El doctor Sánchez y la prensa

La reacción de la prensa española ante la tesis de Sánchez muestra el grado de cinismo en el que nos encontramos. Por un lado, la prensa no de izquierda, explicaba con profusión las irregularidades de la tesis. Así, Javier Chicote en ABC ofrecía exhautivos argumentos sobre los párrafos plagiados por Sánchez, Negre en El Mundo se extendía sobre las irregularidades en torno al Tribunal, y Carlos Cuesta y otros en OK Diario trataban de la génesis de la tesis express. En el otro lado, la prensa afín al gobierno, en ningún momento intentaba rebatir estas acusaciones, simplemente las ignoraba o se limitaban a publicar las manifestaciones del presidente de que esas acusaciones eran falsas.

Sé lo que digo. He copiado todos los titulares y fotos del día 13 de los principales periódicos españoles al respecto. Tengo la intención de subirlo a mi página web.

Lo curioso es que Moncloa dijo que un plagiómetro propio había detectado que “sólo” un 13, 9 % del texto era plagio, es decir ¡unas 47 páginas! El propio presidente, tras mentir en el Parlamento diciendo que la tesis era accesible, amenazó a la prensa crítica con una querella que hasta hoy se ha quedado en nada -si se sabe calumniado, tiene la obligación de ir a los Tribunales: o miente él o mienten estos medios-, y publicó en Facebook, con fallos de redacción impropios de un escolar, que “admitía no haber tenido tiempo para investigar”.

De todas formas lo más decepcionante han sido los telediarios. Aquel día 13, Antena 3, que hasta ese momento me parecía la tv menos sesgada, fue la única que contó los plagios del presidente. Pero mi gozo en un pozo. Al día siguiente, junto a las demás cadenas, dio por válida las afirmaciones de Moncloa sobre el no plagio, incluida la de que en una tesis es lícito copiar hasta el 14%. Sin duda, en España se ha instalado la mentira, si pensamos que la mayoría de la población se informa de las noticias a través de los telediarios.

En Cádiz, algunos que vienen criticando con saña a un concejal del PP a propósito de otra tesis aún no han dicho ni pío sobre Sánchez, quién por cierto no hace tanto tiempo llamó indecente a Rajoy (genial Arcadi Espada sobre la falta de escrúpulos de este presidente).

De fondo queda una vez más aplazado el sustancioso debate sobre la corrupción universitaria.

TVE purgada

Una de las medidas recientes adoptadas por el presidente Sánchez ha sido la de entregar TVE al comunismo bolivariano. La Tverka, así es como Eduardo Inda ha denominado acertadamente a una TVE que nos cuesta el dinero a todos y que ha emprendido una purga contra periodistas independientes. Se habla de más de 80 profesionales cesados o degradados, amén de una veintena de tertulianos. Y todo eso, ante el silencio del periodismo afecto al poder. ¿Recuerdan las protestas y quejas de periodistas que se produjeron a favor de Julia Otero y Ana Pastor cuando se sintieron dañadas?

Uno de los cambios que primero se ha notado ha sido la destitución de Sergio Martín en los “Desayunos” a favor de Xavier Fortes, que se estrenó diferenciando a España y Cataluña como países distintos. También se ha notado en caras muy profesionales y estelares,  como Jesús Álvarez, Raquel Martínez, Pilar García Muñiz, Pedro Carreño, Javier Cárdenas, Inés Ballester y Víctor Arribas, que dirigía una exquisita y ponderada tertulia  en 24 Horas. De momento, TVE ya ha perdido el liderato de audiencia de los informativos a favor de otra cadena.

Es verdad que la TVE, y en general todos los medios públicos, desde las postrimerías del franquismo, han estado en manos de la izquierda, aunque en épocas del PP la cosa se disimulaba…o no. Aún recuerdo aquel venerado Informe Semanal con la infumable Carmen Sarmiento, muy premiada por el progresismo rancio. Pero ahora, con este presidente ocupa, el poder estalinista y del socialismo resentido (hay otro, espero) ha irrumpido toscamente, como suele.

La metáfora de lo que cierta izquierda entiende por una TV pública es Canal Sur, un compendio de programas de niños resabiados, viejos picarones y casticismo, bajo una estética magrebí. Indigna en especial un sórdido programa dedicado a desenterrar las barbaridades de los nacionales en la Guerra, sin que jamás aparezca atisbo alguno del terror rojo, más intenso (Martín Rubio).

En Cádiz, se impuso la idea de que Onda Cádiz, con el PP, no era objetiva. Era verdad. Pero eso se llama hipocresía. Ningún medio público lo es ni lo ha sido nunca -lo de la BBC es una leyenda urbana-. Según me dicen, ahora Onda Cádiz tiene un acentuado aire venezolano, sin que nadie proteste.

Pero volvamos a TVE. Yo también le doy un adiós, espero que temporal.

Presidente inane

La gestión de este Presidente no votado se ha convertido en un disparate manifiesto. Repasemos la lista de sus autocorrecciones y despropósitos.

En tres meses de gobierno ya ha cogido vacaciones; se fue con su señora en un avión oficial a ver a un grupo musical; cambió en dos días al divertido ministro de Cultura; tras recibir al Aquarius con gran despliegue propagandístico en plan “qué solidarios somos”, y comprobar el efecto llamada, cambió radicalmente de estrategia sobre la inmigración; ha legalizado sin enterarse a un sindicato que promociona la actividad profesional sexual; ha cambiado varias veces de ideas sobre el Valle de los Caídos, pero eso sí, ha prometido valientemente desenterrar a Franco antes de Navidad, pese a las peligrosas amenazas (¿) de la familia; pretende imponer una Comisión de la Verdad oficial sobre la Guerra Civil, quizás con el objeto de enterrar terribles e incómodas verdades históricas referentes a su partido; tras las purgas de periodistas en TVE, sus informativos han cedido el liderazgo que ostentaban desde hacía meses; mientras que en Andalucía los socialistas acusados de los ERES gozan del respaldo jurídico estatal, decidió dejar sin defensa al juez Llarena frente a las acusaciones independentistas, para a continuación, tras la protesta de jueces y fiscales, apoyarlo; quiere que no haya control del gasto -una idea típica de una izquierda siempre ávida de deuda e impuestos-, para lo cual intenta neutralizar las funciones constitucionales del Senado, un hecho grave; pretende una consulta en Cataluña -que va contra el TC- para un nuevo estatuto, con la idea de distraer (inútilmente) a sus aliados independentistas; y por último, ha conseguido desacelerar la economía y que el paro suba por primera vez desde 2011.

Sólo ha adoptado dos medidas sin titubear. Una, la colocación de decenas de amigos y familiares al mando del estado, entre los que se encuentra su propia mujer. Y dos, no convocar las elecciones generales prometidas.

Hasta ahora se intuía lo que ya se ha demostrado de forma fehaciente, que este hombre no guarda ningún talento. Pero es que además- y esto es grave- está maniatado por los enemigos de España y aspirantes a dinamitar el pacto constitucional: los comunistas bolivarianos, los herederos de ETA y los golpistas catalanes.

 

Joaquín Lueguina ABC La izquierda colonizada

OAQUÍN LEGUINA – TRIBUNA ABIERTA

La izquierda colonizada

«Los verdaderos problemas carecen de visibilidad porque todas las luces apuntan casi en exclusiva a los problemas identitarios, ya sean de separatistas o de feministas radicales»

Joaquín Leguina

Actualizado:

EN todo movimiento identitario no sólo late un espíritu gremialista, también está presente el complejo de superioridad, escondido a menudo bajo la capa de la más cínica de las humildades. Empecemos por el nacionalismo. Lo hemos oído con frecuencia: «Los vascos (los catalanes, los gallegos…) no somos superiores a los españoles, lo que sí somos es distintos». Cualquier ser humano es distinto de otro pero cuando esta palabra se aplica a una colectividad entramos en un terreno en verdad resbaladizo y lleno de trampas. Desde luego, la igualdad de derechos no hace iguales a los distintos, pero a estas alturas nadie podrá negar que esa igualdad (la de derechos) ha representado un salto muy positivo para la Humanidad.

En el caso del nacionalismo, la conclusión política a la que lleva ese «ser distinto» (que los nacionalismos periféricos han colgado de la lengua y también en otros rasgos distintivos, como la pretendida mayor laboriosidad, u otros rasgos culturales, desde la gaita, la sardana o el zortziko) es que ellos tienen más derechos y de poco vale oponer a ese sentimiento una montaña de razones reclamándonos ser todos libres e iguales, pues esas razones les entran a los nacionalistas por un oído y les salen por el otro.

Pero no es sólo el nacionalismo el que predica la supremacía identitaria, también el feminismo radical hace lo mismo. Este movimiento hace tiempo que consideró superada la vieja aspiración igualitaria del feminismo tradicional para pasar, sin pensarlo dos veces, al supremacismo femenino, que busca sustituir la vieja (¿y caduca?) lucha de clases por la lucha de sexos y quien no esté de acuerdo forma un colectivo homogéneo al que ellas motejan de «heteropatriarcado» (como si no hubiera homosexuales que no tragan con esas ideas radicales).

Entre otros muchos casos perversos, el paradigma de las malas prácticas que trae consigo este movimiento colonizado por el radicalismo está en el asunto de Juana Rivas, una mujer que fue empujada y aplaudida para que cometiera varios delitos (secuestro de sus hijos es el mayor de ellos) que le han llevado a recibir un castigo judicial de varios años de cárcel y a perder por largo tiempo los derechos sobre sus hijos. Y ahora, quienes la llevaron en volandas a cometer tales desmesuras siguen agitando las banderas y pidiéndole al Gobierno el indulto. Y es en este campo judicial donde estas radicales han puesto ahora sus ojos para conseguir ser ellas -no los jueces- quienes decidan lo que hay que hacer con las denuncias femeninas de maltrato.

Como niegan que existan diferencias biológicas que influyen en gustos y vocaciones, se limitan a señalar la «brecha salarial», usando para ello indicadores tan simplones como son las medias aritméticas, obviando así lo que verdaderamente explica esa «brecha», a saber: las especialidades profesionales que tienden a escoger las mujeres y el tiempo que son capaces (o proclives) a dedicar a sus actividades profesionales. Y ya se sabe que las medidas incorrectas de las variables dan siempre lugar a soluciones equivocadas.

Y mientras las radicales asaltan los cielos parecen olvidarse de que pese a la igualdad de derechos hay diferencias insultantes contra las mujeres, por ejemplo en el reparto de las tareas familiares, pero quienes sí estamos a favor de la igualdad real entre hombres y mujeres seguiremos siendo tratados por estas radicales como pertenecientes al maldito heteropatriacado. Como todo movimiento identitario, el de estas mujeres denigra al disidente a base de estereotipos insultantes y amenazadores, con la peor consecuencia de todo ello: el silencio de los discrepantes que, siendo legión, asustados por lo que les puede caer encima no se atreven a abrir la boca para protestar ante tanto disparate.

Lo peor es que los movimientos identitarios superpuestos han invadido a los partidos y movimientos de izquierda, tanto a los tradicionales, incluidos los sindicatos, como a los de nuevo cuño. Y ahí los tienes, hablando en público como nunca lo harían en su casa: «compañeros y compañeras», «miembros y miembras…». Y de la verdadera igualdad de oportunidades para los hijos de los de abajo, ¿qué? Mejor olvidarse para ponerse la orden de Puigdemont, de Uxue Barkos, de algún exetarra o de alguna feminista que no me atreveré a nombrar. De esta invasión surge una izquierda incapaz hoy de sostener verdades, como que la desigualdad de rentas entre personas y grupos no proviene ni principal ni únicamente de las diferencias de género, sino mucho más de los orígenes sociales, y que la igualdad de oportunidades está muy lejos de alcanzarse «desde el nacimiento a la tumba», pasando por la escuela, la universidad o el derecho laboral, si es que algo queda de él. Y así casi nadie habla hoy en España del sistema fiscal, cada vez más injusto y basculando en torno a un IRPF que apenas obtiene ingresos fuera de los bolsillos de los asalariados.

¿Y cuál es el resultado de todo ello? Que los verdaderos problemas carecen de visibilidad porque todas las luces apuntan casi en exclusiva a los problemas identitarios, ya sean de separatistas o de feministas radicales. Y es que Sánchez, por ejemplo, sabe que al desentierro de Franco entran al trapo los medios, que no ponen en primer plano ni el desastre fiscal ni los problemas demográficos, aunque estos últimos pueden llevar al país al abismo.

Joaquín Leguina fue presidente de la Comunidad de Madrid

Joaquín Leguina

 

ABC. Salvador Sostres. Nosotros, los nietos de los que ganaron la Guerra (actualización de un viejo artículo)

Publicado por  el Aug24, 2018

Con la exhumación de los restos de Franco, Pedro Sánchez no sólo busca contentar a los suyos sino avergonzar a los que tuvieron un pasado franquista.

Cualquier Estado y cualquier democracia y cualquier libertad está construida sobre una guerra que se ganó, y las victorias militares y la celebración de la Pascua son el gran vigor del mundo.

Se dice como un insulto que tú eres hijo o nieto de los que ganaron la Guerra. Nuestra Guerra Civil, se entiende. ¿Por qué es un insulto ganar una guerra? En cualquier caso tendría que ser insultante haberla perdido, y de aquella manera, y con aquellas siniestras banderas.

Es preferible que no haya guerras, pero fue una suerte que la nuestra no la ganaran los que quemaban iglesias, los de las checas, los del tiro en la nunca en las cunetas, los que falsificaron las últimas elecciones republicanas para dar un golpe de Estado -del que nunca se habla- y ocupar ilegítimamente el poder.

¿Por qué se toma como un insulto que te digan que eres heredero de los que ganaron la Guerra? ¿Por qué es mejor ser familiar de los que por suerte la perdieron y por más suerte todavía no pudieron poner a España bajo la influencia del Pacto de Varsovia?
Cuando todavía era presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, para defender a Lluís Lach de sus declaraciones sobre los funcionarios, le afeó al PP ser el partido de Rodolfo Martín Villa. ¿Quién hizo más por la democracia y por la libertad? ¿Llach o Martín Villa? ¿Puigdemont o Torcuato? ¿Quién es, Puigdemont, por cierto?

Fueron los políticos de la Transición y no los cantantes los que nos aseguraron nuestro actual sistema de libertades. Fue el franquismo quien trajo la democracia a España, y no la Resistencia, articulada mayormente alrededor del Partido Comunista, mucho más totalitario que el Régimen.

Los políticos de la derecha tendrían que curarse del complejo antifranquista. La clase política del franquismo fue brillante y seguramente la más culta y preparada que hemos tenido en siglos. Nadie tiene que avergonzarse de haber sido ministro de Franco, o de que su padre o su abuelo lo fueran, todo lo contrario que aquellas deprimentes ministrillas de Zapatero, que parecían salidas de un anuncio de detergente.

Cualquier Estado y cualquier democracia y cualquier libertad está construida sobre una guerra que se ganó, y las victorias militares y la celebración de la Pascua son el gran vigor del mundo. Aquí en la Tierra no existe lo perfecto, pero sí existe lo peor, que es de lo que en el 36 nos libramos. Mejor que no haya guerras, pero si las hay, que nunca las ganen los comunistas.

 

Aclaraciones Rafael Zaragoza:

  1. Estoy de acuerdo con Sostres aunque no provengo de familia ganadora de la Guerra, todo lo contrario que muchos progres actuales, hijos y nietos de franquistas conocidos.
  2. Luché por la democracia en la clandestinidad, contrariamente a muchos antifranquistas retrospectivos de hoy.
  3. A ambos efectos, véase el apartado “Ficha policial” de esta página web.
  4. Algunos medios, que hoy presumen de antifranquismo, fueron colaboradores activos del régimen.

Cosas que hacer en Cádiz (y IV)

Hoy terminamos con estas recomendaciones personales.

Las torres de Cádiz. Quedan más de cien torres desde las que los comerciantes veían llegar a los barcos de ultramar. Hay una de visita imprescindible, la Torre Tavira, símbolo de la ciudad. En su interior se encuentra la Cámara Oscura desde la que se accede a vistas impresionantes. La única torre que en Cádiz surge desde la planta baja, la Bella Escondida, una pena, es de propiedad particular. La torre de Poniente de la Catedral es otra opción, también espectacular. A la salida tomen algo en la azotea del Hotel La Catedral o en el clásico bar Terraza.

Modernismo.- Lo que define a Cádiz es su neoclasicismo y algunos edificios barrocos, sobre todo iglesias. Pero ello no quita que el modernismo, y en general la arquitectura del siglo XX, no nos haya dejado gotas de belleza. La casa Mayol, frente al Oratorio de San Felipe, es preciosa, pero también el nº 6 de plaza Candelaria. Hay también detalles modernistas en el Royalty, en la sorprendente casa del Banco Aramburu, y en el edificio de Correos, en realidad regionalista.

Arte.- Daré cuatro pinceladas de excelencia, pero hay mucho más: Los increíbles Zurbaranes del Museo, el maravilloso Cristo de la Buena Muerte de San Agustín (¿M. Montañés, Bernini?), que fue visitado por Azaña, los Goyas de la exquisita Santa Cueva y El Greco del bello Hospital de Mujeres.

El nuevo Cádiz.- Lo marcan tres símbolos, el Soterramiento, el impresionante nuevo puente de la Constitución de 1812, de obligado paso, y el Nuevo Estadio Carranza, de los más bonitos de España. No se pierdan un partido del Cádiz. Es especial.

El Puerto.- Aproveche un día que toree Morante para cruzar la Bahía en un barquito. Los mariscos de Romerijo son ineludibles.

Sanlúcar.- Está más lejos pero merece la pena por su Patrimonio y porque es donde mejor se come y bebe de España. Visiten el Palacio Ducal (se puede tomar una copa). También recomiendo visitar alguna bodega, Barbadillo por ejemplo. Antes de comer, una vuelta por alguna taberna como El Guerrita, La Herrería, Aparceros (pidan el ajo) o Los Ases del Arte, único lugar del mundo donde siempre hay cante y toque. Luego, comer en cualquier restaurante de Bajo Guía. Reserven un sitio con vistas al Coto, y por supuesto pidan langostinos y manzanilla en rama.

Cosas que hacer en Cádiz (III)

Seguimos con estas personales recomendaciones.

El Pópulo.- Es la antigua ciudad medieval a la que se entra por tres bellos Arcos, Los Blancos, La Rosa y El Pópulo. Sus callejuelas contienen la casa-palacio del Almirante, los restos de un Castillo y el Teatro Romano, que era más grande que el antiguo Carranza. Bueno para tapear.

El Barrio Santa María.- Llamado “el barrio” en Cádiz, fue construido alrededor del convento que alberga al carismático Nazareno. “El barrio” no es un pastiche como el de Santa Cruz de Sevilla (muy bonito, eso sí), sino un barrio conservado tal cual, con esas altísimas casas de Cádiz, sus palacios y sus callejas. Es el barrio más flamenco.

La ruta del flamenco.- Desde Santa María, calle donde nace Aurelio Sellé, nos dirigimos a la plaza de los Gitanillos de Cai, y de ahí a la Plaza de las Canastas -casi nada-, y a la Merced, donde está el Centro de Arte Flamenco. En la calle Botica nació La Perla, en Santo Domingo los Ortega y Chano Lobato, y en Mirador nacieron Macandé y Enrique el Mellizo. Del barrio del Mentidero era El Beni, y de muy cerca, Pericón. De la calle Libertad fueron Manolo Vargas y el Cojo Peroche, y hoy tiene casa David Palomar. Y del barrio de La Viña era Ramón Jarana (no se pierdan sus desconocidos pero deliciosos cantes), y es Juan Villar.

La ruta constitucional.- Partimos del Monumento de Las Cortes, cargado de simbología. Se hizo para ser visto desde el mar pero hoy lo tapan horrendos edificios estatales. Al lado está el que fue Palacio de la Regencia en 1812, hoy Diputación. Luego seguimos por Arguelles, donde vivió “el Divino” y el conde de Toreno, dos grandes líderes liberales; Ahumada, donde vivió el diputado ecuatoriano Mejía Lequerica; Iglesia del Carmen, donde se celebró el Te Deum; y Veedor, donde vivió Wellington. En San Antonio -se dice que Fernando VII no encontró albañiles en Cádiz que quitaran el rótulo de “Plaza de la Constitución” de esa plaza- está el Casino Gaditano, que fue casa de los Istúriz, y estuvo el café Apolo. Por fin llegamos al Oratorio de San Felipe Neri, sede constitucional y patriótica de todos los españoles. Contiene una Inmaculada de Murillo.

Las rutas del odio.- Ojo con las rutas revanchistas que se ofrecen sobre la Guerra Civil y que ocultan la violencia frentepopulista de antes y durante.

Cosas que hacer en Cádiz (II)

Seguimos con las indicaciones, muy personales, de qué hacer en verano.

Tapas.-  Sitios para no equivocarse (llegar tempranito): El Balandro, en la Alameda. Barra atestada, de lujo. El Barra7, frente al mar. Tradición y vanguardia. Excelentes arroces. La Marea, una de las mejores barras de España. Pídale a Salvi el guiso del día o el arroz marinero. La barra de El Faro tiene cocina aparte, pero tan buena como la del restaurante. Imprescindibles: las tortillitas de camarones. En Cumbres Mayores saboree el jamón de verdad. En Ultr@marinos, un almacén de montañés remozado, estupendas tapas creativas. En el Arsenio Manila pida los huevos ricos: ¡las papas no son congeladas! Si quieren pescado piérdanse por la calle La Palma o El Tío la Tiza, en la Viña. Bares de barrio de toda la vida: El Nono y El Laurel.

La ruta de la ensaladilla.- La ensaladilla de Las Palomas tiene casi 60 años de fama. El secreto está en la mayonesa. El bar Alfa, al final del Paseo Marítimo, tiene una ensaladilla sencilla, pero sabrosa. La Marea ofrece una ensaladilla muy de Cádiz, la de gambas. El Bohemia, en la Avenida, presenta dos tipos, la ortodoxa y la heterodoxa, a cual mejor. La del Garbanzo Negro tiene un gran punto en la cocción de la patata. La ensaladilla de pulpo tiene dos templos: El Rinconcito, y El Balandro, en La Alameda Apodaca, un bello jardín frente a la Bahía, diseñado por el arquitecto sevillano Juan Talavera (Jardines de Murillo). Ya en plan creativo hay que probar la ensaladilla de La Curiosidad de Mauro Barreiro, espumosa y divertida.

Bares especiales.- En el bar Manolo, en la Punta San Felipe -dársena neoyorkina- tocará con la mano los barcos. Déjense sorprender por el “dobladillo” o por la clásica caballa con piriñaca. Un bar de vistas y entorno maravillosos es el Mare´s. Tomando una copa de noche disfrutará de la magia del cielo y el mar de Cádiz. Frente a la Caleta, ahí es nada, está La Quilla, cocina creativa y todo tipo de vinos y licores. Extraordinarias vistas. Abajo, en la playita, está el Club. Muy buen pescado. El Rinconcito, escondido en San Severiano, fríe uno de los mejores pescado de la ciudad a precios más que asequibles. Siempre lleno.

Pasteles.- Los mejores pasteles que he probado en mi vida son de la pastelería francesa La Belle de Cadix.

Continuará.

Cosas que hacer en Cádiz (I)

Llega el verano y procede dar algunas indicaciones, muy personales, sobre qué cosas se pueden hacer en Cádiz.

Caracoles.- El rincón imprescindible es Los Caracoles, en la calle Sopranis, en el barrio Santa María; son los caracoles más grandes y sabrosos del mundo –recuérdese que según Villalón el mundo se divide en dos, Sevilla y Cádiz-. Pueden ir también a los clásicos de toda la vida en Puerta Tierra, Mari y José y el Nebraska. Yo añadiría uno en Cortadura, el Alfa, con otra especialidad: la puesta de sol desde su terraza.

Cerveza:- El Lucero, un bar frente al muelle de tradición portuaria y nocturna hoy remozado de vanguardia, tiene una buena cerveza sin pasterizar servida muy fría.  La cerveza de La Marea recuerda a aquellos templos cerveceros antiguos, como El Barril, o El Puerto. Se sirve en “bocks” o en jarritas previamente heladas -“cortadas”-, con espuma y sabor deliciosos. La Marea, además es una de las mejores barras de España, con tapas exquisitas a precios muy asequibles. En la terraza, siempre llena, se come de lujo.

Vino.-  Para vinos generosos, la Taberna La Manzanilla, en Feduchy, donde la estrella es la copa de manzanilla de Sanlúcar –acompañada de dos aceitunas con anchoas-, pero también el oloroso o el amontillado, a cual más deliciosos. En Cádiz llamamos “almacén” a la antigua tienda montañesa de ultramarinos, una parte de la cual se destinaba a taberna. Aún quedan algunos genuinos, como el Manteca, hoy algo turistizado, y el Veedor, el cual ofrece todo tipo de buenos vinos y una gran variedad de exquisitas tortillas caseras. La taberna La Sorpresa, con vinos de Chiclana y atún rojo. Hoy tiene el mismo sabor de la antigua taberna de Pepe.

Café.- No dejen de visitar el Café Royalty, uno de los más artísticos y de mayor fuste de España. Sirven buenos pasteles y es también gran restaurante. Otra buena opción es El Novelty actual, el café de San Juan de Dios que evoca al histórico de Salamanca. Tiene una terraza céntrica a escasos metros de los grandes barcos. Si sólo quiere saborear el auténtico café-café, vaya al Brim, en Compañía, y tómese uno “bebido” en la barra.

Churros.- Los churros de Cádiz son los mejores. Hay que ir al Mercado (La Plaza), a la Marina, a tomarlos con chocolate, o comprarlos en los puestos externos.

Seguiremos informando.

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