar  la lacra de los crímenes contra las mujeres de otra forma que con leyes discriminatorias para los hombres.  

– Mientras tanto, en Cádiz, el gobierno municipal lanza a sus turbas contra los votantes de Vox…

Trapiello: la izquierda adorable

 

No toda la izquierda política es la socialpodemita, mayoritaria en las tvs y redes sociales. Hay una izquierda moderada, firmemente constitucionalista, contraria a la política de este gobierno aliado de comunistas y separatistas, que o bien habita callada en el PSOE (eso espero) o formó parte de esa generación de la época de González y Guerra que, con sus errores, tantos servicios prestó a España. Algunos de ellos, aún siguen manifestando a contracorriente su pedagogía de patriotismo y sensatez, como Joaquín Leguina, Francisco Vázquez o Rosa Díez.

Pero no es sólo en algunos políticos donde pervive esa socialdemocracia. También entre escritores, intelectuales y artistas. Tengo una lista de preferidos, entre los que mencionaré al adorable Fernando Savater, criticado indignamente por el gobierno junto a los que fueron a Alsasua, a Félix Ovejero, que ha publicado “La deriva reaccionaria de la izquierda”, a Arcadi Espada, prosista sutil y valiente crítico del separatismo xenófobo y el gigante prisáico, y por fin, a Andrés Trapiello, quien acaba de publicar su documentado y sugestivo, “El Rastro”, sobre el emblemático mercado madrileño. Desde que le leí “Las armas y las letras”, un libro imprescindible para conocer con rigor todo sobre literatura y guerra civil, quedé cautivado por su escritura y su decencia intelectual. En ese libro rebatió varios mitos históricos: que no hubo más y mejores escritores defendiendo la República, sino el mismo número en un bando que en otro; que el grueso del exilio marchó en 1936 desde territorio frentepopulista y no tras la victoria de Franco; y que hubo escritores perseguidos por ambos bandos como Clara Campoamor o Chaves Nogales. Entre otros méritos, Trapiello ha reimpulsado El Quijote y ha contribuido, editándolos, a que maravillosos reaccionarios, como Sánchez Mazas, César González Ruano o Agustín de Foxá, silenciados por la dominante propaganda de los vencidos, empiecen a ser apreciados. Por si fuese poco, en estos días ha resumido muy bien la situación española: “Felipe VI defiende mejor los valores republicanos de la Ilustración que Quim Torra”.

En Cádiz, tendría que haber estado con toda justicia en esta lista de la izquierda solvente, necesaria y patriota, un amigo que nos ha dejado recientemente: el doctor Leopoldo Martín

Disuasión

 

 

La Historia demuestra que a veces las sociedades eligen pegarse un tiro en el pie o incluso suicidarse. Ocurre por motivos diversos, como cuando encumbran a un líder dictatorial, se encaminan hacia el nacionalismo xenófobo o votan medidas económicas que se saben ruinosas por la experiencia y la ciencia. Fue esto último lo que le pasó a Argentina con Perón. El país era una de las primeras potencias económicas del mundo, pero la continuidad de las políticas populistas lo arruinó. En un nivel mucho menos traumático, por ahora, da pena ver en estos días como Inglaterra corre el peligro de la división interna por su confusa ruptura con Europa para tristeza de los que somos anglófilos de toda la vida y admiramos ese modelo de democracia liberal evolutiva que evitó la guillotina francesa y nos salvó la libertad derrotando a Hitler (Churchill) y derribando el muro de Berlín (Thatcher).

En especial, los procesos encaminados hacia la tiranía, no sólo requieren de vanguardias organizadas y coactivas a su favor sino falta de conciencia o ausencia de resistencia de los que no hacen nada por evitarlo. Hay veces en la Historia, que los sistemas constitucionales han tenido los medios legales para evitar estos males con medidas  disuasorias y no lo han hecho por debilidad o error.

Veamos algunos ejemplos. A Hitler se le condenó a una ridícula pena que no cumplió tras el golpe de estado que dio en 1923. Chávez pasó sólo dos años de cárcel por su golpe en Venezuela, pues su caso fue sobreseído por un gobierno interesado. Largo Caballero fue indultado al poco tiempo de liderar la huela general revolucionaria de 1917. La insurrección del separatismo y la izquierda contra la República condenó a unos culpables que fueron amnistiados a la carrera por un gobierno frentepopulista apoyado por los antiguos insurrectos.Todos estos casos trajeron consecuencias trágicas o indeseables. En cambio, la condena a 30 años de Tejero surtió un formidable efecto estabilizador. En Cataluña, pero también en toda España, volvemos a los riesgos antidemocráticos de los años 30. Lo importante es que todo el que atente contra la Constitución sepa que pasará muchos años en la cárcel. Disuasión. Así se evitará la posibilidad de la tragedia. Por eso es tan importante que la sociedad civil apoye a los jueces y que el estado los proteja.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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