Vox, PP, C´s, ¿liberales?

Llegan las elecciones. Hasta ahora todos los partidos españoles han sido socialdemócratas, pero por primera vez, tres partidos, Vox, PP y C´s, se atreven a proclamarse liberales. ¿Lo son en realidad? Esto es secundario, lo importante es  que el paradigma ideológico está cambiando, para espanto socialista.

El liberalismo español nace en Cádiz, y es el precedente de la democracia actual. En la contemporaneidad, los liberales han estado más unidos a la derecha porque ésta defiende la libertad frente a la igualdad. Los liberales defienden la igualdad ante la ley, pero no la igualdad coactiva y de resultado, propia de los socialistas. Lo de ser socialista a fuer de liberal de Prieto es una majadería. La defensa de la libertad del individuo, el derecho a elegir (seguro médico o colegio, por ejemplo), el gobierno limitado, el mercado libre, la independencia de poderes, la defensa de la propiedad (verbigracia, frente al ocupa), y un estado mínimo, son principios liberales universales que no se contradicen con una beneficencia estatal para el que la necesite.

Hagámonos las preguntas de Lacalle. ¿Es Vox liberal? No. ¿Hay liberales en Vox? Sí. ¿Es el PP liberal? No. ¿Hay liberales en el PP? Sí. ¿Es C´s liberal? No. ¿Hay liberales en C´s? Sí. ¿Es el PSOE liberal? No. ¿Hay liberales en el PSOE? No.

Si todos han sido y son socialdemócratas desde hace más de un siglo, incluso Franco, ¿no convendría darle una oportunidad a la libertad, como han hecho hasta los nórdicos? El PP de Rajoy era socialdemócrata, independientemente de sus aciertos políticos, que los tuvo. El PP de Pablo Casado es mucho más liberal. En sus propuestas hay una bajada de impuestos que apunta hacia el principio liberal del derecho a disfrutar del esfuerzo de cada uno. Y recortar una deuda que pagarán nuestros hijos. En Andalucía sin embargo, el PP es un animalillo de especie por descubrir, aunque huele a socialdemócrata.

Vox es un partido que presenta un programa económico liberal, con una bajada de impuestos plausible. En cambio presenta propuestas intervencionistas, especialmente en el terreno de la moral conservadora. No está claro desde el liberalismo si es mejor una España autonómica o centralista, como propone Vox. La competencia entre administraciones regionales ha sido beneficiosa -la bajada de impuestos en Madrid, pongo por caso-. C´s tiene a dos grandes liberales, Girauta y Vargas Llosa. Pero su vocación de centro le hace fluctuar demasiado. De hecho tiene muchos votantes “progresistas” y puede acabar sustituyendo en la izquierda al PSOE. Ojalá, dada la tóxica influencia del socialismo en la Historia de España -salvo con Felipe, y aún así-. Me gusta el auge de C´s, pero como dice Sostres, hay sólo dos partidos que garantizan que no volverá a gobernar el Felón.

El lado correcto

Mi condición de liberal (poco doctrinario) me inclina a desconfiar de los políticos. Sin embargo la política nos obliga a tomar partido, en especial en momentos como este, de verdadera encrucijada para España. Por un lado están los que defienden la Monarquía constitucional, la reconciliación de la Transición y la unidad de España. Es el lado correcto. Por el otro, los que quieren, o no les importa, trocear la nación española y los que persiguen el modelo de Venezuela, todos ellos enemigos de la Constitución y de la Transición democrática.

En el primer bando están Vox, PP, C´s, algunos barones del PSOE, y la socialdemocracia clásica (de Felipe), siempre tan necesaria como pilar de la democracia. En el segundo el PSOE de Pedro Sánchez –un ególatra aupado por unas bases inmaduras y revanchistas- el PNV, Podemos, el independentismo catalán y los bilduetarras. En otras palabras, el socialismo irredento (más el tardocomunismo) y el separatismo. Una coalición desestabilizadora, que históricamente ha usado todos los medios, sobre todo insurreccionales, contra la monarquía constitucional, la unidad de la nación, la religión y la propiedad, y en pos del caos, la ruina económica y el guerracivilismo. Apunten algunas fechas en que lo intentaron o consiguieron, 1907, 1917, 1931 (la quema de iglesias), 1934, 1936, 2004 (13-M) y 2017 (27-0). Antes, otras fuerzas izquierdistas y separatistas también hicieron lo mismo (1873).

Hoy, tras la engañosa moción de censura a Rajoy, ha reverdecido esa alianza antisistema. Pero también, como en otros momentos, la nación ha reaccionado. Gentes que ya no tienen  miedo de ser llamados “fachas” y que sienten un sincero amor por una patria unida, democrática y reconciliada. Primero fue el discurso del rey, luego las banderas en los balcones, después la manifestación de Barcelona y ahora la de Colón. Por cierto, una reacción pacífica de verdad, con banderas constitucionales, con el inocente “Viva España” de Manolo Escobar y no con el “A galopar hasta enterrarlos en el mar” de Alberti, sin policías heridos, ni encapuchados, ni contenedores ardiendo. Son familias que no gustan de la agitación, que se quejan poco y trabajan mucho, y que le pedían al Felón que cumpliera su palabra de convocar elecciones. Pues bien, por fin parece llegado el momento.  Es la hora de España.

Juan Negrín

Del 9 al 15 de febrero se van a celebrar en Jerez, con motivo del 80 aniversario del fin de la Guerra Civil, unas jornadas dedicadas al exilio republicano, con el presidente Negrín como protagonista.

Juan Negrín fue un médico dedicado a la investigación que abandonó su carrera para afiliarse al PSOE en 1929. En 1937 fue nombrado presidente del gobierno del Frente Popular hasta el final de la guerra en 1939, y hasta 1945 en el exilio. En 1946 fue expulsado del partido por Prieto.

Durante años, Negrín fue vituperado no sólo por el franquismo, sino por el propio bando republicano, acusado de ser una marioneta comunista y de alargar el conflicto cuando estaba ya perdido. Precisamente el fin de la guerra viene por un golpe en las filas republicanas contra el gobierno de Negrín y los comunistas, que practicaban una fuerte represión contra anarquistas y socialistas. Costó 2000  muertos. Uno de los participantes del golpe fue Besteiro, socialista, que prefirió intentar un acuerdo con Franco a seguir bajo el dominio comunista. Besteiro, aunque también marxista, fue el único moderado del PSOE que estuvo contra la insurrección de 1934, por lo que fue aislado del partido. Fernando de los Ríos en cambio, el “defensor de la libertad” ante Lenin, sí apoyó la revolución.

En los 90 Negrín fue biografiado, pero no será hasta el siglo XXI cuando aparecen biografías más sistemáticas, de Miralles, Moradiellos y Jackson, todas laudatorias. Fue un gran gestor, cosmopolita y políglota. También un bon vivant acusado de satirismo no sólo por sus enemigos. En realidad su estrategia de guerra fue la única posible: resistir hasta enlazar con la inminente guerra europea, no para defender la democracia, como se dice falazmente, sino en pos de una “democracia de nuevo tipo”, precedente de las prosoviéticas posteriores.

Sus graves errores predominaron sobre sus aciertos. Incautó bienes de los españoles de la zona republicana, entregó con secretismo el oro de la reserva española a Stalin, quedando bajo su control político, expolió el Patrimonio, practicó el terror contra sus propios aliados, encubrió el asesinato soviético de Nin, huyó del país abandonando a miles de milicianos, peleó contra Prieto para hacerse con el tesoro expoliado del yate Vita en México, y multiplicó los costes en vidas y bienes al alargar la guerra.

Mal perder

Perder el gobierno de Andalucía –un régimen, más bien- ha provocado una reacción antidemocrática en el partido socialista y sus aliados. Esto es algo que no es nuevo. Como dice Juaristi, la democracia fue un invento liberal con el que los socialistas no tuvieron nada que ver. En 1912, los socialistas se negaron a celebrar el centenario de la Constitución liberal de Cádiz por ser una constitución “burguesa”. En 1933, una CEDA respetuosa de la legalidad ganó las únicas elecciones limpias de la República. ¿Qué hicieron los socialistas? El PSOE, principal partido de la oposición, pretextó un supuesto peligro de fascismo (¿les suena?) para organizar una insurrección que costo 1.400 muertos.

Históricamente, la democracia ha sido aceptada por la izquierda populista siempre que sus instituciones hayan podido ser ocupadas para acercarse al objetivo del socialismo, es decir, del poder perpetuo del partido. Es lo que pasó en la Europa del Este, estuvo a punto de pasar en Chile, y pasa en Venezuela.

La democracia liberal ha sido considerada “burguesa” por el socialismo hasta que llegó González (en los papeles del partido, hasta los 90), único líder en toda la Historia  del PSOE cuyo carisma consiguió atemperar su alma revolucionaria. Un alma que empezó a reverdecer de nuevo con Zapatero el 13 de marzo de 2004, cuando los socialistas asaltaron las sedes del PP en toda España. Y que continúa con Falconetti.

Uno de los recursos del socialcomunismo para imponer su programa liberticida ha sido la movilización callejera de los “explotados”, en realidad de las organizaciones izquierdistas afectas. Hoy, lo de la explotación ya no cuela y ha sido sustituido por un nuevo odio manipulador, el que fomentan las organizaciones subvencionadas del socialfeminismo -más de 2000 en Andalucía- ante una supuesta merma de sus derechos (léase privilegios legales). Ellas fueron quienes, alentadas por la perdedora Susana Díaz, se lanzaron contra el fallo de las urnas, rodeando en Sevilla la sede de la soberanía popular.

En Cádiz, el turnismo democrático se ha enrarecido aún más. Recordemos la salida del Ayuntamiento del anterior gobierno del PP, rodeado por la turba populista, y en estos días, los disturbios contra el resultado electoral atizados por un gobierno municipal bolivariano también en su utilización de la chusma adicta.

Histerias

El socialismo ha sido, desde sus orígenes, una ideología histérica

Jon Juaristi

Jon Juaristi

OPINIONES RELACIONADAS

  • A

La histeria es un trastorno del deseo: A cree desear a B cuando realmente desea a C. Esta situación, generalmente sin salida, produce síntomas variopintos: desde ceguera a embarazos histéricos y, en todo caso, hiperestesia y ataques de nervios. Durante mucho tiempo se creyó que se trataba de un desarreglo típicamente femenino. Los griegos pensaban que el útero (hystera) era un órgano móvil que saltaba de un lado a otro en el cuerpo de las histéricas provocándoles todo tipo de alteraciones. El psicoanálisis le atribuyó una etiología psíquica y libidinal, lo que, dígase lo que se quiera, fue un avance.

El socialismo sedicentemente democrático es una ideología histérica: afirma desear la democracia pero desea la dictadura del proletariado, o sea, la dictadura perpetua del partido socialista. La democracia liberal es, como su nombre indica, un invento del liberalismo en el que los socialistas jamás tuvieron nada que ver. Para los socialistas, la democracia liberal representa sólo un medio para acercarse gradualmente al verdadero objeto de su deseo. Y si les parece que va demasiado lenta para su gusto, no tienen empacho alguno en cargársela, como ya lo anunció Largo Caballero en la campaña electoral de 1933 y pusieron por obra él mismo y Prieto un año después, con el argumento de que resultaba intolerable la entrada de la CEDA en el Gobierno de la II República. La democracia sólo es aceptable para los socialistas en la medida en que sea perceptible su progresiva autodestrucción. Y a eso le llaman reformismo, con todo el morro.

Venezuela es la expresión más acabada de la aniquilación de la democracia desde las instituciones del Estado de Derecho cuando estas son ocupadas por la izquierda populista, y por eso gusta tanto a los socialistas españoles, que admiran la eficacia y falta de escrúpulos de aquella. La movilización callejera de la chusma adicta ha sido uno de los recursos principales del chavismo para acabar con las libertades políticas. Los futuros podemitas encontraron en él su inspiración para poner en marcha sus cercos al Congreso y sus escraches hace casi una decena de años, pero no necesitaban haber ido tan lejos: el PSOE les había dado un perfecto ejemplo de kaleborroka en sus asaltos a las sedes del PP, el 13 de marzo de 2004, cuando los socialistas españoles se cansaron de la democracia y de la Constitución de 1978.

Andalucía se ha convertido, desde esta semana, en un nuevo laboratorio de la movilización chavista contra la democracia, atizada por el PSOE y su aliados comunistas. Pero no todo es mimetismo tropical en la histeria antiparlamentaria de los socialistas andaluces. Hay en su retórica liberticida un elemento castizo, tomado de Largo Caballero y de Indalecio Prieto. Como para este par de golpistas, la autojustificación de la actual revuelta antidemocrática encabezada por el socialfeminismo subvencionado reside en una supuesta amenaza de fascismo, encarnada por Vox como en 1934 por la CEDA (o sea, por lo más liberal -¡y republicano!- que podía esperarse entonces en el catolicismo militante). Conste que advierto en Vox aspectos histéricos que no me gustan nada, pero, al contrario que el PSOE y su Gobierno, las huestes de Abascal no representan un peligro inmediato para la democracia (aunque si se guardasen sus propuestas de rectificación de la Constitución, mejorarían mucho). Sus dirigentes podrían empezar mirándose en el espejo cóncavo del Callejón del Gato que le ofrece la histeria socialista hasta en sus más menudos detalles, como por ejemplo, el proyecto de feminizar el texto de la Carta Magna. Por ahí se empieza. Y ojo, porque con histéricos al mando, el personal se vuelve fácilmente paranoico.

Jon Juaristi

Jon JuaristiArticulista de Opinión

Reseña del libro Stanley G. Payne, El camino al 18 de Julio. La erosión de la democracia en España (diciembre de 1935-julio de 1936). Barcelona, Editorial Espasa, 2017, 4ª Edición, 423 páginas.

El origen y las causas inmediatas de la Guerra Civil española ha sido un asunto poco tratado por la historiografía sobre el conflicto. Sólo durante los últimos años ha sido abordado abiertamente por historiadores de solvencia profesional. Es el caso de Stanley Payne, uno de los historiadores de mayor autoridad en esta materia, si no el que más. Lo que caracteriza a Payne, además de su independencia y su fidelidad a las fuentes, es su capacidad para comparar la historia de España con su entorno: la historia comparada. 

Este libro estudia los meses anteriores a la Guerra Civil española porque según su autor, las decisiones y actuaciones que se adoptaron en esos meses, que bien pudieron haber sido distintas, fueron las que llevaron a la guerra y no algún tipo de determinismo histórico como el supuesto atraso español, u otros. Payne no obstante, no evita analizar los antecedentes y circunstancias históricas de la misma, y como decíamos, compararlas con los de otros países. Su primer capítulo precisamente analiza cómo Inglaterra y Francia tuvieron muchas más guerras internas que España durante los siglos XVI y XVII. Esto se invertirá en el siglo XIX, especialmente belicoso en España, con numerosas guerras coloniales y civiles hasta la llegada de la Restauración, un régimen de monarquía constitucional que dio estabilidad, libertad y crecimiento. 

El embate de las fuerzas revolucionarias así como el desistimiento de los monárquicos trajeron la República. Un sistema dice Payne, que Tusell define muy bien como una “democracia poco democrática” con unas reglas de juego hechas por la izquierda y la presencia de fuerzas cuyo objetivo eran la consecución de utopías totalitarias, además de una censura más profunda que la impuesta por la Monarquía constitucional.

A pesar de todo eso, el régimen sobrevivió a multitud de ataques internos: la quema de conventos de 1931, las tres insurrecciones anarquistas entre 1932 y 1933, la débil intentona militar de 1932, la gran insurrección revolucionaria de 1934 del principal partido de la oposición, el PSOE, y la declaración de independencia de la Generalitat.

Payne dedica el capítulo 2 a analizar la insurrección de 1934, que según los propios documentos socialistas debía tener “todos los caracteres de una guerra civil”, y “su triunfo descansaría…en la violencia con que se produzca” (pag. 35). La insurrección tuvo una segunda parte que contribuyó a exacerbar hasta el límite el odio de clase, la campaña contra las derechas sobre la “feroz represión”. Payne documenta las mentiras de dicha campaña, hasta el punto de afirmar que lo más relevante de la represión fue “su carácter relativamente indulgente” (pag. 43).

A pesar de que hubo un antes y un después en las insurrecciones de 1934, no pueden considerarse causas definitivas de la Guerra Civil, pues la República sobrevivió, no sin jirones. Aún habría otros intentos de erosionar la democracia: las presiones de la izquierda sobre Alcalá Zamora para que anulara la limpia  victoria del centro derecha en las elecciones de 1933, en base a la idea de que sólo debían gobernar los republicanos. La negativa del Presidente resolvió la intentona.

A pesar de ese acierto, la actuación del Presidente terminó siendo fatalmente errática. Alcalá creía que la CEDA no era suficientemente republicana e interfirió en la labor del gobierno centroderechista pues perseguía crear un partido propio que moderara el sistema. A tal fin, su peor decisión llegó cuando vetó la formación de un gobierno de centro derecha de mayoría parlamentaria, y disolvió Las Cortes. Otros dos años de este gobierno podrían haber calmado al país, por lo que esa decisión supuso el primer jalón hacia el 18 de Julio.

El segundo fue la formación del Frente Popular, muy diferente al Frente Popular francés, hecho para fortalecer la democracia francesa. El español alió a los partidos que rechazaron el resultado de las elecciones del 33 y se levantaron  para expulsar a la derecha de la vida política.

Pero quizás el hito más importante hacia la guerra fue el proceso electoral desarrollado de febrero a mayo de 1936. La campaña fue la más violenta de la Historia, con más de cuarenta muertos. La violencia de las izquierdas continuó hasta marzo, lo que provocó en la práctica la desaparición de la derecha. En la reunión de la Comisión de Actas de las Cortes se pasaron coactivamente hasta 35 escaños al Frente Popular. La repetición de las elecciones en Cuenca y Granada consumó el fraude. El Frente Popular consiguió una mayoría absoluta fraudulenta sin que Alcalá Zamora declarara el Estado de Guerra.

Los capítulos 3, 4 y 5 analizan otro jalón determinante, la formación irregular del gobierno de Azaña el 19 de febrero, el cual dio paso a medidas arbitrarias: la expulsión de curas, depuraciones de funcionarios y tribunales, inclusión irregular de revolucionarios en la policía, y a medio plazo, medidas de disolución de la derecha. Además de ello el gobierno dejó hacer a los grupos aliados del Frente Popular que cometieron atropellos sin parangón en otros países democráticos de la época (los ultrajes se detallan en las páginas 394-397): huelgas salvajes, incautación de propiedades, incendios, ataques a la Iglesia, cierre de colegios religiosos, censura, detenciones arbitrarias de derechistas, incremento alarmante de la violencia política, etc. Todo ello creó un ambiente que incluso historiadores afectos al Frente Popular han calificado de “situación prerrevolucionaria”.

Ninguno de los grupos revolucionarios tenía la intención de repetir una insurrección frontal que ya habían ensayado sin éxito. Pero sí pensaban en una toma del poder de corte “legal” y de apariencia defensiva. Por ejemplo, usando la “gimnasia revolucionaria” hasta derribar a un gobierno republicano débil. En concreto, el sector largocaballerista pensaba más bien en provocar una reacción militar que les sirviera como excusa para, tras aplastarla con facilidad, pensaban, tomar el poder.

Las derechas, al contrario de lo que se ha dicho, aceptaron las reformas económicas, en muchos casos abusivas, aunque denunciaron la situación de anarquía y violencia en el único sitio sin censura, el Congreso. La CEDA, el único partido derechista de masas, no tenía una sección paramilitar como los partidos de izquierdas, aunque su juventud comenzaba a radicalizarse. Los falangistas crecían, pero habían sido ilegalizados en marzo. Los monárquicos intentaban comprar armas sin éxito. Mola, propulsor de una reforma tajante de la República, calculaba que sólo un 15 % de la oficialidad estaban dispuestos a una revuelta armada. Franco no formaba parte de esa minoría.

Bajo esas circunstancias tuvo una gran importancia el asesinato del portavoz de la derecha, Calvo Sotelo (analizado en el capítulo 11). La muerte de Calvo Sotelo no fue una más de las 400 que se produjeron en esos meses debido a la identidad de los asesinos y a la forma en que se produjo. Calvo Sotelo fue secuestrado ilegalmente por guardias de asalto, socialistas de Prieto y un guardia civil repuesto por el Frente Popular tras ser condenado a 30 años por amotinarse en Asturias. La indignación se extendió por el país.

Ese magnicidio logró catalizar una conspiración militar en marcha poco madura (capítulo 11). El mismo Franco se unió a ella por vez primera, y con él, miles de oficiales. La reacción del gobierno fue casi nula al prometer una “investigación” que no se llevó a cabo, y por contra, extender la censura. En verdad, por esas fechas el gobierno deseaba la insurrección militar para aplastarla.

Dice Payne que durante 80 años la izquierda ha denunciado la insurrección del 18 de julio. En realidad esto es comprensible de una forma partidista pues fue una insurrección más fuerte de lo que deseaba la izquierda. Ahora bien, empíricamente no existe una revolución sin reacción: no era lógica la aspiración izquierdista de que la derecha debía dejarse atropellar indefinidamente. La historia comparada demuestra que la derecha en España, por el contrario, esperó demasiado: sólo debemos analizar las otras guerras civiles en los países anglosajones o europeos, afirma Payne. La contrarrevolución dio lugar a un programa político más allá de los limitados objetivos iniciales, originando una “revolución nacional”, autoritaria y semifascista que duró 40 años. El precio pagado fue alto.

La auténtica verdad es que en julio de 1936 todo el mundo pedía un régimen no democrático para España (pag. 403-404). La CNT pedía su revolución violenta sin fecha, el POUM y el PSOE caballerista deseaban la dictadura del proletariado, los comunistas una “república de tipo nuevo”, los prietistas y azañistas una república sólo de izquierdas, los falangistas la revolución nacional-sindicalista, los monárquicos alfonsinos una monarquía autoritaria, e incluso muchas personas de centro pedían una dictadura republicana. Termina Payne diciendo que eso de que nadie quería entonces la guerra civil es falso. Casi todos querían una guerra corta pero que pudieran ganar. Ironías de la Historia, el que mantuvo una actitud más responsable y moderada durante más tiempo fue Franco.

ABC. Una lista de “casposos” aficionados a los toros. Andrés Amorós (27-12-2018)

El ministro Ábalos ha calificado así a los aficionados taurinos, desde poetas como Lorca a músicos como Sabina

Andrés Amorós
MadridActualizado:27/12/2018 10:47h58

El ministro de Fomento, José Luis Ábalos, ha llamado «casposos» a losaficionados a los toros. (Aunque luego ha querido arreglarlo, suavizándolo, todos pudimos escucharle). Eso me ha llevado a recordar a algunos poetas de primera fila, sólo algunos de los muchísimos que han cantado la Fiesta, a lo largo de la historia: Góngora, Nicolás Fernández de Moratín, duque de Rivas, Espronceda, Zorrilla, Bécquer, Merimée, Gautier, Salvador Rueda, Manuel Machado, Santos Chocano, Villaespesa, Fernando Villalón, Felipe Sassone, José Carlos de Luna, Rainer María Rilke, León Felipe, Gerardo Diego, José Bergamín, Federico García Lorca, José María Pemán, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Rafael Laffon, Adriano del Valle, Emilio Carrere, Agustín de Foxá, Guillermo Díaz-Plaja, Miguel Hernández, Felipe Cortines Murube, Rafael Sánchez Mazas, Gabriel Celaya, José Luis Cano, Jean Cocteau, Antonio Oliver Belmás, Ramón de Garciasol, José García Nieto, Alfonso Canales, Leopoldo de Luis, Rafael Morales, Claudio Rodríguez, Javier de Bengoechea, Luis López Anglada, Manuel Benítez Carrasco, Rafael Duyos, José Antonio Muñoz Rojas, Victoriano Crémer, Rafael Montesinos, Luis Jiménez Martos, Enrique Badosa, José Luis Tejada, Juan Pedro Domecq y Díez, Rafael de León, Manuel García Viñó, Félix Grande, Antonio Murciano, Fernando Quiñones, Manuel Mantero, Carlos Murciano, Aquilino Duque, Pere Gimferrer, Francisco Brines, Mariano Roldán, Juan Luis Panero, Manuel Ríos Ruiz, Joaquín Caro Romero, Ángel García López, Javier Villán, Antonio Hernández, Carlos Clementson, José Ramón Ripoll, Carlos Marzal…

También deben de ser «casposos» algunos novelistas que han escrito con admiración de los toros: Fernán Caballero, Palacio Valdés, Valle-Inclán, Azorín, Pérez de Ayala, López Pinillos, Pérez Lugín, Alberto Insúa, Hoyos y Vinent, Ernest Hemingway, James Michener, Henri de Montherlant, Michel Leiris, Peter Viertel, Jean Cau, Ramón Gómez de la Serna, Camilo José Cela, Rafael García Serrano, Ángel María de Lera, Ignacio Aldecoa, Ramón Solís, Jorge Cela, Carmen Martín Gaite, Elena Quiroga, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Arturo Pérez-Reverte…

Han elogiado la Fiesta autores de teatro tan «casposos» como Arniches, los Quintero, Muñoz Seca, Antonio Gala, Francisco Nieva, Juan Antonio Castro, Albert Boadella…

No olvidemos a ensayistas «casposos», por ser taurinos, como Ortega y Gasset, Salvador de Madariaga, Eugenio d’Ors, Ernesto Giménez Caballero, Gregorio Marañón, Ángel Álvarez de Miranda, Emilio García Gómez, Tierno Galván, Pedro Laín, Corrochano, Cañabate, Néstor Luján, Bartolomé Bennassar, Antonio Burgos, Alfonso Ussía, Fernando Savater, Francis Wolff, Zumbiehl, Sánchez-Dragó, Federico Jiménez Losantos, Gonzalo Santonja, Ignacio Ruiz Quintano…

Érase una vez América (II)

San Francisco es diferente a Nueva York. Aunque tiene su skyline, su paisaje urbano lo forma un conjunto de bellísimas casas victorianas, todas diferentes. Ninguna de las dos urbes parecen europeas, como dicen algunos progres. Para hacerse con la ciudad, lo mejor es coger uno de los tranvías que recorren sus empinadísimas cuestas. Chinatown, el barrio chino más grande fuera de China, es otro mundo.

San Francisco se parece a Cádiz, salvando las distancias. Es una península unida al continente por el impresionante Golden Gate, tiene una gran bahía, y el Pacífico le queda a un lado, por lo que sufre de un poniente caletero permanente no muy agradable. Desde la más famosa de sus colinas, Twen Peaks, se ve Market St, una especie de diagonal barcelonesa llena de tiendas. En algunas de sus callejuelas adyacentes se generaron las principales empresas informáticas del mundo, como Apple o Google. El libre mercado ha convertido a California en la quinta economía mundial. Paradójicamente la ciudad, al contrario que Nueva York, está llena de vagabundos, producto del efecto llamada de sus políticas de “ayuda”, algo que terminará pasando en Cádiz si continúan estos munícipes. En San Francisco tuvieron lugar los primeros movimientos por los derechos civiles de las minorías. Esa mezcla de libre mercado y libertad moral hizo concluir a Revel que la verdadera Revolución no era la comunista Cuba, sino la liberal California. Castro fue el primer barrio gay del mundo. Es elegante y civilizado (no es Chueca), al contrario que el Haight-Ashbury, el barrio hippy del verano del amor del 67, hoy lleno de perroflautas. Patear sus calles, ver la casa de Jimmy Hendrix o Janis Joplin lleva a la emoción de sentirnos en el lugar origen de todo lo que vivimos, pero también a la desazón por la deriva actual.

En San Francisco hay que ir en barco a Alcatraz, pasear por los parques y las playas (poco frecuentadas por el frío), recorrer Lombard St y Alamo Sq, y visitar los muelles (Fisherman´s Wharf). Las casas ricas no están enrejadas porque la propiedad es sagrada mental y legalmente. Por si fuera poco, allí se entiende de vinos. Aconsejados por una jovencita ya experta, probamos un tinto californiano del Valle Napa, exquisito. Hay gran higiene en los baños (no hay que tocar nada). Eso sí, todo es muy caro.  

Érase una vez América (I)

Acabo de regresar de mi tercer viaje a Nueva York y el primero a San Francisco. Según Sostres los EEUU son la mejor idea que ha alumbrado la Humanidad en siglos. Por mi parte considero que no ir a Nueva York, al menos una vez, es como vivir en tiempos del imperio romano y no visitar Roma. Aunque el espíritu y la energía de esta megalópolis permanecen intactos, algunas cosas han cambiado. Ahora se ven muy pocos vagabundos, la contaminación se ha reducido considerablemente, sale menos vapor de las alcantarillas (una pena) y han resurgido con más brío y altura nuevos rascacielos. Es impresionante contemplar los levantados en la Zona Cero, especialmente el One World Trade Center, el más alto de la ciudad. El Memorial 9/11, un bello lugar cargado de reflexión, lo conforman dos fuentes situadas en el lugar de las Torres derribadas con inmensas cascadas que caen hacia el interior de la tierra y rodeadas de árboles, uno de los cuales sobrevivió milagrosamente al derrumbe.

Tras repetir experiencias conocidas, como tomar el magnífico aperitivo del Hotel Plaza, pasear por el puente de Brooklyn o subir al Empire, esta vez fui por primera vez a una Misa Gospel en una de las iglesias de Harlem. La misa, lejos de la solemnidad católica, se presenta como un espectáculo de música espiritual cuyo apasionado ritmo es seguido por la comunidad negra. En la Frick Collection, un museo de los aconsejables, pequeño y con pinturas de los mejores -Tiziano, Vermeer, Rembrandt, Goya, Piero de la Francesca, etc.- quedé sobrecogido ante el cuadro de Bellini que describe la misma “Visión de San Francisco” de nuestro maravilloso Greco del Hospitalito de Mujeres, si bien de estilos muy distintos. También descubrí un cuadro de Manet dedicado a los toros. Otro gran artista taurófilo que se añade a la numerosa lista de Andrés Amorós.

Como siempre, lo peor fue la comida –hay que gastar si se quiere comer bien-, las propinas “obligatorias”, los altos precios, ay, en especial de la cerveza y el vino, el olor a óxido de los puestos de perritos calientes, las aglomeraciones y el árbol del Rockefeller, muy sobrevalorado. Lo mejor esta vez, la espectacular iluminación navideña y la habitación del hotel, en una planta 19, haciendo esquina con la sexta y rodeada de rascacielos. En la próxima columna, San Francisco.

¿Por qué decae el voto de izquierda?

La principal razón es que la izquierda está intentando un cambio sustancial de régimen en colaboración con los separatistas que quieren trocear España y la complicidad de este PSOE de Sánchez. Esto por sí solo ya es suficiente razón. Pero hay más.

Hay hartura por los excesos de una izquierda que empieza a no representar a la clase media trabajadora que ha sostenido este periodo constitucional de paz y prosperidad. Ahora representa más bien a un entramado de élites estatales, académicas y mediáticas, que nos dicen qué se debe pensar, hacer o rechazar. Pocos se atreven a hacerles frente en público so pena de ser estigmatizado como fascista. Se falsea la realidad para promocionar la victimización de colectivos que luego son controlados políticamente. España es un país seguro y los crímenes contra las mujeres están a la cola de Europa y sin embargo las mujeres tienen miedo, hay leyes discriminatorias contra los hombres y se reprime el alto porcentaje de sobreseimientos y denuncias falsas. Se oculta la violencia machista si es de los emigrantes porque tiene más importancia la lucha contra la supuesta xenofobia (y contra la prisión permanente) que la protección de la mujer. Se evita llamar neocomunista a Podemos y golpista al separatismo, pero en cambio se repite una y otra vez que Vox es de extrema derecha.

El amor natural a la patria es cotejado de fascista y se falsea la Historia de España. Se decreta una ley de memoria que, bajo pena, dicta la mentira de que anarquistas, socialistas bolchevizados y comunistas eran demócratas. Un socialista dice que la caza y la tauromaquia son casposas. Pero la primera favorece el equilibrio ecológico y la segunda permite la continuidad del toro de lidia. ¿Son casposos Lorca, Picasso o Sabina? Abundan los subvencionados y subvencionadas corruptores del lenguaje. Los telediarios callan las muertes de hombres a manos de sus parejas femeninas (Chiclana). Se silencian los éxitos de gobernantes enemigos, como Trump, y se evitan las salvajadas de las dictaduras amigas como Irán. Se tolera escandalosamente la figura del ocupa en los barrios mientras líderes progres viven en lujosas urbanizaciones vigiladas. No paran de meter la mano en nuestra cartera a base de mentiras. Por todo eso y más, la nación despierta y la izquierda decae. The times they are a-changin´.

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