El centro derecha

La trama golpista del separatismo sigue en pie y dispuesta a repetir, según ellos mismos declaran. Bilduetarras, neocomunistas e influyentes socialistas son sus cómplices pasivos o activos (Navarra), siguiendo la tradición histórica. De ahí la importancia de que el centro derecha se mantenga firme. Pero, ¿cuál es su situación?

C´s ha cambiado. Empezó muy valiente en Cataluña, con figuras como Arcadi o Boadella. Después flaqueó con el 155, pues hasta el día antes de su aplicación no dio su acuerdo, y más tarde por error, contribuyó al golpe parlamentario contra Rajoy. En un principio C´s era de centro izquierda para después confesarse liberal. En realidad es un centro que alberga a más socialistas que liberales (entre ellos al gran Girauta), es decir, un lío. Lo peor ha venido al final. Arrimadas dilapidó su brillante victoria en Cataluña. En las últimas generales C´s antepuso el narcisismo de Rivera de intentar descabalgar al PP, al objetivo principal de defender la amenazada unidad constitucional. Ahora, se muestra con remilgos hacia Vox, también por electoralismo. C´s haría un servicio a España si primero se abstuviera en la investidura y luego gobernara con Sánchez.

Vox no es la extrema derecha, sino la derecha. En España no estamos acostumbrados a que exista la derecha; desde 1978 sólo ha habido un centro y una izquierda, ambos socialdemócratas. La verdadera extrema derecha europea es socialista en economía, antisemita (como la izquierda), racista y anticatólica (el fascismo y el nazismo son ateos). La izquierda digital de hoy no ha vivido el verdadero fascismo. Vox es constitucional, está por Israel, no escrachea sino que es escracheado, es económicamente liberal y quiero creer que está sólo contra la inmigración ilegal, la que asalta las fronteras de Ceuta y Melilla impunemente. Es verdad que tiene tics populistas, pero quién no. ¿No es populismo el nepotismo ancestral socialista en Andalucía? Dicho esto, Vox se equivoca en su actitud tras las municipales.

En el PP, es mejor el Casado sereno de ahora que no el que desbarraba después de la derrota de las generales. Su principal activo está en la experiencia y amplitud de sus cuadros, y quizás en que, tras el numerito poselectoral actual de C´s y Vox, los votantes optarán por reunificar el voto en un solo partido liberal-conservador.

Cómo hablar con un conservador

Tras el éxito del libro “Cómo hablar con un progre”, Gloria Álvarez publica un segundo titulado “Cómo hablar con un conservador”, clarificador en una sociedad donde predominan las ideas socialistas, y en su defecto, las conservadoras.

El liberalismo y el conservadurismo son dos formas de pensar distintas a pesar de que hayan estado unidas desde el siglo XX para defenderse de una fuerza mayor, el colectivismo (socialista, comunista o fascista). Hoy en España esa alianza, cuarteada en diversas familias políticas y académicas, trata de continuar ante la amenaza antisistema del separatismo y el socialismo radical, aliados históricos. Pero son pensamientos distintos.

Los conservadores son reacios a cambiar las tradiciones, aunque sean anticuadas, y tienden a imponer a la sociedad su moral, en general de tipo religioso. Los liberales coinciden con los conservadores en su aprecio por instituciones que han costado siglos construir, como las que representan la separación de poderes, y también en su aversión por los cambios liberticidas y ruinosos, como el populismo. Pero disienten con ellos en cuanto a que persiguen cambios libertarios.

Todos los liberales anteponen la libertad (entendida como no coacción estatal) a la igualdad (de resultados). El liberalismo defiende la libertad económica: propiedad, menos impuestos, libertad de contratos, menos regulaciones, no subvenciones, etc.; pero también la libertad personal. En el libro de Álvarez se cita: “los conservadores creen que usted es libre de comerciar con quien quiera, cuando quiera, pero no de acostarse con quien quiera. Los socialistas piensan que usted es libre de acostarse con quien quiera pero no de comerciar con quien quiera y cuando quiera”. Los liberales creen que un individuo es libre para hacer las dos cosas.

Gloria Álvarez confiesa que los conservadores le acusan de sobrepasar a la izquierda cuando defiende públicamente la legalización de todas las drogas, no sólo de las “blandas”, de la prostitución ejercida en libertad, del mercado de órganos, del aborto, además del derecho de matrimonio y adopción de los homosexuales y de estar a favor del feminismo no coactivo.

Antes que Gloria Álvarez, otros muchos liberales escribieron sobre estas diferencias, como Haine, Hayek, Popper, Ayn Rand, Vargas Llosa o Bernaldo de Quirós.

Renta: Valencia 12.133, Cádiz 11.396, Jerez 8.604

Según los datos del INE de hace unos días, Cádiz es la tercera ciudad andaluza en mayor renta media por habitante y año, sólo aventajada por Tomares (Sevilla) y Granada. No es una sorpresa, pues la ciudad viene ocupando los mismos lugares en renta desde que estudié sus indicadores, allá por los 90, y aún de mucho antes (véase mi libro “Cádiz, una bahía con futuro”).

En España hay 404 ciudades de más de 20.000 habitantes. De entre ellas, Cádiz ocupa el puesto 134 en rentas por habitante, con 11.396 euros. Está muy cerca de Vigo, Salamanca, Valencia, Gijón, Zaragoza, (todas entre los 11.500 y los 12.500). Es decir, está a menos distancia de las ciudades ricas de España que de las ciudades importantes de la provincia, cuyas rentas son sensiblemente más bajas. Por ejemplo, Valencia tiene una renta de 12.133 euros, y Algeciras 9.594. Bilbao, en el puesto 24, tiene una renta de 14.870 euros, mientras que Jerez, 8.604. Además, Cádiz está muy alejada de las ciudades de la cola (6.000 euros).

El Urban Audit del INE también ofrece datos de desempleo. Cádiz no es la capital del paro. No lo ha sido nunca, a menos que utilicemos torticeramente “Cádiz provincia” por “Cádiz capital”. Tenemos un nivel alto de desempleo, desde luego, y en eso sí nos parecemos a nuestro entorno andaluz, pero hay muchas ciudades de más de 20.000 habitantes por detrás nuestra (como Linares, Jerez, Córdoba, Ceuta, Mérida, Granada, Huelva, Jaén y otras de la provincia).  Y si contáramos a las de menos de 20.000, la lista sería enorme. Sé que es muy difícil luchar contra los prejuicios del “Cádiz se hunde”, pero los rigurosos datos del INE indican que somos lo que se ve, una ciudad de empleados públicos y propietarios de inmuebles (caros), con campito en Chiclana o chalet en Roche, según posibles.

El INE también da indicadores de barrios; los más pobres de toda España están en Sevilla. La mayoría de los gaditanos no tiene conocimiento de lo que es un barrio degradado y pobre de verdad.

En fin, en estos días se ha criticado lo del mito del gaditano flojo que tanto nos perjudica. Pero tanto o más nos daña lo del “Cádiz se hunde” o lo de la “capital del paro”, falsos mitos propagados desde la propia ciudad desde hace años y que nos definen también en toda España de forma injusta.  

¿Qué sé yo?

Las últimas elecciones han desplazado a muchos que ocupaban puestos de poder. No es el caso de José María González, del que ahora se dice que ha ganado porque Cádiz es misteriosa. No hay misterio. Ha ganado porque una gran parte del periodismo influyente lo presenta como un líder cercano y afable que lidera una fuerza democrática normal (no como la “extrema derecha” de Vox), y muy pocos en Cádiz resaltan su mala gestión y su condición de comunista antisistema. También porque explotar lo de “gadita” -que lo será, no lo dudo- le ha beneficiado.

Pero no quería yo hablar hoy del resultado electoral, sino hacer unas reflexiones sobre la vida, partiendo de la situación de quienes tenían poder y ya no (obviamente poco útiles para quienes siguen en el pesebre, antes del PSOE, y ahora de Podemos). Para lo cual recurro al gran Montaigne, escritor brillante y “moderno”, que tras haber gozado de los oropeles del poder decidió, en febrero de 1571, retirarse a la torre de su castillo y dedicarse a responder por escrito a una pregunta: “¿Qué sé yo?”. El resultado son sus “Ensayos”, unas reflexiones personales insuperables, fundamentadas en su vastísima cultura clásica.

Montaigne hace una recomendación vital: “los libros son el mejor viático que he encontrado para este humano viaje”. Para este hombre nacido en un castillo de Aquitania, “no hay desierto como el vivir sin amigos; la amistad multiplica los bienes y reparte los males, es el único remedio contra la adversa fortuna y un desahogo del alma”. Y abunda, “la amistad es el más alto grado de perfección de la sociedad”.

Su padre le hizo pasar por una extraña experiencia educativa, lo envió los tres primeros años de su vida a una choza de campesinos para que supiera de los rigores de la pobreza. Leyó a los clásicos, estudió leyes, y ocupó altos cargos de la magistratura hasta su retirada voluntaria a los 39 años. A partir de la muerte de su mejor amigo sus prioridades se modifican: “la principal ocupación de mi vida es pasarla lo mejor posible”. Sobre la propia muerte dijo, “no os concierne ni muerto ni vivo: vivo, porque sois; muerto, porque ya no sois”.

Montaigne se adelanta al liberalismo al condenar el victimismo, tan extendido hoy, y apelar a la responsabilidad personal: “A nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo no tenga la culpa”.

Diario de Sevilla 30 V 2019

Sevilla concentra los barrios más pobres de España

ANA S. AMENEIRO

Polígono Sur, Pajaritos-Amate y Torreblanca lideran la lista, seguidos de Torreblanca, Cerro-Su Eminencia, La Oliva y Polígono Norte-Villegas. Los vecinos y entidades del Polígono Sur demandan a las administraciones políticas de empleo y «bajar a la tierra».

Reacción

Tras el Cádiz Osasuna, se nota cierta decepción. Llevamos cuatro jornadas viendo el mismo partido, un equipo que, a pesar de lo que nos jugamos, sale a empatar, no va a por el partido, no saca la pelota rápido, al revés, flojea, parece que le quema el balón en los pies. Hay que reaccionar. No se pide juego bonito, ese no es el estilo de Cervera y se acepta porque hasta ahora nos ha ido muy bien. Sólo hay que ser fieles a sí mismos, presionar, morder más bien desde la misma línea de defensa del equipo contrario, para robar y atacar rápidamente. Ahora han retrasado la posición, amagan la presión, y apenas se produce peligro en la portería contraria, salvo a balón parado. Es desesperante ver como cuando la defensa tiene la pelota, o se la echa al portero, o da un patadón hacia delante. Es verdad que hemos jugado con los equipos mejores, pero antes eso era una ventaja, porque no se cerraban tanto.

Soy de los que aprecian lo que se ha hecho estos tres años. Con Cervera salimos del pozo, y en estos años hemos estado arriba. Pero parece que a estas alturas de la Liga el equipo se encoge. Y es el tercer año. ¿La responsabilidad agobia a los jugadores? ¿Son órdenes de Cervera de amarrar porque ante todo lo que no quiere es perder? ¿Se teme a un ascenso precipitado que puede durar un año, como en otras ocasiones? ¿Es todo a la vez?

Con todo respeto, no me gustan los jugadores que han venido en invierno excepto Machís, un jugador sobresaliente. Debemos contar con los de siempre. Matos lo da todo, pero no es el lateral que necesita el Cádiz. ¿Por qué no juega Brian? Tampoco Querol encaja en este equipo. Del centro hacia delante tenemos un equipazo (52 goles). Jose Mari, aunque ya no es el mismo, sigue siendo muy necesario. Salvi salió muy motivado el domingo, podría llegar a ser el de antes. Alex es un valor de calidad y aunque a veces ralentiza el juego, asegura la entrega. Jairo también ha bajado algo, aunque en cualquier momento puede liarla. Manu Vallejo no es un delantero, es el delantero. Debe jugar siempre. Aketxe es imprescindible. La defensa es el punto más vulnerable del equipo, pero la presión arriba al equipo contrario, la alivia.

En fin, si no subimos no pasa nada, se agradece de corazón estos tres años. Pero alguien debe convencer a los jugadores que si hacen lo que ellos saben, podemos subir.

La gestión municipal

Vienen las elecciones y toca hacer balance. El alcalde no ha pasado de ser un activista antisistema, no un gestor que quiere mejorar la ciudad. Cádiz está peor que hace cuatro años. ¿El carril bici? ¿Es bueno perder miles de aparcamientos y entregar el poco espacio existente a una minoría de ciclistas? Oxford, similar a Cádiz, no lo tiene. En todo caso lo ha financiado la Junta.

González gobierna desde un maniqueísmo ideológico que no sirve para gestionar la ciudad. Su cometido ha sido usar el Ayuntamiento como propaganda de sus objetivos neocomunistas. La limpieza brilla por su ausencia. Se dice que el bus de Cádiz funciona. Eso es porque no se compara con el de otras ciudades: ¿cuándo podremos aplicar el bonobús sobre la maquinita sin que se nos devuelva un molesto papelito? ¿Cuándo pondrán en las paradas los tiempos que faltan para que llegue nuestro autobús? Son conocidas las colas en los Servicios Sociales, que funcionaban mucho mejor con el “antisocial” PP. Las instalaciones culturales languidecen, la Casa de Iberoamérica, el Baluarte de la Candelaria, la decadente Feria del Libro y el fantasmal ECCO.

El gobierno municipal tampoco ha impulsado la restauración de nuestro Patrimonio, en especial las murallas, esenciales para Cádiz. La Universidad que se fue tiene que volver a la capital, aunque no veo a nadie defendiendo esa idea, al contrario. Después de la sucia campaña que le hicieron, propia del agit-prop, al final Pepe Blas tenía razón, el “bono de Cádiz” era una componenda ilegal. Eléctrica tiene que pagar medio millón y encima los gaditanos no tienen derecho al bono estatal a menos que se salgan de EC. ¿Alguien sabe cuanto de nuestros impuestos van a los chiringuitos ideológicos afines a Kichi? En materia de vivienda la gestión raya en el cero. Para colmo aplicamos los porcentajes más altos del IBI de España. Para ser equilibrado, diré que al menos se ha rebajado la deuda, si es que esto es verdad. De todas formas es mejor hacer cosas y suscribir una deuda asequible, que no hacer nada. Algunos valoran más los gestos (vivir en la Viña), que la gestión. Alguien dijo que Cádiz no es de derechas ni de izquierdas, sino de Villegas (del último que llega).

José María González heredó una ciudad que había realizado grandes proyectos, y se presenta con una ciudad plana, sin ilusión.

Desconcierto

Rajoy ha sido criticado porque se comportó como un socialdemócrata, subió impuestos, no rebajó el gasto público, y exasperó a muchos de sus votantes no enfrentándose a la manipulada memoria guerracivilista y a la ideología de género de la izquierda. Son críticas incuestionables que han dividido al centro derecha y lo han llevado a la derrota.

Sin embargo hay algo que debe reconocerse. El gobierno del PP alejó a España del abismo. Evitó una dura intervención europea cuando el país estaba en la bancarrota de Zapatero, solucionó la ruina, no de los Bancos como se dice, sino de las Cajas de Ahorros, entidades regidas por políticos y sindicalistas (la banca privada ayudó a esa solución poniendo 20.000 millones: la izquierda debe darse por enterada de una vez), hizo una reforma laboral que recuperó el empleo a niveles anteriores a la crisis, y encajó el golpe separatista aplicando el 155 con el menor daño posible y con la ayuda tímida del PSOE y C´s en el último momento. Como parlamentario y como político, Rajoy estuvo muy por encima del nivel actual, aunque tengo una buena opinión de Casado y Rivera, más como futuribles.

Desde luego fue imperdonable que Rajoy entregara las televisiones a la izquierda, aunque yerran los que le acusan de no haber dimitido cuando la indigna moción de censura (la corrupción es también socialista), porque eso hubiera sido admitir que él era una persona indecente, como le llamó el secretario del partido de los ERES.

El hecho objetivo es que con Rajoy en la Moncloa ninguna encuesta predijo que perdería las elecciones. Según Arriola, el ideólogo del PP rajoyano, España está educada en la izquierda por los medios y la educación, por eso, cuando la derecha entra en la batalla de las ideas, el abstencionista de izquierdas se moviliza votando. Es una tesis discutible, pero funciona como fórmula dolorosa para la conservación del poder de la derecha, al menos mientras no haya una hegemonía de las ideas a favor de la reconciliación constitucional, de la autonomía del individuo, de controlar en serio el separatismo y de una economía sana y no populista, todo lo cual es más responsabilidad de las élites intelectuales, algo anticuadas en España (cada vez menos: de la “ceja” sólo queda el poeta colocado en el Cervantes). Al final, el desconcierto del centro derecha es patente.

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