(2005) El sesgo izquierdista de los textos de bachiller

¿hay orientación ideológica en los libros del bachillerato español? Demostrar que la Historia del siglo XX está interpretada en los textos de Historia de Bachillerato desde el punto de vista de la izquierda española tradicional es el objetivo principal de este trabajo.

 

Introducción.

 

Este trabajo está basado en un estudio de más envergadura realizado por quién suscribe como parte del Periodo de Investigación del Programa de Doctorado “Geografía e Historia” de la UCA de 2004 que estudia cómo perciben los conceptos de democracia y mercado en el siglo XX nuestros textos de bachiller de Historia del curso 2003-2004.

Los libros de texto son un punto de referencia clave en la información que nuestros estudiantes reciben sobre el pasado; según el prisma con que se interprete la Historia, según el grado de objetividad que se aplique a su estudio, y por tanto según la mayor o menor presencia de ideología en la interpretación de los hechos históricos, así será la forma más o menos rigurosa de nuestros alumnos de acercase al presente y al futuro. La democracia y el mercado son dos pilares básicos de las sociedades abiertas del siglo XX. Juntos definen a las sociedades libres y desarrolladas de la contemporaneidad. De ahí la importancia de conocer qué posición tienen nuestros textos en torno a esos conceptos y a las sociedades que han dado a lugar.

Hasta ahora tenemos innumerables estudios sobre la manipulación franquista de los manuales de historia de los años 40, 50 y 60, y sobre la mixtificación que los nacionalismos excluyentes hacen hoy de la historia regional, así como de otros temas, como el papel de la mujer, el de ciertas minorías sociales, etc. Sin embargo, no tenemos estudios globales acerca de si hay orientación ideológica en nuestro bachillerato actual, y si la hay, de qué sesgo. Ni siquiera sabíamos si podíamos extraer conclusiones generales al respecto. Este trabajo acerca de dos conceptos significativamente reveladores de las distintas posiciones ideológicas (como son los de la democracia y el mercado) ha pretendido llenar en parte ese vacío.

Los manuales estudiados son los utilizados en los institutos en el curso 2003-04, es decir, entre septiembre de 2003 y septiembre de 2004, por lo que todos son ediciones posteriores al año 2000, y anteriores al 2004, la mayoría más cercanos a esta última fecha. El interés de la investigación se centraba precisamente en hacer un muestreo de los textos de hoy; uno, por dejar constancia de cómo se posiciona la enseñanza de la Historia en el Bachillerato de principios del siglo XXI , y dos, porque cómo ya existe un breve estudio con zonas de concomitancia con éste, que estudia la percepción de la figura del empresario y la economía de mercado en los textos de Historia, Geografia y Economía de toda  la Enseñanza Media[1] referido a los manuales de los años 90, se trataba de seguir la pista de la evolución de nuestros libros de bachillerato del 2003-04, aunque sólo fuese en lo que respecta a la concepción del mercado, y aunque usásemos una metodología y un objetivo diferente al estudio del profesor González, dado que nuestro estudio se paraba sobre todo en los principales acontecimientos históricos del siglo XX. Por cierto, es preciso resaltar, que aunque por diferente vía, ambos estudios llegan a la misma conclusión respecto al prisma ideológico de nuestros textos tanto de final de siglo como de principios de 2000.

Este estudio se ha realizado sobre los manuales más importantes del actual bachillerato español, y a poco que se esté en la profesión se sabe que en conjunto, estos textos analizados representan en la práctica  casi la totalidad de los empleados en los institutos españoles. Sirva como un ejemplo de la implantación de los libros estudiados, el estudio de Hijano[2] , que otorga a 5 textos, – Santillana, SM, Anaya, Oxford y Vicens Vives, el 77% del mercado de Andalucía. A estos manuales citados, nosotros le hemos añadido el estudio de los de Editex,, Bruño, Mac Graw Hill, y Akal.

 

Los Manuales de Historia: antiliberalismo y prosocialismo.

 

Pues bien, como conclusión general, estamos en condiciones de aseverar que el enfoque de nuestros textos está sesgado, – con más o menos intensidad y matiz según el manual y según el asunto que se estudie -, en un sentido favorable a lo que denominamos hoy izquierdas[3], especialmente a la corriente que utiliza el materialismo histórico como forma de interpretación de la Historia.

Quizás en buena medida como reacción  al dominio totalitario que nuestros manuales de los 40, 50 y 60 sufrieron por parte del nacional-catolicismo, la mayoría de esos manuales rezuman un anticapitalismo (y por tanto una cierta posición antisistema) que está al decir de César Alonso de los Ríos[4], (entre otros muchos autores) en consonancia con el dominio que el pensamiento de la izquierda tradicional tiene sobre los aparatos de reproducción ideológica (escuela, prensa, universidad y cultura), y que roza en ocasiones el relativismo democrático, y es complaciente, y aún cómplice, con la historia de la izquierda totalitaria (la izquierda socialdemócrata participa de los mitos históricos de la totalitaria, en parte porque se siente heredera del socialismo marxista, y en parte porque se le ve poco o nada dispuesta a la revisión crítica de los postulados históricos revolucionarios, a pesar del fracaso, e incluso del horror de sus resultados), por lo que en la práctica, al joven estudiante español se le prepara más para recelar del orden democrático de mercado – en el mejor de los casos – que para alcanzar un conocimiento objetivo de la Historia.

Para ser precisos no obstante, es necesario aclarar que una nueva forma de ver las cosas desde el punto de vista de la izquierda se está abriendo sobre todo en el laborismo anglosajón (representado por Blair), y también en algunos pensadores del socialismo latino. En España debemos citar al profesor Tortella para quién el socialismo “debe aceptar el capitalismo de manera decidida y explícita exigiendo la competencia y la transparencia. El capitalismo es democrático cuando es competitivo. Las intervenciones que tan cara han salido a la izquierda favorecen la desigualdad y los grupos de presión”[5].  No nos referimos a ellos cuando hablamos de la izquierda.

Pues bien, esta orientación hacia la izquierda de nuestros textos ocurre incluso en aquellas editoriales de titularidad próxima a la Iglesia, lo cual no deja de producir asombro. Una primera razón sobre esto último puede estribar en que, a pesar de las diferencias en cuanto a lo moral, la interpretación próxima al marxismo de los fenómenos sociales ha conseguido calar, no solo en tradiciones tan dispares como la conservadora, la liberal (muy minoritaria en la confrontación histórica en los últimos años) o la eclesiástica, sino en el conjunto del pensamiento histórico, hasta tal punto que se ha olvidado que es una interpretación de origen antisistema y se ha convertido en el único enfoque válido, en apariencia sin sesgo ideológico, y por tanto utilizado tanto por la izquierda como por la derecha. En otras palabras, hoy, la interpretación del mundo que explica la pobreza a causa de la existencia del capital, o la culpabilización de occidente respecto a la “explotación” del Tercer Mundo, por poner dos ejemplos de lo que es todo un sistema de pensamiento sobre el mundo, no sería una posición en realidad de origen leninista, sino la explicación “lógica”, la única que puede encontrarse en la mayoría de los libros de divulgación histórica, y aún en la mayoría de los especializados. En España, a partir de finales de los 60, han tenido especial influencia en ésto, la hegemonía de la interpretación histórica por parte de los hispanistas europeos, – en especial los ingleses y franceses (Hobsbawn, Jackson, Preston, Pierre Villar, etc) -, así como de los marxistas catalanes (Fontana), cuya visión ha sido hegemónica, y la que finalmente se ha impuesto como la “normal” (hoy empiezan a cambiar las cosas).

Otra razón de la influencia del materialismo histórico en los libros de texto de editoriales clericales tiene que ver con la aproximación en materia de análisis social, que la izquierda por un lado, y la doctrina social de la iglesia por otro, han experimentado desde los años 60. A fuer de coincidir en lo  social, las posiciones de ambas han llegado ha confluir a veces en lo político. La influencia de fenómenos como la Teología de la Liberación, y de las asociaciones de base de la Iglesia, han tenido mucho que ver en esta concomitancia.

El caso es que ese adoctrinamiento, en algunos casos muy velado y en otros abiertamente transparente, se hace sobre todo en base a una interpretación de la Historia, que desde mucho antes de la caída del muro de Berlín había ya fracasado, pues entre otras cosas, había dado lugar a uno de los regímenes más tenebrosos de la Historia de la humanidad. Una interpretación defendida no solo por la izquierda comunista, sino sorprendentemente por la socialista, incluso después de la caída del muro[6], que además, desde el punto de vista del conocimiento histórico se hace en base a la manipulación de la explicación de los acontecimientos, y sobre todo, en muchos casos, en la falsificación u omisión de los propios hechos históricos.

No es solo que se alaben todos aquellos acontecimientos históricos en el que se pone en juego el buen nombre de la izquierda y se omitan sus actuaciones más denigrantes, ni siquiera que se defiendan las posiciones defendidas por la izquierda en los numerosos conflictos sucedidos en el siglo XX y en los que aún perviven, que también. Es algo más profundo. Se trata de la filosofía de fondo que enfoca el sentido de los acontecimientos históricos. Ésta, contempla la Historia como resultado de la lucha de clases, un conflicto entre «explotadores» y «explotados», y modernamente, entre países ricos y países pobres, entre el Primer Mundo y el Tercer Mundo.

Lo peor para la conciencia democrática de nuestros alumnos es que como una consecuencia necesaria de esta interpretación, la disyuntiva democracia-dictadura pasa a un segundo plano de importancia frente al conflicto clasista. La democracia se relativiza. Resultado: por un lado el estado de derecho y las libertades no salen siempre bien parados en el sentido de ser el sistema menos malo y el modelo universal a alcanzar, y por el otro, no se exponen con claridad las diversas teorías interpretativas existentes sobre los hechos históricos, lo que impide la comparación y por tanto el análisis y la crítica por parte de nuestros alumnos.

El mercado, que en realidad no es más que la libertad de establecer acuerdos voluntarios y libres entre personas e instituciones, no sólo se constituye para nuestros textos como responsable de la explotación social de la mayoría, sino como un sistema profundamente inmoral, origen, junto al liberalismo político (su superestructura), de prácticamente todos los males económicos, sociales y políticos que ocurren a lo largo del siglo XX: el colonialismo, el imperialismo, el movimiento revolucionario internacional (justificado por la “ilegitimidad” del sistema), las crisis económicas de entreguerras, la llegada del fascismo y del nazismo, la guerra fría, el neocolonialismo, la situación del Tercer Mundo y  la perversa globalización actual.

A nuestros manuales se les escapa que todos esos episodios mencionados son producto de la imposición política y por tanto no sólo ajenos, sino contrarios a la libre concurrencia defendida por la tradición de los teóricos liberales del mercado y de la democracia, cuya doctrina preconiza la sustitución de la coacción política por el comercio pacífico y libre y por el estado de derecho.

 

  1. Finales del siglo XIX, principios del XX y Primera Guerra Mundial.

 

Ya desde el estudio de periodos anteriores al siglo XX nuestros manuales dan muestras de su antiliberalismo. Por ejemplo el de Editex, para quien  la tardanza en la mejora de las condiciones laborales fue debida precisamente a “la mentalidad liberal”[7]. Pero como expone Revel, en realidad los primeros derechos políticos y laborales se introdujeron entre 1850 y 1914 en y por las sociedades liberales [8]. Por el contrario esos mismos derechos fueron todos suprimidos en y por los países socialistas (contradicción que no pone de manifiesto el bachillerato). Fue el ministro del rey Luis-Felipe, Guizot, el que elaboró en 1841 la primera ley que limitaba el trabajo de los niños en las fábricas, y fue Bastiat, el economista liberal, el que pidió por primera vez en la Asamblea legislativa el reconocimiento del derecho a la huelga[9]. Uno de esos derechos que el liberalismo no supo ver, según la editorial Mc Graw, fue el del sufragio femenino, difundido sobre todo según “la doble influencia de la guerra y de la Revolución rusa”[10]. En realidad el sufragio femenino nace en el mundo anglosajón liberal (no jacobino, ni leninista), pues se establece como originario de EEUU, en el estado de Wyoming, extendiéndose por otros países anglosajones como Canadá, Australia y Nueva Zelanda, lo cual es reconocido por esta editorial, contradictoriamente, en la  misma página.

En cambio, todos nuestros manuales dan por válido el concepto marxista de plusvalía como explicación de la acumulación de los beneficios capitalistas. Y he aquí donde estriba una de las columnas que sostienen su anticapitalismo. La plusvalía se define como la diferencia entre el valor pagado y el valor producido. Es decir, para nuestros textos, el sistema industrial de mercado es inmoral, una doctrina no muy diferente a la del famoso catecismo revolucionario de Marta Harnecker[11], y que 30 años más tarde la encontramos en los libros de texto del bachillerato español como prueba de la ilegitimidad del  mercado, y consecuentemente como adoctrinamiento de nuestros muchachos. El problema es que la Historia, los conocimientos acumulados durante estos años, y la Economía actual ya han refutado todas estas ideas[12].

Cuando se abordan las causas del imperialismo de finales del siglo XIX y principios del XX, todos los manuales lo vinculan al mercado y a las doctrinas que lo soportan. Según esto el imperialismo sería una consecuencia necesaria del devenir del sistema capitalista. Pero fue precisamente la ausencia de mercados libres lo que influyó en la aparición del imperialismo. SM es el único manual que lo insinúa: “La victoria del proteccionismo (elevados impuestos a la importación de mercancías extranjeras…) frente al librecambismo hizo que los Estados disminuyesen sus posibilidades de comerciar con otros países y se tuviesen que limitar a sus propios territorios”[13]. De ahí que buscasen la conquista  de nuevas tierras en las que expandir sus mercados, cerrados por las políticas restrictivas de otros países.

El texto de Vicens Vives también menciona al proteccionismo como telón de fondo de las causas económicas del imperialismo y de la I Guerra tal como lo hacen los economistas de nota[14], si bien no es consecuente con esa idea pues inmediatamente añade que el leninismo “amplió”[15] esas explicaciones al señalar que el colonialismo fue obra del capitalismo, y no lo contrario, la consecuencia de la ausencia de éste.

Aunque el manual de Santillana no es una excepción a la hora de relacionar el imperialismo con el mercado, al menos le otorga importancia a las razones políticas, como la que se basa en el cambio producido en las relaciones internacionales a partir de la década de los años 90 del siglo XIX, con la caída de Bismarck y el establecimiento de una nueva estrategia por parte del Kaiser Guillermo II, la llamada política de la Weltpolitik o política mundial[16]. A partir de este momento, la desconfianza entre las naciones, el militarismo y el espíritu imperialista y nacionalista se instala en la política internacional de los estados europeos. Sin embargo este manual salva la posición socialista: “sólo algunas voces aisladas, fundamentalmente de los partidos socialistas se manifestaron en contra del militarismo que crecía desde principios de siglo”[17]; en realidad este manual escamotea que los socialistas del momento no son pacifistas, como podría parecer por su oposición al conflicto entre naciones, sino que buscaban convertir la guerra internacional en guerra civil, insurrección armada o huelga general revolucionaria.

Respecto al clima existente alrededor de la I Guerra, el manual de Akal dice que “El triunfo de los bolcheviques en Rusia enfrentó a quienes esperaban una nueva sociedad con los que temían la revolución social”[18]. Akal con esto se hace precursor de una posición muy extendida para el siglo XX en el bachillerato español, según la cual, la confrontación: revolución/anti-revolución es la más importante de nuestra era. La expresión referida a la “esperanza en una nueva sociedad” añade un elemento de idealización de un sistema del que conocemos ya sus siniestras características. En realidad, la confrontación principal en toda época contemporánea es siempre dictadura/democracia. Y en ese sentido, la verdadera “nueva sociedad” es la democrática-liberal, pues todas las llamadas “revoluciones” históricas anteriores antepusieron el colectivismo de clase, religión, raza o nación por delante de los derechos del individuo. “La verdadera revolución no está en Cuba, sino en  California”[19].

 

 

  1. La Revolución rusa.

 

En consonancia con ese contexto de recelo hacia el mercado por parte de nuestros textos de Enseñanza Media, todo proceso revolucionario totalitario es visto no solamente con benevolencia, sino incluso con indisimulada simpatía en algunos casos. La revolución rusa, por ejemplo, se cuenta siguiendo las propias pautas de la propaganda estalinista, impuesta durante los años que los archivos de la extinta URSS sólo fueron abiertos a aquellos historiadores que coincidían con la interpretación oficial de los hechos[20].

La mayor parte de nuestros textos analizan el estallido de la revolución a causa de la insoportable autocracia zarista. Pero cuando se produjo el golpe bolchevique, Rusia era el país más libre del mundo con el gobierno de Kerenski.  Es verdad que entre 1825 y 1917 el zarismo ejecutó a 3932 personas. Pero ningún texto dice que esta cifra es superada por los bolcheviques tras cuatro meses en el poder[21] (el zarismo fue “apenas una sombra de los horrores del bolchevismo”[22]).

Sin embargo, los cambios rusos en la línea democrática occidental tanto de  1905, como febrero de 1917, son deslegitimados por nuestros manuales y percibidos como “burgueses” y reformistas, ya que no satisfacían las “verdaderas” necesidades del “pueblo”.

Una de las primeras medidas que adoptó el gobierno nacido de la revolución fue disolver la Asamblea Constituyente. En general, nuestros manuales no aclaran suficientemente la trascendencia  de la decisión desde el punto de vista democrático, a diferencia de lo que hacen a la hora de resaltar el carácter dictatorial del régimen zarista. Algunos incluso justifican tal medida, pues la Asamblea representa el modelo “burgués” frente a la “democracia” más “profunda” de los soviets.

Tras la disolución de la Asamblea vino el silenciamiento de la oposición.  Pero nuestros textos no entran en el asunto del terror de masas, o si se hace, sólo para una sola época, la de Stalin, que parece una excepción a la regla, sin que se aclare por tanto la naturaleza criminógena del comunismo para toda época y todo espacio. El terror rojo, programado por Lenin y Trotski desde los comienzos de la revolución (se trató en realidad de un elemento de gobierno concebido bastantes años atrás, al menos desde 1908 [23]), se omite, o se justifica como una respuesta al terror blanco, que por cierto se identifica erróneamente con el peligro zarista (El mismo Churchill llegó a apoyar la guerra antibolchevique de manera especial[24]). En la mayor parte de nuestros manuales, la represión soviética, que alcanza más de 20 millones de crímenes, ocupa el mismo número de líneas que el episodio macarthysta americano de las listas negras.

Desde luego hay una  tendencia a emplear un lenguaje eufemístico que encubre el carácter tiránico del régimen allá donde se es muy sensible no ya con otros totalitarismos (que eso está bien), sino con fallos de regímenes democráticos occidentales (por cierto, algunos reales y otros supuestos). Téngase en cuenta que como dice Francois Furet el régimen de la Rusia de los años 30 no tiene precedente en la Historia. “Jamás un Estado en el mundo se había fijado como objetivo matar, deportar o someter a sus campesinos. Jamás un partido había sustituido tan completamente al Estado. Nunca había dominado tan enteramente toda la vida social de un país y las vidas de todos los ciudadanos. Nunca una ideología política moderna había desempeñado un papel semejante en el establecimiento de una tiranía tan perfecta que quienes la temen deben, empero, elogiar sus fundamentos. Jamás un dictador había tenido nunca un poder tan grande en nombre de una mentira tan completa, y sin embargo tan poderosa, sobre las inteligencias”. Y más adelante: “lo mismo se reproducirá con Hitler y el nazismo” [25].

El carácter totalitario del comunismo no solo es ignorado a veces, sino que muy frecuentemente el comunismo aparece tratado como una ideología antifascista (y por tanto “progresista”, asociada a la defensa de la democracia). En pocas ocasiones se analizan su programa liberticida (lo que acertadamente se hace con el fascismo), ni el parecido que en todos los sentidos, incluso estético, mantiene con el fascismo y con el nazismo. No se dice nunca por ejemplo que los campos hitlerianos estaban inspirados en los de Lenin[26], de los que apenas se habla por cierto.

Es verdaderamente significativo el hecho de que a partir de la victoria bolchevique los textos del bachillerato ya no vuelven a hablar ni de los derechos sindicales, ni del de huelga, ambos ausentes y perseguidos por el bolchevismo. Tampoco de explotación obrera. Por el contrario, ahora se va a hablar de esfuerzo, sacrificio  y de resignación. La sobreexplotación atribuida a otros regímenes, incluso democráticos, ahora en éste es “estímulo a la productividad”. El stajanovismo (Stajanov hacía durante su turno el trabajo de 16 hombres) no es explotación, sino como dice el texto de Bruño, “competitividad entre los propios trabajadores”[27] o como afirma el de Vicens Vives “esfuerzo por la continua superación en el rendimiento en el trabajo”[28].

 

 

 

 

  1. El periodo de entreguerras y las causas de la II Guerra Mundial.

 

Igual que La I Guerra, los problemas de entreguerras son también asociados al liberalismo en nuestros libros de bachillerato. Akal lo resume bien cuando habla de “la falta de confianza de los ciudadanos en los Estados liberales y en su incapacidad para resolver los problemas del momento”[29]. En realidad no fue la incapacidad liberal, sino la implantación de poderosas ideologías totalitarias en la opinión pública, como el nacionalismo y el revolucionarismo, lo que se va apoderando de la época de entreguerras, pues en un primer momento, inmediatamente después de la guerra, fue el liberalismo el que logró extenderse en países como Polonia, Alemania, países Bálticos, Checoslovaquia y Austria.

La idea de atribuir el origen del totalitarismo fascista al mercado, (es decir al liberalismo, especialmente al económico), tal como se hace en algunos textos, es en realidad originaria del marxismo-leninismo, doctrina ésta sí explícitamente totalitaria que condena la separación de poderes e impone el partido único. Se sabe que liberalismo y fascismo no tienen nada que ver, incluso que el liberalismo ha sido más odiado por parte del fascismo que del comunismo, pero se obstinan en presentar al socialismo como el único rival del fascismo. En realidad tanto la doctrina marxista leninista como la fascista propugnan la violencia para tomar el poder. ¿Dónde se defiende eso en la tradición liberal? Si la libertad ha pervivido en el siglo XX ha sido no por la salvaguarda de los regímenes fascistas o comunistas, sino de las democracias liberales, régimen del que menos puede avergonzarse la humanidad[30].

Cuando se habla del periodo de entreguerras, nuestros manuales no hablan apenas del peligro revolucionario totalitario de los años 20 y 30. El “ascenso de los totalitarismos” es el nombre que se le da a la época, pero se refiere sólo a los de la extrema derecha. Nuestros textos no asocian con toda claridad el totalitarismo a las huelgas revolucionarias promovidas por Stalin en Italia y Francia, ni  a la actividad de la III Internacional, ni al frentepopulismo español. Ni hacen responsables a los ataques comunistas sobre los socialistas antes del año 34 como una de las claves del ascenso de los nazis, por ejemplo.

Dos rasgos diferentes que se repiten en el tratamiento del periodo de entreguerras son por un lado, los de un precoz antiamericanismo, y por otro, el de la asociación de las clases medias al fascismo. Respecto al primero el texto de Oxford dice que en el periodo de entreguerras EEUU “no se ocupó de los asuntos europeos ni asumió el liderazgo político que su potencial económico le hubiera permitido ejercer”[31]. Como advierte Jean Francois Revel, el antinorteamericanismo es una obsesión porque critica a EEUU de algo y de su contrario, de su intervencionismo (que es la crítica habitual) y de su aislacionismo (que es el caso)[32]. El grado más alto de esta obsesión antiamericana lo representa Akal cuyo análisis sobre la América de estos años se hace eco de todos los tópicos negativos[33] entre los que incluye el puritanismo (¿) y la ausencia de organizaciones revolucionarias (¿es eso un defecto o una virtud, habida cuenta del camino recorrido por esta vía en Europa y en el mundo durante el siglo XX?). Ni una palabra sobre el desarrollo científico técnico, el desarrollo de las clases medias, el multiculturalismo, la liberación de la mujer, y la ausencia absoluta de dictadores en su Historia. Por el contrario, Akal pinta para Europa una época positiva[34], “los liberales y felices años 20”, aunque finalmente debe echar mano de un elemento americano para adornar tanta alegría, la “música negra”.

Con referencia  a la asimilación de clase media y fascismo, el único manual que rompe con el mito del ensalzamiento de una clase obrera de entreguerras ávida por la redención social, y del miedo reaccionario asimilado al fascismo de las clases medias es el de SM[35]. Citando a C.C. Jover (Los fascismos), muestra la composición social de los afiliados tanto del fascismo italiano como del nazismo alemán. En ambas, los trabajadores por cuenta ajena, y en especial los obreros industriales y agrícolas conforman el porcentaje más alto.

Respecto a los totalitarismos de entreguerras, en general nuestros manuales evitan hacer análisis comparativos acerca del régimen de Stalin y de Hitler. Se trata de una comparación muy didáctica para comprender la similitud de los regímenes que adoptan la dictadura como forma política y la planificación del estado como sistema económico, es decir para describir los regímenes totalitarios antidemocráticos y anticapitalistas sean del signo que sean y contraponerlos a los democráticos y de mercado. Como dice Ernst Nolte la equiparación entre ambos “en lo que se refiere a las medidas de exterminio llegó a la correspondencia extrema”[36]. Jean Francois Revel llega más lejos, pues cuenta como en “su Estado omnipotente, Ludwig Von Mises, uno de los grandes economistas vieneses emigrados a causa del nazismo, se divierte en relacionar las diez medidas de urgencia preconizadas por Marx en el Manifiesto comunista (1847) con el programa económico de Hitler. `Ocho sobre diez de esos puntos – observa irónicamente Von Mises – han sido ejecutados por los nazis con un radicalismo que hubiera encantado a Marx”.[37]

Tal vez  porque el comunismo no perdió una guerra y no ha tenido un juicio como tuvo el  fascismo en Nuremberg, el caso es que no hay simetría ni en nuestros textos, ni en el imaginario colectivo de gran parte de la opinión pública, en el trato de ambos totalitarismos: Todo el mundo conoce a Himler, Goering, Eichman, etc, pero pocos a Yagoda oYazhov. Además, siguen teniendo un sorprendente reconocimiento Lenin, Ho Chi Minh e incluso Stalin[38].

La confrontación fundamental que nuestros manuales encuentran en el periodo de entreguerras es la del fascismo-antifascismo (en realidad la confrontación principal siempre es democracia-dictadura). Pero nuestros textos no suelen explicar que dentro del antifascismo existen unas fuerzas revolucionarias de carácter totalitario, tan antidemocráticas como las fascistas, que se unen a la lucha “antifascista” en Europa en los años 30 a través de los frentes populares, como una manera a la larga de tomar el poder, para implantar la revolución. La prueba de la relatividad del “antifascismo” de los comunistas es que éste tuvo como límite el año 39 (en realidad esa política dura sólo del 34 al 39), año en que tuvo lugar el famoso pacto de Hitler con Stalin, y sólo se reproduce ahora sí de forma clara como no podía ser de otra manera, después de que Stalin fuese atacado por Hitler por sorpresa[39].

Aunque ambos extremismos se odiaban, no era menor el odio que ambos profesaban a la democracia liberal. El pacto soviético-alemán llegó a que “los comunistas franceses exhortaran, en nombre de la lucha contra el capitalismo, a los obreros de las fábricas de armas a que sabotearan su trabajo e incitaron a los soldados a desertar, cuando faltaban pocas semanas para que los ejércitos nazis ocuparan París”[40]. Incluso Stalin llegó a tomar a su servicio, después de iniciada la guerra, técnicos nazis especializados en las cámaras de gas[41].

Todos los manuales del bachillerato español encaran el asunto de la crisis económica del periodo de entreguerras confusamente. En general dicha confusión afecta sobre todo a la explicación de las causas, aunque de una u otra manera, finalmente hay cierta unanimidad en apuntar como responsable último al mercado.  Un ejemplo, el que ofrece el texto de Vicens Vives, para quien la crisis “demostró la incapacidad del mercado para regular por sí mismo los desequilibrios entre oferta y demanda”[42]. Como dice Francois Furet “probablemente no hay época de la historia moderna de Occidente en que el liberalismo económico haya sido objeto de una condena más universal: resulta difícil imaginar, hoy, cuando la idea del mercado ha conquistado incluso a la ex Unión Soviética…”.[43]

No hay ambigüedad tampoco a la hora de enjuiciar las salidas que se buscaron a esta crisis, pues casi todos se ponen de parte de Keynes, siguiendo así la línea de presentar como acertadas las soluciones “progresistas”. Sirva como ejemplo también la cita del libro de Vicens Vives: “Keynes fue uno de los pocos que realizó un diagnóstico adecuado de lo que estaba sucediendo…”[44].

 

 

 

 

  1. La Guerra Fría y la Posguerra.

 

Raras veces se presenta la guerra fría claramente como lo que fue, la confrontación entre la dictadura comunista y la democracia occidental, algo que ayudaría mucho a nuestros estudiantes a perfilar en qué consiste un sistema democrático y a diferenciarlo de los demás. Parece como si existiera un deseo de equiparar moralmente a ambos bloques, (dos “soluciones” distintas, que tienen sus “aciertos” y sus “errores”) bien mediante el ocultamiento del carácter tiránico del bloque comunista, bien poniendo de manifiesto las “razones” de cada uno, bien homologando el tratamiento a las respectivas “disidencias”  o por cualquier otro método encubridor de esa diferencia básica.

 

4.1. China.

 

El caso de China es significativo. Una revolución que tiene sobre sus espaldas 65 millones de crímenes, es decir, casi el triple que el nazismo, y de la que sin embargo se habla con toda normalidad. La “revolución cultural” por ejemplo, proceso motivado por una feroz lucha por el poder totalitario y que cuenta con la responsabilidad de cientos de miles de estos crímenes, se cuenta en nuestros textos de la misma forma que lo hace la propaganda maoísta,  es decir, como si se tratara de una alerta juvenil por reverdecer la revolución. Editex, como muestra, dice que en 1965 “Mao inició la revolución cultural, movilizando al pueblo contra el aparato anquilosado e ineficaz del partido”[45].

Se habla con toda normalidad de los “logros” económicos maoistas, como hace el texto de Mac Graw Hill que entre otras ideas del mismo calibre dice que  “el trabajo colectivo….permitió utilizar mejor los recursos y mejorar las explotaciones: se produjo un espectacular aumento de las tierras regadas gracias a la construcción de embalses, diques y canales” y que la educación “se extendió a todos sin discriminación de sexos”[46]. Pero ni una palabra de las millones de muertos producidos por las hambrunas que soportó el pueblo chino debido al colectivismo (“Entre 1959 y 1961 se acerca a ¡cuarenta millones de personas!”[47]). Tampoco nada sobre la censura y el adoctrinamiento educativo.

 

4.2. Cuba.

 

Cuba es otro de los referentes que demuestran la relatividad democrática de nuestros manuales ante este tipo de regímenes. Para empezar la mayoría habla de una falsedad histórica: el bloqueo[48]. Cuba no está ni ha estado aislada nunca. Sólo el denostado capitalismo estadounidense se ha negado a comerciar con la isla después de que los bienes americanos fuesen expropiados sin indemnización. Los crímenes del régimen cubano suman más que los del conjunto del resto de las dictaduras iberoamericanas y su longevidad no ha sido superada por ninguna, lo cual no es suficiente para que nuestros manuales hablen apenas de la represión cubana. El contraste con el espacio y la intensidad de las condenas dedicadas a la represión de otras dictaduras de derechas, básicamente de Pinochet y Videla (condenadas justamente), es flagrante.

Por otro lado no se habla de las condiciones de miseria a las que ha sido sometido el país. Como dice Cabrera Infante “Cuba, el país que era en los años 50 con Argentina y Uruguay uno de los más prósperos de América ha sido reducido a una miseria más atroz que la de Haití”[49]. Tampoco de su carácter dictatorial: Bruño por ejemplo pinta a Cuba como una “democracia directa con un régimen de partido único y un sistema de participación popular”[50].

 

4.3. Vietnam.

 

Vietnam, Indochina, es otro de los tests representativo de lo que venimos diciendo. Ningún manual nos cuenta que pasó allí, tras la retirada de los americanos. Todo lo que importa de aquella guerra a nuestros libros de bachiller es la derrota del “imperialismo” americano a manos del “pueblo vietnamita”. Los manuales de Editex y Bruño la llaman guerra de liberación nacional. Pues bien, apenas Vietnam convertido en comunista, en 1975, 60.000 personas fueron fusiladas en los tres meses que siguieron a la conquista del sur por los ejércitos de Hanoi, más unos 20.000 un poco más tarde. Alrededor de unos 300.000 perecieron en el transcurso de los años siguientes a causa de los malos tratos sufridos en los campos de concentración[51]. La victoria norvietnamita tuvo como consecuencia un éxodo extraordinario. “Cerca de millón y medio de refugiados debieron ser asentados en 16 países, y a estos se unieron no menos de otro medio millón que intentaron escapar de la dictadura comunista por mar – los denominados boat people- de los que como mínimo un 10 por ciento pereció en la fuga”[52]. El extremo oriente quedó esclavizado por el comunismo. En Camboya “Pol Pot entró en una política genocida en virtud de la cual llegó a ordenar el exterminio de los que llevaban gafas (lo que revelaba que sabían leer) o de los que hablaban inglés”[53].

La noción de la democracia en nuestros textos queda dañada finalmente en la interpretación de otro numerosísimo conjunto de episodios relacionados todos con la legitimidad otorgada al movimiento socialista revolucionario internacional: el ataque a Corea del Sur, el ascenso del movimiento  de los “no alineados”, el conflicto palestino-israelí, los llamados movimientos de liberación nacional, la guerrilla iberoamericana, el aislamiento de Berlín, y la anexión de la Europa central y balcánica, la satelización comunista de varios países africanos, el golpe de Praga,  la guerra civil de Grecia y las huelgas insurreccionales de Italia y Francia.

 

4.4. La descolonización.

 

Para nuestros textos la descolonización es un fenómeno asociado al “imperialismo” americano. En realidad el resentimiento antioccidental de la descolonización fue aprovechado por la URSS y China para extender el odio a la democracia occidental y la implantación por la fuerza de la dictadura marxista leninista a casi la mitad del globo, y prolongar con ello durante medio siglo el atraso en la modernización de estos países, del que solo algunos empiezan a recuperarse tras adoptar las instituciones políticas y/o económicas occidentales (actualmente, el caso de China, India, Taiwan, Korea del sur, Singapur o Chile). Se insiste en considerar imperialistas a aquellas naciones occidentales, que como Estados Unidos, han dedicado más fondos  a la ayuda del Tercer Mundo; y en no ver el imperialismo de la URSS y China, que consideran creadoras de los llamados movimientos de liberación nacional, en realidad instrumentos de imposición comunista. Como ejemplo las palabras del manual de Oxford: “la revolución bolchevique divulgó un mensaje antiimperialista. La URSS fue el ejemplo para la mayoría de los dirigentes nacionalistas de Africa y Asia”[54]. El resultado es que la descomposición de los colonialismos occidentales ha dado paso a las victorias de las utopías cruentas, totalitarias y antioccidentales[55].

Nuestros manuales no hablan de la responsabilidad revolucionaria en el empobrecimiento ni en el atraso de la modernización de estos países, liderados en los últimos 50 años por las élites revolucionarias, especialmente en Africa cuyas hambrunas bajo dominio comunista son manejadas por las nomenclaturas para conseguir una ayuda que les eterniza en el poder: “durante el decenio 1980-1990, casi todas las víctimas de la privación de alimentos se situaban en Africa, y más particularmente en los países provistos de un régimen marxista: Etiopía, Madagascar, Angola, Mozambique a los que hay que añadir Sudán que no es marxista”[56]. Nuestros textos vinculan la pobreza tercermundista, especialmente la africana, a las secuelas de la colonización occidental, omitiendo otras, que tienen mucho más que ver con la realidad de hoy. Como añade Revel, “además de las mortíferas copias del Koljozismo soviético-chino por las nomenclaturas de Africa y el desvergonzado saqueo de los recursos internos y de la ayuda exterior por las oligarquías revolucionarias locales, las incesantes guerras civiles o interestatales, las guerras de religión, las exterminaciones étnicas, el racismo intertribal, las matanzas y los genocidios son las principales, si no las únicas, explicaciones de la caída de las poblaciones africanas en la indigencia a que han quedado reducidas”[57].  Sin embargo, nuestros textos recurren a los tópicos neomarxistas para explicar las situaciones de indigencia en el Tercer Mundo, de entre los que destacan conceptos como el “intercambio desigual”, el llamado desarme arancelario, el neocolonialismo y la deuda externa, ideas todas ellas superadas por casi la totalidad de los economistas de hoy. Respecto a ésta última de la deuda por ejemplo, Venezuela recibió entre los setenta y noventa 250 mil millones de dólares. ¿Qué hizo con ese dinero? Lo que hiciera es mucho más responsable de su situación que cualquier otra cosa, desde luego[58].

 

4.5. Occidente: enmienda a la totalidad.

 

Por el contrario, nuestros textos suelen hacer una enmienda a la totalidad de los países occidentales, a cuyo sistema democrático y de mercado se les responsabiliza de la situación de los países subdesarrollados. Al nuevo orden (capitalista) surgido de la guerra en occidente se le achaca el hambre del mundo, la ausencia de paz, las crisis económicas, especialmente la del 73, y el fariseismo de apoyar regímenes autoritarios proclives a occidente. Respecto a esto último, y por escoger un ejemplo entre muchos, el manual de SM dice que “Reagan no dudó en apoyar a regímenes dictatoriales financiando a grupos que se oponían a los gobiernos cubano y nicaraguense”[59]. Es verdad que algunas actuaciones americanas no tienen justificación. Pero resulta sesgado criticarlas si no se hace también con todos los gobiernos democráticos que se hayan aliado con dictaduras en ese momento menos fuertes, para derrotar a totalitarismos más peligrosos para el mundo (Reagan derrotó a un comunismo que dominaba más de la tercera parte del planeta). Por ejemplo, para ser coherentes, se debería entonces criticar la alianza de los demócratas europeos y americanos con la Rusia totalitaria estalinista, para derrotar a Hitler.

Una de las acusaciones a Occidente que suele repetirse es que no ayuda suficientemente al Tercer Mundo. La experiencia demuestra sin embargo que lo decisivo para que un país despegue es, no tanto la ayuda exterior, como el cumplir una serie de requisitos institucionales y económicos que la experiencia muestra como necesarios para ello (democracia y mercado, básicamente). La prueba de lo secundario de las ayudas si no se tienen estas instituciones es que desde hace cuarenta años Africa ha recibido el montante de varios planes Marshall. De 1960 a 2000 recibió cuatro veces más créditos (no devueltos) y ayudas por habitante que América Latina o Asia. ¿Por qué no dicen esto nuestros  manuales? ¿Por qué América Latina y Asia están despegando, y Africa no?[60].

Uno de los objetos de crítica favoritos de nuestros manuales son los países anglosajones, especialmente EEUU, seguramente porque ellos representan el paradigma del sistema liberal de nuestra época. Reagan y Thatcher, como máximos exponentes del sistema, se llevan la palma en cuanto a ser los blancos preferidos de las descalificaciones. No hay manual que no los critique más o menos abiertamente, en ocasiones faltando a la verdad. Como hace el manual de Santillana cuando dice que “la `revolución´ de Reagan[61] provocó mayores niveles de pobreza…”[62] O el de Anaya sobre Margaret Thatcher[63], de la que se dice que  “…favoreció a las grandes empresas…” y que “…paralelamente aumentaron las diferencias sociales al empeorar la situación de los más pobres”[64]. Ninguno dice que las políticas anglosajonas liberales acabaron desde entonces con el desempleo (se debe recordar que por debajo del 5% los especialistas lo consideran debido a la enfermedad mental, drogadicción, alcoholismo o vagabundez)

En realidad la condena de las políticas liberales son generales y llegan hasta los 90, como cuando el texto de Oxford dice que “en los primeros años de la década de los 90….los aparentes logros de las políticas neoliberales de los años 80 desaparecieron”[65]. Finalmente suele suceder que se trata con mayor consideración moral a cualquier líder tercermundista totalitario antiamericano que a un presidente de gobierno democrático considerado de derechas o liberal.

La estigmatización del llamado “Neoliberalismo” lleva a nuestros textos a condenar los fenómenos que suponen apertura de mercados y libertad económica, muy especialmente los del espectacular desarrollo del sudeste asiático y  de la transición al mercado de la antigua URSS. Del primero no se habla de la situación de miseria anterior, ni del sorprendente aumento del nivel de vida, sino de que es un desarrollo marcado por la explotación y  bajos salarios. En realidad la ciencia económica nos indica que los salarios están siempre en consonancia con la productividad[66] de cada país.

Respecto a la transición de Rusia, “…el país que había abanderado la revolución de la igualdad…”[67], las condiciones de vida se deterioraron, dice el manual de Akal. Pero la URSS sólo fue el país de la igualdad en la pobreza; en realidad fue el país de los privilegios de la nomemklatura y de la tiranía, es decir de la desigualdad por razones políticas impositivas y no de libre y voluntaria competencia económica, y sus condiciones de vida nunca fueron buenas. “El bloque soviético se desmoronó y la fiebre del liberalismo capitalista se extendió también en estos territorios”[68], continúa Akal en lo que tiene todas las características de un lamento por el “paraíso” perdido.

 

 

4.6. Las alabanzas al intervencionismo estatal y a los “Movimientos de Liberación.

 

En cambio, hay unanimidad a la hora de ensalzar las políticas intervencionistas. El único momento en que el mercado es visto con buenos ojos es durante el periodo de  la Europa que va de 1945 a 1973, la Europa de la socialdemocracia, cuyos esfuerzos y recursos fueron dedicados a construir el llamado Estado del Bienestar, mientras dejaba en manos de EEUU la defensa del mundo occidental y la pacificación de las zonas conflictivas del mundo, especialmente aquellas donde avanzaba el comunismo. Todos los manuales ensalzan esa Europa, y ninguno critica que mientras EEUU ponía el dinero y las vidas de sus muchachos, Europa se dedicaba a criticar sus actuaciones, lo que le permitía el doble beneficio de sentirse superior moralmente y al mismo tiempo defendida[69].

Sólo la América demócrata, quizás por su (relativo) parecido a la socialdemocracia europea, es alabada por nuestros textos. El de Anaya lo hace cuando habla del “gobierno de progresistas”, y aprueba su intervencionismo económico para “limitar el poder del capital”. Por el contrario, del periodo republicano americano de la época se dice que ejerció un “férreo anticomunismo” (¿utilizaríamos la expresión “férreo antifascismo”?) y se habla del “liberalismo económico radical que benefició a las grandes empresas y a las mejores fortunas”[70]. Se echa de menos los numerosos errores demócratas de las épocas de Kennedy, Johnson y sobre todo de Carter, y la similitud de sus posiciones internacionales con los republicanos.

El consenso de nuestros textos de bachiller en torno a posiciones neomarxistas vuelve a repetirse alrededor de las causas y soluciones del subdesarrollo de Iberoamérica. Todos dicen que las desigualdades están detrás de la pobreza; ninguno plantea el asunto de cómo crecer todo el tiempo, fórmula que ya sí está siendo practicado por algunos países de este continente con éxito, lo que podría servir como ejemplo para nuestros manuales. Pero esto no ocurre. Por ejemplo Chile, uno de esos países que pronto alcanzará el nivel de Europa y que puede ser un referente para el continente, es utilizada mucho más para hablar de un golpe militar que ocurrió hace 32 años que del éxito espectacular de su política económica de los últimos años. Por el contrario unos y otros hacen hincapié en la responsabilidad del reparto de una riqueza, que en realidad antes que nada debe generarse.

Como se parte del hecho de que la miseria viene de estas desigualdades “sociales”, producto de la extensión de los mercados, se llega a justificar la existencia de guerrillas[71] que supuestamente buscan la igualdad social, aunque en realidad busquen la generación de una sociedad comunista, al estilo de las ya ensayadas y trágicamente fracasadas en el mundo. En efecto, el texto de Editex dice que la miseria producida por esas oligarquías “llevaron a la organización y levantamiento en armas de fuerzas populares organizadas en forma de guerrillas…”[72]. Pero ni fue la miseria lo que llevó a la guerrilla[73], sino la ideología comunista, ni estas fuerzas eran tan de extracción popular como se dice, pues suelen estar lideradas por hijos procedente de la “oligarquía” de cada país, – por emplear la terminología de estas mismas organizaciones -, convertidos al marxismo leninismo, y para nada de origen campesino o indígena. Por ejemplo, el célebre subcomandante Marcos, gran protagonista de nuestros textos, como el resto de sus congéneres, es universitario y blanco, se llama en realidad Rafael Guillén Vicente, y fue entrenado en Cuba[74].

 

4.7. La condena de la Globalización.

 

El fenómeno de la globalización también concita todo tipo de rechazos y críticas por parte de nuestros textos. Tras esa condena se trasluce un disgusto por lo que parece la victoria definitiva del mercado en el mundo. Es prácticamente imposible encontrar en nuestros textos cifras acertadas acerca del crecimiento mundial y de la incorporación de cada vez más millones de personas al desarrollo económico e industrial. Lo cierto es que “desde hace 50 años,…en el Tercer Mundo ha habido un triple aumento: el de la renta media, el de la población y el de la esperanza de vida”[75]. El único continente donde no ha ocurrido esto es en Africa, justo donde no llega la globalización[76]. Pero nuestros manuales, en contra de las cifras dadas por los principales economistas, se empeñan en utilizar triquiñuelas estadísticas para dibujar un mundo en regresión. Por ejemplo el texto de Vicens Vives, que critica a gran parte de los “modelos teóricos en economía” por defender que “la globalización favorece el crecimiento y una mayor renta por habitante entre países”, añadiendo que la “evidencia demuestra que aunque el crecimiento ha sido intenso durante los últimos decenios, en especial en algunas zonas como Asia, las diferencias en la renta entre países ricos y países pobres ha aumentado”[77], lo cual es verdad. Pero valorar la divergencia entre países no sirve, pues albergan una gran diferencia entre sus poblaciones y por tanto nos dan una visión engañosa. Hay que valorar si hay más pobres o menos que hace 10 años en el mundo. O mejor dicho si la fracción de pobres disminuye o no, porque cada vez hay más pobres y ricos, por la sencilla razón de que la población mundial crece. Pues bien, la fracción de pobres respecto al total de la población, disminuye. Como dice el economista Sala i Martín, reciente premio Juan Carlos I,  “Los datos demuestran que la fracción de la población que es pobre va decreciendo. En ese sentido el progreso de China y la India vuelve a ayudar porque ha hecho que 300 millones de personas hayan abandonado la pobreza absoluta”[78]. Y los pobres aumentan no porque la clase media se empobrezca, sino porque la mayoría de los niños que nacen en el mundo lo hacen en países del Tercer Mundo.

En el asunto de la globalización, no vuelven a faltar ninguno de los tópicos al uso. La concentración de la riqueza en cada vez menos manos es uno de ellos, a pesar de que estos datos son desmentidos por los especialistas una y otra vez[79]. En definitiva, los mismos errores económicos rastreados por el profesor González en los manuales de los 90 continúan plasmados imperturbablemente en los de principios de los 2000. El profesor González los pone de manifiesto a lo largo de su libro, aunque les dedica al final un capítulo particular[80]: el poder de las multinacionales (en realidad los estados cada vez acaparan más poder), el desempleo a causa de la deslocalización industrial (nuestros textos ignoran el concepto de “destrucción creadora” del capitalismo, de Shumpeter), el intercambio desigual (en los intercambios voluntarios ganan ambas partes), la destrucción del medio ambiente (muy superior en economías planificadas) y la exportación del modo de vida americano, principal responsable de esta situación internacional. Por eso, respecto a esto último, cualquier tipo de resistencia al “Imperio” americano, venga de donde venga, tiene garantizada la simpatía más o menos transparente de nuestros manuales. Para el de SM, el radicalismo islámico, la “prohibición de antenas parabólicas en algunos países musulmanes…” y la “…de Internet en China”[81] forman parte de esa resistencia.

Es curioso en ese sentido, que siendo Europa la que ha conquistado militarmente el mundo desde los siglos XVI hasta principios del XX, y la que ha exportado en el XX dos guerras mundiales y todo tipo de dictadores de uno y otro signo, la fascista y la imperialista sea siempre EEUU, cuyas por otra parte decisivas intervenciones han salvado al mundo de los sucesivos dictadores europeos, el Kaiser, Hitler, Mussolini, Stalin o Milosevic, y en la actualidad han plantado cara al islamismo totalitario.

Llama la atención en ese sentido, la consideración que el Bachillerato español ha tenido siempre para la tradición jacobina francesa, modelo de sucesivas revoluciones a lo largo de la Edad Contemporánea, cuyo inexcusable y común final acaban siempre en el terror y la dictadura. Un crédito filofrancés sorprendente que llega hasta la II Guerra, en la que Francia jugó un papel, durante el periodo del régimen prohitleriano de Vichy, que no hizo sino seguir la peor tradición totalitaria de la Historia de ese país, y del continente.

Contrasta sin embargo la condena por parte de nuestros textos del sistema anglosajón, paradigma de la estabilidad democrática durante más de 200 años. Nuestro Bachillerato pierde la oportunidad de ofrecer un modelo democrático a nuestros estudiantes en países como Gran Bretaña, EEUU, Canadá o Australia, que no solo nunca han padecido en su seno una dictadura de uno u otro signo, sino que en varias ocasiones han defendido en solitario la libertad en el mundo (como durante un tiempo hizo Gran Bretaña contra Hitler).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Vid. González, M. J., El empresario y la economía de mercado: Breve recorrido por los textos de Historia, Geografía y Economía utilizados en los Centros de Enseñanza Media. Madrid, 2003.

[2] Vid. Hijazo del Río, R., “La Historia de Andalucía en los libros de texto”. Septiembre de 2001. Disponible de Internet en <http:wwwaandalucia.cc/adarve/hijano-historia.htm>

[3] Término éste que englobaría a las diferentes corrientes actuales e históricas estudiadas por el profesor Bueno, aunque en el caso de nuestros manuales se refiere sobre todo a la izquierda marxista . Vid, Bueno, G., El mito de la izquierda. Barcelona, 2003.

[4] “La memoria depende de la hegemonía cultural y ésta la tiene la izquierda desde finales de los sesenta […]  Mi testimonio en este punto es el de alguien que en los años sesenta y setenta consideró necesario rescatar el pasado de manos del oficialismo franquista”…lo cual ”era tan imprescindible como salvar a la Historia, ahora, de los sesgos impuestos por la izquierda”. Alonso de los Ríos, C., “Las ruinas de la memoria”. ABC, 22 de agosto de 2004.

[5] Tortella, G., “El socialismo del siglo XXI”. El País, 30 de abril de 2002.

[6] “Enigma de nuestra época: la izquierda del postcomunismo pone más empeño en blanquear el pasado comunista que el que ponían los propios dirigentes soviéticos”; Revel, J. F., La gran mascarada. Madrid, 2000, 191.

[7] Pastor Ugena, A., Historia del mundo contemporáneo. Madrid, 2003, 78.

[8] Cf. Revel, J. F., La gran…op.cit.,  216-217.

[9] Cf. Ibid., 45.

[10] Fernández Madrid, M. T. et al., Historia del mundo contemporáneo. Madrid, 2002, 123.

[11] Harnecker, M., Los conceptos elementales del materialismo histórico. Madrid, 1973.

[12] Según Pío Moa el concepto de plusvalía fue refutado ya a fines del siglo XIX por Böhm Bawerk, que “desmontó la teoría de la explotación de Marx, apoyada en una idea falsa del valor, base del no menos falso concepto de plusvalía”. Moa, P., “La fascinación del marxismo”. La Revista, disponible desde Internet en <http://www.Libertaddigital.com>,  8 de noviembre de 2002.

[13] Tusell, J. et al., Historia del mundo contemporáneo. Madrid, 2002, 100.

[14] Cf. Wanninski, J., “Una historia económica del siglo XX”. En defensa del neoliberalismo,  1-8. Disponible desde Internet en <http://www.neoliberalismo.com/Archivo-01/hist_eco.htm>

[15] Cf. Aróstegui Sánchez, J. et al., Historia del mundo contemporáneo. Barcelona, 2003, 100.

[16] Cf. Villares, R., y Bahamonde, A., Historia del mundo contemporáneo. Madrid, 2002, 162.

[17] Ibid., 166.

[18] González González, M.C. y Cabezalí García, E., Historia del mundo contemporáneo. Madrid, 2002, 190.

[19] Revel, J. F., La obsesión antiamericana. Barcelona, 2003,  26

[20] Cf. Vidal, C., La Ocasión perdida. Barcelona, 1997, 165.

[21] Cf. Courtois, S. et al., El libro negro del comunismo. Madrid, 1997, 28.

[22] Ibid., 27.

[23] CF. Vidal, C., Breve Historia del siglo XX. Madrid, 1999, 88.

[24] Cf. Nolte, E., La guerra civil europea 1917-1945. México, 1987,  89.

[25] Furet, F., El pasado de una ilusión. Madrid, 1996,  173.

[26] Rudolf Hess manda traer los informes de los campos leninistas para construir Auschwitz.Cf. Courtois, S. et. al., El libro… op. cit.,  29, 30.

[27] Bueno Martín, M. A. et al., Historia del mundo contemporáneo. Madrid, 2004, 160

[28] Aróstegui Sánchez, J. et al…..op. cit., 146.

[29] González González, M. C. et al., Historia contemporánea…op. cit., 280.

[30] Cf.  Revel, J.F., El conocimiento inútil. Mdrid, 1993, 193-195.

[31] Sánchez Pérez, F., Historia del mundo contemporáneo. Madrid, 2002, 204.

[32] Revel, J.F., La obsesión…op. cit.,  21.

 

[33] Cf. González González, M. C. y Cabezalí García, E., Historia contemporánea…op. cit., 270-271.

[34] Cf. Ibid., 272-273.

[35] Cf. Tusell, J. et al., Historia del mundo…op. cit., 164.

[36] El nazismo fue una reacción que se transformó en copia: hasta la bandera roja retocada lo fue. Cf. Nolte, E., La guerra… op. cit.,  27. También Furet, F., El pasado… op. cit.,  183-241.

[37] REVEL, J. F., El conocimiento… op. cit.,  192.

[38] Cf. Courtois S. et al., El libro negro… op. cit.,  31-32.

[39] Rusia fue atacada en junio de 1941. El 3 de julio Stalin pronuncia un discurso por radio en el que dice que Alemania había vuelto a ser “fascista” para él. Cf. Nolte, E., La guerra.., op. cit.,  420.

[40] Revel, J.F., La obsesión…op. cit., 93.

[41] Cf. De Villemarest, P., “Les espécialistes nazis du génocide ont aussi travaillé pour Staline”. Le Quotidien de Paris, 13 de julio de 1993, citado en Id., La gran…op.cit., 208.

[42] Aróstegui Sánchez, J. et al., Historia del mundo…op. cit., 160.

[43] Furet, F., El pasado… op. cit.,  174.

 

[44] Aróstegui Sánchez, J. et al., Historia del mundo…op. cit., 164.

[45] Pastor Ugena, A., Historia del mundo…op. cit., 288.

[46] Fernández Madrid, M. T. et al., Historia del mundo…op. cit., 213.

[47] Cf. Revel. J. F., La gran…op. cit.,  127.

[48] Sobre el  mito del supuesto “bloqueo” de cuba pueden leerse multitud de textos entre los que encontrarmos autores poco sospechosos de derechismo, como Fernando Savater, Guillermo Cabrera Infante, Zoe Valdés u Octavio Paz. Ahora citamos un ejemplo. Cf. Vargas Llosa, M., “Desbarajuste con samba”. El País, 25 de julio de 1993.

[49] Cabrera Infante, G., “Colonia de esclavitud”, El País. 13 de marzo de 1995.

[50] Bueno Martín, M.A.I., et al., Historia del mundo…op. cit., 299.

[51] Cf.  Id., El conocimiento… op. cit., 158.

[52] Vidal, C., Breve Hª…op. cit.,  216.

[53] Ibid., 242.

[54] Sánchez Pérez, F., Historia del mundo…op. cit., 245.

[55] Seguimos en este análisis a VIDAL, C., Breve Hª… op. cit.,  201, 202.

[56]  Revel, J. F., El conocimiento…op. cit.,  204.

[57] Id., La obsesión…op. cit.,  78.

[58] Cf. Mendoza, P. A., Montaner, C. A. y Vargas Llosa, A., Manual del perfecto idiota latinoamericano…y español. Barcelona, 1996, 81.

[59] Tusell, J., Historia del mundo…op. cit., 266.

[60] Cf. Revel, J.F., La obsesión… op. cit.,  79.

[61] Para un retrato políticamente incorrecto pero acertado de Ronald Reagan, Cf. Schwartz, P., “Ronald Reagan, un gran presidente”. Expansión, 9 de junio de 2004.

 

[62] Villares, R. y Bahamonde, A., Historia del mundo…op. cit., 356.

[63] Para Un acercamiento desmitificador a dicha figura, Cf. Vargas Llosa, M., “Elogio de la dama de hierro”. El País, 2 de diciembre de 2000.

[64] Praís, J. et al., Historia del mundo contemporáneo. Barcelona, 2002, 311.

[65] Sánchez Pérez, F., Historia del mundo…op. cit., 336.

[66] Schwartz, P. “La deslocalización como ventaja”. Libertaddigital, 20 de abril de 2004, disponible de Internet en <http://www.libertaddigital.com>.

[67] González González, M. C. y Cabezalí García, E., Historia del mundo…op. cit., 420.

[68] Ibid., 420.

[69] Vid., Kagan, R., Poder y debilidad. Madrid, 2003.

[70] Cf. Praís, J. et al., Historia del mundo…op. cit., 311.

[71] Sobre la nefasta influencia de la guerrilla en el subdesarrollo iberoamericano Cf. Mendoza, P.A., Montaner, C.A., y Vargas Llosa, A., “Robin Hood contra la pobreza” en Fabricantes de miseria, Barcelona, 1999,  65-100.

[72] Pastor Ugena, A., Historia del mundo…op. cit., 317.

[73] Las causas sociales o económicas de la guerrilla o del terrorismo son poco convincentes. Cf. Boix, C., “Resentimiento y terror”. El País, 25 de octubre de 2001.

[74] Cf., Vargas Llosa, M., “La otra cara del paraíso”, en El lenguaje de la pasión. Madrid, 2002,  285.

[75] Cf. Revel, J. F. La obsesión…op. cit.,. 76.

[76] Cf. Bonino, E., “¿ Globalización ? Sí, gracias”. ElMundo, 26 de diciembre de 2002. Disponible desde Internet en <http://www.periodistadigital.com/object.php?o=2829>.

[77] Aróstegui Sánchez, J., et al., Histroria del mundo…op. cit., 316.

[78] Sala i Martín, X., Economía Liberal. Barcelona, 2002, 191.

[79] Cf. De la Dehesa, G. “La distribución mundial de la renta” en Globalización desigualdad y pobreza. Madrid, 2003, 113-134. También Vid. Mendoza, P.A., Montaner, C.A., y Vargas Llosa, A., Manual… op. cit.

[80] González, M. J., “Otros errores y debilidades de la lógica económica”, en El empresario… op. cit.,  77-107.

[81] Tusell, J., Historia del mundo…op. cit., 342.

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