Agustín de Foxá

Tras un intensísimo viaje a Nepal en compañía de 34 maravillosos gaditanos (hay vídeos impagables al respecto), vuelvo a mis obsesiones estéticas. El otoño me entristece. Cádiz se despide de su verano luminoso y alegre, aunque Sevilla estrena su mejor estación, que es como una primavera de luz tenue. Me emocionan ambas ciudades donde hoy transcurre mi vida. No en vano dijo Villalón que Sevilla y Cádiz son las dos grandes partes en las que se divide el mundo.

Para acompañar el ánimo decaído del otoño, nada como uno de los más hermosos poemas referidos a la muerte, “Melancolía del desaparecer”, de Agustín de Foxá: <<Y pensar que después que yo me muera/ aún surgirán mañanas luminosas,/ que bajo un cielo azul, la primavera/ indiferente a mi pasión postrera/ encarnará las sedas de las rosas./ Y pensar que, desnuda, azul, lasciva/ sobre mis huesos danzará la vida,/ y que habrá nuevos cielos de escarlata,/ bañados por la luz del sol poniente,/ y noches llenas, de esa luz de plata/ que inundaban mi vieja serenata/ cuando aún cantaba Dios bajo mi frente./ Y pensar que no puedo en mi egoísmo/ llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja./ Que he de marchar yo solo hacia el abismo,/ y que la luna brillará lo mismo/ y ya no la veré desde mi caja>>.

Pero aquel gran escritor, Agustín de Foxá, autor de la mejor novela sobre la guerra incivil, “Madrid, de Corte a Checa”, también compuso prodigiosos epigramas. El más famoso se lo regaló a Celia Gámez, la cantante del chotis “Ya hemos pasao”, réplica del “No pasarán” rojo, y ahijada del poderoso Millán Astray: “Los prognatas toreros que complicas/ por ti se tornan en babosos toros./ Vas al teatro con señoras ricas,/ y estrenas obras con terribles coros/ escritas para ti por los maricas/ que sueñan con los culos de los moros>>. Nadie se atrevería hoy a escribir unos versos tan incorrectos. Foxá, diplomático, gordo, bohemio, dijo: “No le perdono a los comunistas que por su culpa me haya tenido que hacer falangista”.

El otoño me devuelve a reflexiones tristes: ¡Cuántos maravillosos escritores como Foxá silenciados por una memoria hemipléjica y falsificadora! Entre otros muchos hoy recuerdo a César González Ruano, Manuel Machado (“no sabía que Manuel tuviera un hermano”, dijo Borges), Sánchez Mazas, Chaves Nogales, Josep Pla, Luis Rosales o Leopoldo Panero.

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