(2009) El País y el «silencio» de la Transición

Resumen

 

El periódico El Pais viene defendiendo la idea de que a partir de la Transición se hizo un silencio sobre la República, la Guerra Civil y el franquismo injusto para los perdedores de la Guerra Civil. De ahí que haya defendido la recuperación de la llamada Memoria Histórica impuesta por el Partido Socialista desde su llegada al poder.

Este trabajo tiene como objeto demostrar que ese silencio no se dio ni en la sociedad ni en El País. Se habló y mucho sobre ese periodo de la Historia, y desde el punto de vista de los perdedores de la Guerra Civil.

También se demuestra que el periódico defendió entonces que no se utilizara la Guerra Civil en el debate parlamentario para facilitar la nueva convivencia democrática. Lo contrario de lo que hoy apoya.

 

 

La campaña de El País sobre la recuperación de la Memoria

 

El periódico El País viene defendiendo desde hace años la idea de que a partir de la Transición se declaró una especie de silencio colectivo sobre la II República, la Guerra Civil y el franquismo (debido a la amenaza latente del aparato de estado franquista) injusto para los perdedores de la Guerra, entre otras razones porque durante cuarenta años no pudieron manifestarse ni dignificar su causa. De ahí, según el diario, se derivaría la necesidad de recuperar la llamada Memoria Histórica.

El País, periódico de centro-izquierda, ha sido el medio más importante[1] de la democracia juancarlista, tanto por su amplísima difusión como sobre todo por el hecho de ser el de mayor influencia sobre las elites españolas, si bien en los últimos años esa primacía ha ido decayendo. Debido a esa influencia el empeño tuvo eco en las terminales mediáticas afines al Partido Socialista -o al menos no opositoras-, mayoritarias en el caso de las influyentes grandes cadenas televisivas.

Pero, ¿Cómo empezó y se desarrolló esta campaña en pro de la Memoria? Ya desde mitad de los años noventa se venían sucediendo colaboraciones y artículos que “denunciaban” un olvido de nuestro pasado inmediato, aunque referido siempre a los perdedores de la Guerra Civil. En 1997 aparece un artículo firmado por Ramoneda, un asiduo colaborador de la casa, que llega a cuestionar la idoneidad del perdón mutuo habido en la Transición alegando que había favorecido en exclusiva al bando franquista: en la Transición la “suspensión de la memoria histórica tuvo un nombre: la amnistía…” lo cual “alivió a los franquistas a que se le pidieran responsabilidades”. [2]

Pero fue en 2001, a partir del libro El Futuro no es lo que era de Juan Luís Cebrián y Felipe González[3], y de otro libro de Cebrián de 2003 titulado Francomoribundia[4] cuando el proyecto del diario filo-socialista en pro de una memoria histórica supuestamente ocultada, se recrudeció. Uno de los colaboradores del diario, Vicenc Navarro, llego a afirmar que fue tal la amnesia sobre nuestro pasado inmediato que sólo a partir de 2003, fecha en la que se escribía el artículo, empezaron a aparecer libros al respecto: “…es cierto que ahora comienzan a aparecer libros, sobre todo en el ámbito académico, que documentan la naturaleza represiva de aquel régimen, pero su difusión es muy limitada…”[5].

Las dos victorias electorales de Zapatero trajeron consecuencias al respecto. El nuevo Presidente pronto se proclamó “heredero” político de los perdedores de la Guerra: afirmó que su ideario se amparaba en el testamento de su abuelo republicano fusilado, se declaró  “rojo”[6], y defendió en el Senado la necesidad de “reconocimiento” de la Segunda República[7].

Fruto de esa posición gubernamental y de la agitación acometida al unísono por el Partido Socialista, la izquierda y El País[8] fue la promulgación de  la Ley de la Memoria Histórica, una ley que sirvió también para que el periódico mantuviese el asunto en pie, de forma recurrente, todos estos últimos años.

El País dio una nueva vuelta de tuerca en favor de la Memoria al apoyar al juez Garzón en su intento por abrir una Causa General contra el franquismo. Uno de sus colaboradores, de nuevo Ramoneda[9], culpaba al Partido Popular de ser el principal interesado en mantener el supuesto silencio sobre nuestro pasado, debido a su engarce con el franquismo. Una acusación que al menos daba pistas más explícitas sobre las intenciones políticas de esta operación, cuestión sobre los que volveremos al final.

 

Algunos apuntes sobre el supuesto silencio social de la Transición

 

Pero, ¿Se produjo o no el silencio de la sociedad sobre nuestro trágico pasado reciente a partir de la muerte del general Franco? Sin ánimo de centrar la cuestión en este apartado previo, sí podemos apuntar algunas reflexiones.

Es cierto que durante la Transición hubo un acuerdo tácito de no utilizar la guerra civil como arma parlamentaria contra el adversario. Fue un silencio político, un acuerdo entre partidos no explicitado, por cierto considerado entonces por todos – también por el propio periódico tal como veremos – como algo imprescindible para poder construir una nueva convivencia democrática en paz.  No era una razón menor para proceder así el que todas las partes tuviesen mucho que olvidar. Sí, también una izquierda que surgía revestida de principios democráticos por su oposición al franquismo (en realidad muy tardía en el caso del PSOE), pero cuyos principios y comportamiento antidemocráticos tanto habían contribuido a la guerra.

Sin embargo, ese acuerdo tácito, no significó que la sociedad española se mantuviese al margen de su pasado. Al contrario. Como dice Vila-Sanjuán “Desde los últimos años del franquismo se produjo un alud de publicaciones  históricas  que, desafiando la censura, revisaban el pasado franquista, un alud que no hizo sino multiplicarse con la llegada de la democracia y sobre todo a partir de la desaparición de la censura en 1976….el resultado fue la saturación…a fines de los 70 estos libros dejaron de venderse”[10]. Un alud habría que añadir, abrumadoramente favorable al bando perdedor de la Guerra Civil.

El propio Santos Juliá, historiador muy afín al diario El País reconocía que si bien el pasado fue excluido del debate parlamentario éste no impuso “la tiranía del silencio: el mismo día que fue aprobada (la Ley de Amnistía), la revista de mayor difusión de aquellos años, Interviú, continuaba la publicación de una larga serie de reportajes sobre fosas con uno titulado “Otro Valle de los Caídos sin cruz. La Barranca, fosa común para 2.000 riojanos”[11]. ¿Quién no recuerda por otra parte películas como “¡Ay Carmela!”, “Las bicicletas son para el verano”, o “Canciones para después de una guerra”, entre otras muchas, tan decisivas en la conformación del imaginario antifranquista de los españoles, que comienza en aquellos años y perdura hasta nuestros días?

 

El objetivo del trabajo: ¿hubo silencio en El País?

 

Si la sociedad no silenció su pasado, sino todo lo contrario, El País, verdadero emblema de la entonces oposición antifranquista, tampoco lo hizo. Ése va a ser precisamente uno de los  propósitos de este trabajo, demostrarlo, para lo que haremos un recorrido por las noticias, artículos, entrevistas, y reportajes de aquellos años, desde su salida al mercado español en mayo de 1976, hasta final de 1979. Si fuese verdad que la amenaza del llamado bunker franquista en la sombra hubiese tenido como resultado la amnesia de la sociedad civil, y por ende del periódico, ningún momento más delicado como el de la segunda mitad de los años 70, recién muerto el dictador, para haber callado. De ahí la elección de este periodo para nuestro trabajo. Y sin embargo, como veremos, esto no ocurrió sino al contrario, nunca se habló tanto del periodo republicano, de nuestra guerra y de la etapa franquista como entonces.

Pero a pesar de que el propio periódico fue punto de referencia de la revisión del pasado, éste se declaró firme defensor durante el periodo de la Transición de no utilizar la Guerra Civil en el debate político en aras de la reconstrucción de una nueva convivencia democrática. Así se manifestaron sus editoriales, sus principales colaboradores y la dirección del periódico, como también veremos. En ese sentido,  la contradicción entre su posición de entonces y la actual no puede ser más flagrante.

 

LA EXTENSA E INTENSA MEMORIA HISTORICA DE EL PAIS DURANTE LA TRANSICION.

 

Noticias sobre equiparaciones y reparaciones de republicanos.

 

Lo primero que sorprende de entrada al analizar los primeros meses tras la salida del diario es el importante número de noticias sobre disposiciones que equiparan y reparan a los republicanos españoles. Repasemos algunos titulares: “Disconformidad con las pensiones de los mutilados republicanos” (22/05/1976); “Reunión de 300 aviadores republicanos en Barcelona” (29/05/1976); “Trescientos pilotos republicanos en busca de la igualdad” (30/05/1976); “Se tramitan mil pensiones de retiro para hombres que trabajaron con la República” (13/061976); se pretende crear la “Agrupación de amigos de la Republica” (15/06/1976); “Homenaje de los mutilados republicanos a Escudero Rueda” (05/10/1976); “La liga de mutilados republicanos de Cataluña presenta sus estatutos” 15/10/1976; “Reunión de excombatientes de la guerra civil española” (09/10/1976). Etc.

A partir de octubre de 1976 y durante todo 1977 y 1978, en El País se multiplican las noticias sobre la reconciliación entre los españoles, y sobre la dignificación del bando republicano de la guerra: homenajes a viudas y mutilados, vuelta de archivos republicanos, reconocimiento de los derechos profesionales de diversos colectivos depurados por su condición republicana como periodistas, policías, militares, maestros, aviadores, etc.

Todo este clima de vindicación desemboca en 1978 en un hecho crucial, al decidir el Pleno del Congreso la toma en consideración de sendas proposiciones de ley de socialistas y comunistas para otorgar pensiones a los familiares de republicanos muertos en la guerra civil, una moción que será aprobada sin ningún voto en contra y con un gran aplauso de toda la cámara, en medio de un clima de reconciliación total entre todos. El propio titular de El País para ese día fue: “El Congreso decidió acabar con las secuelas de la guerra civil”[12].

El País se hace eco al año siguiente (28/07/79) de la aprobación de una proposición de ley que reconoce pensiones, asistencia médico-farmacéutica y asistencia social a favor de las viudas, hijos y demás familiares de españoles fallecidos como consecuencia o con ocasión de la guerra civil. No obstante continúan las noticias de reivindicaciones de reconocimientos de derechos a los diversos colectivos republicanos, o a nuevos colectivos, o de ampliación de algunas de las reclamaciones obtenidas, a lo largo de 1979.

 

Noticias de Homenajes a figuras republicanas o antifranquistas.

 

Una noticia que se repite con frecuencia es el homenaje a figuras republicanas o antifranquistas ya fallecidas en aquellos momentos, como el que se le hace a Alcalá Zamora (08/07/77) en su pueblo de Priego (Córdoba) con motivo del centenario de su nacimiento. Aunque el que se le dedica a León Felipe en su pueblo se prohíbe, El País publica las cuartillas que Alberti debía haber leído en él (“A Leon Felipe en su homenaje”) (04/05/1976)). También Gabriel Celaya escribe sobre los homenajes dispensados a Lorca y rememora algunos recuerdos sobre sus encuentros (“Recordando a García Lorca”) (10/06/1976). Otros homenajes reseñados son: en Madrid, el de la Universidad a Ramón Carande, catedrático expedientado por el régimen de Franco (28/01/77); y en Galicia, el de la oposición política gallega unida, al dirigente del Partido Galeguista, Alexandre Bóveda (12/08/77), del que se dice que el franquismo persiguió con saña.

Una Tribuna de Marichal (15/07/77) pide dignificar el pasado republicano a través del homenaje de sus dos presidentes, Alcalá Zamora y Azaña. No se trata de alabar su ideología, dice, sino de legalizar la Historia.

En el 78 continúan las noticias de homenajes y reconocimiento a la República. En enero se publica la del levantamiento de Panteones para muertos del bando republicano en Aranjuez (07/01/78). En Valencia tiene lugar la exposición homenaje dedicada a Blasco Ibáñez, que si bien murió en Francia antes de proclamarse la República, fue un referente republicano, enterrado en 1933 bajo la presidencia del propio Alcalá Zamora. Durante varios días de Marzo y abril del 78 se escribe sobre el traslado a España de los restos de Largo Caballero (06/04/78) que finalmente se efectúa el 6 de abril. Sus restos son homenajeados en la sede de la UGT. Enrique del Moral (su biógrafo) y Peces Barbas escriben sobre su figura.  Éste último la revindica con vehemencia aunque para ello se salte su pasado bolchevique y se apoye sólo en una carta de los años cuarenta donde se habla de libertad  y derechos individuales (06/04/78).

En agosto del 79 (12/08/79) El País publica la noticia del entierro de los restos mortales de Niceto Alcalá Zamora en el cementerio de la Almudena. La familia evitó que el traslado del cadáver se convirtiera en un acto público por lo que los republicanos españoles muestran su desacuerdo.

 

Protagonistas del periódico: republicanos y exiliados.

 

A lo largo de la Transición toman la palabra en El País para hablar del pasado líderes e intelectuales republicanos, antifranquistas, y exiliados que habían vivido la Guerra Civil como: Gil Robles, al que se acusa en una carta al director (¡de un admirador de Franco!) de ser principal responsable de la guerra civil (30/05/76), y de quien se da un perfil en el que se le relaciona con la sublevación de Asturias por su empeño en entrar en el gobierno (13/03/77), reproduciendo así el autor del retrato la retorcida versión de los insurrectos del 34; Francisco Ayala (18/02/77), que es entrevistado tras breve visita a nuestro país; y Francisco Giral (13/08/77), presidente de la Agrupación de republicanos españoles -separado de su cátedra en 1937 y vuelto a reintegrar en el cuerpo en 1977- quien se queja de la separación forzosa que sufren los republicanos en el protagonismo de la Transición, lo que da idea de que efectivamente ésta no es heredera del periodo republicano, sino de la reconciliación entre postfranquistas y postrevolucionarios bajo el liderazgo juancarlista.

En ese sentido crítico con la Transición, pero de forma mucho más ácida, El País publica un artículo del que fuese presidente de la República en el exilio, Varela (22/02/78), acusando a la oposición de haber claudicado ante la Monarquía y de favorecer la continuidad franquista. También escribe por entonces un ex ministro de Franco que pronto pasó a formar parte del consejo de Don Juan en Portugal, donde vivió casi 30 año, Pedro Sainz Rodríguez, quien  se muestra muy crítico con Franco, al que acusa de mantener siempre el clima de guerra civil (01/04/78).

 

También los comunistas tienen su protagonismo.

 

Líderes comunistas de la guerra aún vivos en la Transición también obtienen su parte de protagonismo en el periódico durante todo ese tiempo. La primera referencia es muy temprana, tanto que se hace desde el exilio: En agosto de 1976 hay una rueda de prensa en Roma con Carrillo en la que se anuncia que los dirigentes comunistas volverán a España en Septiembre. Carrillo habla de consulta al pueblo sobre la forma de estado (el programa de la llamada ruptura) y no se corta al hablar de la supresión a largo plazo de la gran propiedad capitalista.

Antes del primer aniversario del periódico, Pasionaria (01/03/77) es entrevistada también: “En este momento no nos interesa la dictadura del proletariado”, titula el periodista la entrevista

Ya en España Sanchez Montero (19/07/77) escribe una tribuna a favor de la propuesta de un gobierno de concentración. Para argumentarla se remite a la República y dice que si el PSOE hubiese estado en el gobierno en el 36 podría haberse evitado el golpe. Carrillo interviene en el periódico (08/07/78) a propósito de la relación de la mención expresa a la Iglesia en la Constitución del 78, y afirma algo que forma parte de la versión frentepopulista del conflicto, aunque descabellado: que la quema de los conventos de mayo del 31 no se puede atribuir a la izquierda, sino a unos extraños provocadores, que él dice “probablemente” de extrema derecha. El director de Mundo Obrero, el periódico de los comunistas, Federico Melchor, tiene por su parte una intervención (13/01/78) para defender la historia del PC de las graves acusaciones que Jorge Semprún le hace en su autobiografía. Melchor pone de ejemplo a los comunistas en comparación a las acciones de poumistas,y anarquistas, evitando claro, hablar de las guerras civiles entre todos ellos.

 

Protagonistas extranjeros de la guerra.

 

Algunos de los participantes extranjeros en la guerra civil vivos también adquieren protagonismo en estos primeros años de El País. Así Jack Jones, herido en la batalla del Ebro y líder sindicalista británico, vuelve a España y es entrevistado largamente por el periódico (8/6/76). Se da cuenta asimismo: de una reunión de excombatientes internacionales en la guerra en el aniversario de la llegada de las Brigadas Internacionales (22/10/76), de las visitas de veteranos extranjeros republicanos en la guerra de España, como la que hizo la Brigada Lincoln,  y de la participación de Hemingway en la guerra española (6/7/76).

 

Historiadores marxistas, progresistas y afectos al Frente Popular.

 

En cuanto a historiadores profesionales los únicos que prácticamente tienen presencia extensa en El País son aquellos situados en la órbita del marxismo (reconocidamente o no): Joseph Fontana, Jackson, Tuñón de Lara, Santos Juliá, Pierre Vilar, y sobre todo Paul Preston. Curiosamente, sus nombres y la versión histórica que proponen han seguido predominando en la sociedad durante estos últimos 35 años, debido a la poderosa influencia de esta corriente de pensamiento en instancias administrativas, empresas editoriales, departamentos universitarios, y medios de comunicación, a pesar de ciertos éxitos editoriales recientes de carácter liberal-conservador, ajenos a los grandes medios.

Esta interpretación se dice favorable a la República. Pero aquí hay una confusión. En realidad no lo es tanto al régimen republicano como al proceso revolucionario en el que derivó (piénsese en octubre del 34, febrero del 36, y especialmente a partir de julio del mismo año). Téngase en cuenta que los auténticos partidarios de la República, como Ortega, Unamuno, Fernández Flores, Clara Campoamor, Pío Baroja, Pérez de Ayala, Azorín o Marañón, así como otros muchos, se pusieron en contra de ese proceso. La mayoría tuvo que huir de zona “republicana” ante el temor a ser “paseados”.  Incluso las memorias de los principales líderes, Azaña, Besteiro, Alcalá Zamora, Lerroux, Prieto, etc., pintan al periodo como disparatado.

Vamos a repasar los textos que publican en el diario estos historiadores para comprobar su afinidad con las tesis afectas al Frente Popular, al tiempo que reseñamos las principales críticas a las mismas por parte de la historiografía no marxista.

El primer autor localizado en este periodo es Gerald Brenan (05 y 07/05/76), que publica en el periódico un fragmento de sus memorias donde declara tomar partido contra los rebeldes. Aunque da cuenta de la represión republicana (la matanza de Ronda por ejemplo), repite el tópico de que la represión es sistemática en los franquistas y “espontánea” en los republicanos (pero piénsese en las checas, por ejemplo). En marzo de 1977 (26/03/77) El País divulga por vez primera las tesis de Tuñón de Lara sobre las causas de la guerra, debidas según el catedrático comunista de Pau, al conflicto de clase y a la cuestión agraria.

Fontana por su parte (30/3/77), en una reseña sobre un libro de Jackson, elogia la recuperación bibliográfica que desde 1975 se está produciendo sobre la República y la Guerra civil (lo que por cierto apoya nuestras tesis. En realidad él publicaba ya desde años antes sus libros). Tras alabar a Jackson por salirse de la tónica anglosajona, según la cual todo intento revolucionario es visto como locura (¿es eso una alabanza?), Fontana dice que más allá de la denuncia o de tomar partido lo difícil es explicar la guerra: ¿por qué un campesino de Castilla ataca a un obrero urbano, estando los dos explotados?, se pregunta. Está claro. Como para el historiador comunista la Historia es la lucha entre explotadores y explotados, las piezas no encajan. Reflexión obligada: ¿No será que él trata de encajar la realidad en un prejuicio teórico? Fontana dice que Jackson supera a esa parte de la historiografía franquista que ubica las causas de la guerra en el desbordamiento revolucionario de febrero a julio del 36, pues eso no fue más que “la recuperación de los procesos experimentados en los dos años en que las derechas ejercieron el Gobierno…”  Pero “la primavera trágica” en realidad fue mucho más que eso[13]. Al final recurre al tópico, hoy rebatido, de que el apoyo internacional fue decisivo para la derrota  republicana.

Jackson (1/4/77) a propósito del libro mencionado, resume diciendo que la guerra es un conflicto ideológico entre la España roja y la España negra. Desde una posición que el denomina de demócrata de izquierdas, Jackson dice que condena no el conservadurismo sino la dureza de su represión. Para Jackson la división de España viene desde el XIX y lo peor no va a ser la propia guerra sino la represión franquista. Hoy hay estudios que califican la represión frentepopulista como más intensa, si tenemos en cuenta el espacio y el tiempo[14].

Tuñón interviene de nuevo en el periódico en este mismo año (15/04/77) para exponer su análisis (leninista) de la guerra, según el cual cuando el aparato de Estado pasa a manos de las clases oprimidas, las clases dominantes se muestran reacias a abandonarlo pacíficamente. Para Tuñón (y para esta corriente), se trata de un problema de clase, y no de si se ejerce el poder de acuerdo al estado de derecho, al que se ilegitima como  “burgués”.

Paul Preston (21/04/78) publica un primer texto en el que atribuye el asalto socialista a la República en el 34 al deseo de que el “fascismo” no se impusiera pacíficamente en España, pues aunque según Preston es verdad que Largo quería la Revolución, Prieto solo quiso defender las mejoras del primer bienio. Preston pasa por alto el hecho objetivo de que el Partido Socialista organiza el asalto armado contra un gobierno de la República legítimamente constituido, con el resultado de más de 1300 muertos en toda España.

Después de febrero del 36 el ala izquierda se bolcheviza sin “caer en la cuenta”, según Preston, de la estrategia de la tensión llevada a cabo por la derecha para derribar a la República, por lo que considera un error haberse opuesto al gobierno de Azaña y Prieto. En otras palabras, Preston sólo ve un error táctico en la bolchevización izquierdista y no su naturaleza totalitaria. Sin embargo la historiografía no marxista ha puesto de relieve que la principal estrategia de la tensión vino de la quiebra de la legalidad por parte del gobierno frentepopulista (elecciones del 36, comisión de actas, destitución del presidente, persecución de las derechas, etc.) y por parte del izquierdismo callejero (asesinatos, huelgas, incautaciones de la propiedad, quema de iglesias, etc.).

Juan Cruz hace una entrevista a Preston (09/06/78) a propósito de su nuevo libro titulado “La destrucción de la democracia en España” en la que el historiador británico interpreta que los socialistas intentaron una serie de reformas “humanitarias” en el agro lo que produjo la reacción de la derecha, en unos casos legalista y en otros violenta. Para la mayoría de los economistas de que han estudiado el periodo (y para los propios líderes republicanos, como Azaña) las reformas del agro fracasaron sobre todo por la propia incapacidad del gobierno republicano en llevarlas a la práctica, dadas las irregularidades y los despropósitos de las soluciones propuestas[15]. Los problemas objetivos, la situación del campo en este caso, no determinan los acontecimientos tanto como las respuestas que se dan a estos problemas. En realidad, las izquierdas hicieron una propaganda milenarista y revolucionaria en torno a la pobreza campesina que atizó el odio. Vicent Ventura vuelve a referirse a Preston (23/07/78) para decir que en unas declaraciones recientes del historiador, éste afirma no haber tomado partido aún sobre si se tenía que haber hecho la revolución y la guerra o sólo ésta última. Difícilmente un testimonio puede aclarar mejor la posición del historiador, oscilante entre la de los anarquistas y los comunistas del 36.

En diciembre de 1978 (06/12/78) El País presenta las últimas publicaciones de George Soria, historiador al que se presenta como simpatizante de la posición comunista en la guerra.

Tuñón (27/04/79) reaparece para declarar que el Frente Popular no fue “el diablo antiespañol” que se pretende pues se hizo como defensa, “cuando los batallones pardos amenazaban a la clase obrera” y a la propia cultura occidental. Pero, ¿acosa la derecha a la izquierda en la República? ¿ó más bien es al revés? ¿tiene alguna fuerza el fascismo en la época previa a la Guerra Civil? ¿no es el PSOE, principal partido de la oposición, el que toma las armas unos meses antes, en 1934?

Jose Luis Abarca (16/05/79) escribe sobre el libro de Santos Juliá ´”Orígenes del Frente Popular” y extrae la conclusión que el Frente Popular no respondió ni a las ilusiones de la izquierda ni tampoco justificó los miedos de la derecha. Pero, ¿no justificó ese miedo de la derecha, entre otros, el comportamiento insurreccional del 34, el cierre masivo de su prensa, el acoso callejero, la incautación de propiedades, etc.?

En una reseña sobre la presentación del libro de Carlos M Rama, “Fascismo y anarquismo en la España contemporánea” (28/09/79), se afirma que la tesis de Rama es que el franquismo fue un mero ejecutor de los intereses de  la oligarquía. Una tesis de esencia revolucionaria que se repite una y otra vez en estos años, y que equipara la “democracia burguesa” a la dictadura.

Jordi Palafox por último escribe una larga tribuna (28/10/79) sobre la economía española de los años 30. Citando a autores progresistas como Pierre Villar o Fontana, defiende que los gobernantes republicanos, en medio de una fuerte depresión, se mostraron agresivos con la Iglesia y el Ejército pero tímidos ante las reformas económicas, lo que produjo el enfrentamiento social y el fracaso de la democracia. Palafox va más allá del radicalismo económico frentepopulista.

Frente a toda esta pléyade de historiadores profesionales proclives a las ideas de izquierdas aparece un solitario Ricardo de la Cierva en el lado contrario. Lo hace con algunos escritos de carácter moderado, aunque claros respecto a su posición crítica sobre la República, (29/01/77, 16/03/77) y donde pide que la Constitución nueva no sea como la republicana, de unos contra otros (17/03/78),

 

Apología de hechos, logros y figuras republicanos y blanqueo de comportamientos izquierdistas.

Son muy numerosos los textos que maquillan los excesos revolucionarios o defienden algún aspecto de lo realizado por la República, o acontecido en dicho periodo, o realizado por figuras referentes del bando frentepopulista.

La  tendencia a blanquear el comportamiento antidemocrático de la izquierda surgirá en el periódico desde muy pronto. En el aniversario de la muerte del escritor filocomunista Ernest Hemingway ((06/07/76) se dice de él, que aunque sus posiciones políticas fueron contradictorias tenía un instinto democrático que le impulsaba a defender los derechos humanos (?), como hizo, dice el autor del artículo, en su libro sobre la guerra civil Por quien doblan las campanas.

Una tribuna (07/10/76) trata de rebajar la importancia del Partido Comunista en la guerra situándolo como un derrotado más, y no el más importante. En realidad, rebajar la importancia de los objetivos revolucionarios es algo que ya el Frente Popular intentó a lo largo de la guerra, como ha demostrado Bollotten[16], para presentarse como más democrático, sobre todo ante las democracias europeas. Pero es incuestionable el control estaliniano sobre el bando frentepopulista debido a la entrega del oro republicano. Precisamente en una Tribuna (11/12/76) se defiende el trabajo de Angel Viñas – otro historiador proclive a la izquierda que sigue ahí – sobre la salida a la URSS del oro y la plata del Banco de España, aunque en resumen, el texto no clarifica la posición de subordinación a la URSS en la que quedó el gobierno frentepopulista.

Sobre las diferentes elecciones habidas durante la República hay varios trabajos. Un artículo (14/10/76) que ensalza la sinceridad de las elecciones municipales (en cuanto a su preparación) del 31 sin desde luego entrar en el falseamiento que sufrió el resultado, favorable a los monárquicos. Por cierto sus resultados no fueron publicados sino hasta mucho después de proclamarse la República, aunque no de manera oficial. Igual ocurre con una tribuna (21/08/77) que elogia las tres elecciones habidas en Madrid en relación a las que hay en la Restauración pero donde no se habla de las graves irregularidades habidas en las elecciones del 36[17] (cuyos resultados nunca fueron publicados) en relación sobre todo a la la huida de los gobernadores civiles  y la actuación de la Comisión de actas. Javier Alfaya escribe una recensión sobre dos libros en torno a la figura de Araquistain (19/12/76); el periodista mezcla los aciertos y los errores del personaje, lo que honra el comentario, aunque justifica su bolchevización por haber vivido en una España con tantas diferencias sociales. En este punto hay que recordar que otros líderes de izquierda, pese a vivir en esa misma España no se bolchevizaron, como el líder socialista Besteiro.

Una reseña de un libro sobre Casas Viejas (25/07/76) de dos hispanistas franceses defiende al mismo tiempo (?) al Gobierno represor y al anarquismo, del que se dice que no está producido por el milenarismo sino por el hambre. Una vieja justificación que no tiene en cuenta que el hambre es ancestral, no así la agitación anarquista.

Roberto Mesa escribe sobre un trabajo de Santos Juliá (28/12/77) acerca de la historia del PSOE a lo largo del 35 y el 36. Según Juliá el revolucionarismo socialista fue sólo verbal. Nuevamente puede preguntarse: ¿también lo fue el terrorismo de las Juventudes Socialistas, la quema de iglesias, o el terrorismo de estado?

Un intento claro de blanquear la cruenta insurrección socialista de octubre de 1934 se produce en una charla de Preston en la Fundación Pablo Iglesias reseñada por EL País (21/04/78) donde entre otras cosas el historiador dice que el levantamiento de octubre del 34 fue una victoria objetiva pues “…mostró claramente a la CEDA que la clase obrera no permitiría el establecimiento pacífico del fascismo…”. En realidad, está debidamente documentado que la insurrección  perseguía instaurar un sistema revolucionario[18]. Además, una vez derrotada la insurrección del PSOE, ¿no tuvo la CEDA una oportunidad única de acabar con la República y actuar según el carácter fascista que le atribuían sus enemigos? Y sin embargo la CEDA respetó la legalidad.

Ramón Cotarelo por su parte analiza el libro de Andres de Blas ((04/10/78) sobre el socialismo radical de la Segunda República. Llega a la conclusión con el autor de que el radicalismo socialista se debe al radicalismo de la clase obrera española que a su vez es debido a la crisis económica. Bien mirado, es al revés. Son los líderes socialistas los que planean la insurrección armada del 34[19], y no la “clase obrera”, la cual no está suficientemente radicalizada como para seguir a sus jefes y por eso fracasa, excepto en Asturias. Al final, en el 36, será distinto, pues la izquierda, lejos arrepentirse, emprende una campaña internacional de odio sobre Asturias que producirá la indignación de las bases.

Los elogios y la idealización de todo lo relacionado con la República se repiten a lo largo de estos años de la Transición. Así, en noviembre se anuncia por parte de un familiar la publicación de las memorias de Alcalá Zamora (19/11/76), al tiempo que se hace una apología de su figura, y en contra de todos sus críticos. La artista Maruja Mallo (30/01/77) también hace un panegírico de la República, idealizando sus propósitos y criticando al “capitalismo internacional”.

En una entrevista con Juan Marichal (22/07/77) a propósito de su biografía sobre Juan Negrín, aquél homenajea al doctor y afirma que representó ”la defensa de la España democrática” ante las dictaduras totalitarias en Europa. Una afirmación temeraria si consideramos que Negrín fue aliado, según unos, o la mano ejecutora, según la mayoría, de la Unión Soviética de Stalin.

Una tribuna (23/07/77) exalta a todos los represaliados del franquismo (se debe condenar toda represión dictatorial, claro, pero ¿se debe exaltar a los Agapito García Atadell, jefe de la Brigada Checa de Madrid?) y de paso elogia a todos los escritores exiliados del régimen, sin atender que muchos de ellos se exilian desde la España “republicana” (como el propio Juan Ramón Jiménez).

Un clásico entre los supuestos logros republicanos es el de la educación. Una tribuna libre (19/08/77) defiende la “revolución cultural” de la República. Aunque critica ampliamente sus fallos técnicos y su improvisación, admite con normalidad sus postulados pedagógicos socialistas y pro soviéticos –al uso en ese momento, se dice-. Tampoco se menciona su sectarismo anti-religioso.

Una texto elogioso sobre el Ateneo madrileño (16/11/77) considera a éste un “refugio de liberales” antes de la República y un aparato crítico del poder establecido después (de la pequeña burguesía liberal, según el autor). No se hace referencia ni a la relación del Ateneo con el golpismo de carácter jacobino ni con los sucesos de la quema de conventos de mayo del 31 en Madrid, entre otros.

En una noticia sobre un mitin de Acción Republicana Democrática Española (18/04/78), el presidente del partido, Giral, afirma que la segunda República no fracasó en España, enumerando a continuación los logros que según el presidente había obtenido este sistema mientras duró (entre ellos una “Constitución inmejorable”).

 

Noticias sobre la memoria: esclarecimiento y recordatorio de hechos de la República y la guerra, películas, memoria oral,  vuelta de archivos, cambios de calles, etc.

 

Durante estos años hay un afán desde editoriales, periódicos, cine, televisión, en definitiva desde la sociedad civil, por recuperar la memoria de los años de la República, de la Guerra y del franquismo.  El País da cuenta de ello. Así, En enero del 77 (19/01/77)  un lector señala la necesidad de que para superar la guerra los republicanos tienen que contar su “verdad”, no por revancha sino por justicia. Así también se pronuncia una Tribuna de Marichal (15/07/77) que pide dignificar el pasado republicano. Se trata de “legalizar la Historia”, afirma. Otra muy extensa de Consuelo Berges (23/07/77) abunda en esa idea de Marichal. Dice que el primer trámite ya se está dando al hablarse “con diligencia y abundancia en prensa, libros conferencias y actos públicos” de la represión franquista y de las razones republicanas (lo que contradice de nuevo a los que hoy claman contra el supuesto olvido de la Transición). Hace falta no obstante, afirma, reparar a las personas despojadas de sus derechos. Sobre los efectos represivos del franquismo, un reportaje ((04/11/77) habla de la historia de 24 “topos” humanos, personas que durante decenas de años vivieron escondidas por miedo a la dictadura.

En la línea de la recuperación de la memoria, Ludolfo Paramio escribe (22/08/79) sobre el trabajo de Ronald Fraser “Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la guerra civil española”.Un trabajo que rememora la guerra civil a partir de 300 entrevistas y 800 páginas elaborado desde una perspectiva de izquierdas que comparte el propio Paramio, el cual hace un análisis de la guerra en clave de conflicto de clases.

Además del texto escrito, El País también se hace eco de otras fórmulas de recuperar la memoria: el cine. A través de una entrevista con Jaime Camino (13/03/79), se analiza su última película llamada precisamente “La vieja memoria” donde intervienen Pasionaria, Montseny, Abad de Santillán, Gil Robles, Tarradellas, Fernández Cuesta y Vilallonga. El titular del artículo es muy elocuente: <“La vieja memoria” pretende levantar acta testimonial de la guerra civil>.

Y finalmente, sobre la restitución de nombres de calles, aparecen varias noticias en estos años, como la de un lector que escribe a El País solicitando sea restituido el nombre tradicional de paseo del Príncipe, en Almería, en vez de avenida del Generalísimo. O la noticia (19/12/79) que da fe de una propuesta al pleno del Ayuntamiento de Madrid para cambiar algunos nombres de calles de Madrid relacionados de forma directa con la Guerra civil. Entre las calles cambiadas figuran Generalísimo, General Mola, Calvo Sotelo y García Morato.

Hay también un empeño por esclarecer hechos, averiguar acontecimientos desconocidos, devolver archivos, publicar textos inéditos…En efecto, ya en Julio del 76 se publica el inédito testamento político de Lerroux (18/07/76) que por cierto dictamina que la República dejó de existir no cuando se da el golpe del 18 de julio, sino cuando se arma a las muchedumbres… Un editorial (10/02/78) da cuenta de la vuelta de los archivos que cubren las actividades del gobierno republicano en el exilio desde 1945 hasta 1977, con lo que, afirma El País, “se cierra un capítulo dramático de la historia que se convierte….en la memoria de todos los españoles”.

Sobre el esclarecimiento de hechos El País publica varias noticias de acciones ciudadanas: por ejemplo las que efectúan la comisión organizadora del 40 aniversario del bombardeo de Guernica sobre el mismo (04/05/77). En la línea de dar a conocer hechos desconocidos se encuentra el escrito del ex ministro del gobierno de la republica en el exilio, Antonio alonso Baño (18/07/78) sobre los soldados que permanecieron fieles al gobierno republicano, pues dice que la historia la escriben los vencedores, pero sobre los vencidos poco se sabe, o poco se ha querido saber. Hay también controversia entre Alonso Baño y un ciudadano que escribe una carta (28/07/98) tratando de aclarar el comportamiento de algunos líderes de ambos bandos el mismo 18 de julio y sus responsabilidades en el desarrollo de la guerra civil.

Como zonas de la historia de la República poco exploradas aparecen otros textos, como el de Ramón Cotarelo, que analiza el libro de Andres de Blas ((04/10/78) sobre el socialismo radical de la Segunda República. También el reportaje que en Marzo de 1979 (13/03/79) se realiza sobre las elecciones municipales de 1933, titulado: “Municipales 1933, primeras elecciones en las que participó la mujer”. Y las cartas que dos protagonistas del paso del Ebro envían en abril (11 y 21/04/79) con el objeto de aclarar dudas y lagunas al respecto.

Finalmente, en mayo (29/05/79) se da cuenta de la suerte de algunos gobernadores civiles republicanos  encarcelados el 18 de julio y luego fusilados.

 

Algunas opiniones heterodoxas de republicanos y progresistas.

 

Durante este periodo, en el periódico El País aparecen una serie de críticas de algunas figuras que podríamos encuadrar en el republicanismo o incluso en la izquierda, sobre la deriva revolucionaria de la República. En realidad son textos que representan un porcentaje muy minoritario en comparación con la profusión de trabajos afectos a la leyenda idealizada del periodo republicano.

Especial relevancia tiene en ese sentido la gran figura de Julián Marías, quien a pesar de haber apoyado al bando republicano y haber padecido persecución por ello, se muestra extremadamente objetivo y crítico con ambos bandos. Recogemos aquí las opiniones que entendemos más sustanciosas: que la legitimidad republicana estaba perturbada por fuerzas antidemocráticas y al mismo tiempo que los rebeldes no tuvieron derecho a sublevarse; que ambos bandos tuvieron una responsabilidad compartida en la guerra como lo demuestra el hecho de que el 18 de julio también se festejara en el bando izquierdista como el día del comienzo de la revolución española (29/06/76), que las dos causas eran erróneas (“la guerra significaba un planteamiento absurdo por ambas partes….que en ambos casos España iba a salir perdiendo) (08/05/77), que en el 36 hubo un doble intento contra la democracia (26/06/77), que la polarización vino cuando los extremistas se hicieron con la dirección de sus respectivos bandos (comunistas y falangistas) (10/07/77), y que no hubo apenas republicanos, eran rojos, pues la bandera de la República no era del gusto de las izquierdas (07/08/77). También Sánchez Albornoz, republicano exiliado, aunque moderado, cometería hoy una incorrección política afirmando como hizo entonces en El País que la culpa del colapso republicano la tiene la revolución del 34 (mayo de 1976).

Hablando de la debacle republicana, el prestigioso escritor Juan Benet dice en el diario (20/11/76), a propósito de un libro suyo, que una de sus causas fue la ingerencia practicada por la URSS en el bando republicano, cosa que no se dio con los germanos en el franquista. En efecto, si bien las intervenciones extranjeras en ambos bandos estuvieron muy equilibradas (a pesar del mito de que Franco recibió más ayuda), el control político soviético fue determinante en la frentepopulista. Benet asímismo reconoce que hay dos revoluciones el mismo día, la franquista y la revolucionaria. De sus palabras se deduce una interpretación más cercana a las tesis no marxistas: hubo un enfrentamiento entre dos totalitarismos y no un golpe de la oligarquía contra el pueblo.

En un artículo apologético sobre Araquistain se reconoce entre líneas la pobreza intelectual de la izquierda española (19/12/76). Asimismo, un texto que defiende la pedagogía republicana (19/08/77) dice que ésta se inspira en la Institución Libre de la Enseñanza pero también en el socialismo y el bolchevismo. Es un reconocimiento hecho con la normalidad de quien considera estas influencias positivas, pero muy elocuente, porque se habla hoy mucho de la depuración de profesores por parte de Franco pero no de la ejercida en la República y especialmente en el periodo frentepopulista. También se reconoce que se ejerce cierta “violencia” política sobre la enseñanza, aunque no se menciona la prohibición de la enseñanza religiosa.

 

Aunque parezca mentira, algunas gotas de testimonios franquistas.

 

Aunque sólo fuera por este detalle, El País de la Transición era otra cosa. También la sociedad lo era. Hoy sería impensable que el periódico publicara ligeros testimonios favorables al franquismo. Aunque se hiciesen a cuentagotas, como entonces. Sin embargo a lo largo de este periodo se publican algunos: una carta a favor de Franco (30/05/76), una protesta de la Falange por la legalización del PC (13/04/77), y una carta de un lector (por lo que se ve admirador de la obra de Franco) (03/10/79) que habla a favor de los buenos socialistas de la República (Besteiro y De los Rios) pero que rechaza la actuación global del Partido, a favor del extremismo. El lector teme que esa tendencia vuelva, aunque anima a González a seguir la senda socialdemócrata y a no despreciar la obra de Franco, por patriotismo.

Sorprendente resulta el Editorial del 28 de noviembre de 1976. El País critica a la Fundación Francisco Franco por pedir al Rey que ponga fin a la campaña de descrédito, insultos y falsedades a la figura del general. Alega el diario, con toda razón, que para eso están los tribunales. Hasta ahí lo previsto. Lo verdaderamente curioso a los ojos de hoy es que al tiempo que se descalifica al régimen franquista, El País mete entrelíneas afirmaciones que hoy no pasarían el filtro de lo políticamente correcto, como la de que durante la etapa franquista “…el régimen pudo anotar en su haber realizaciones que están a la vista…”.

 

Numerosas reseñas sobre el carácter represivo del régimen franquista.

 

Hemos recogido en estos años casi 200 reseñas (artículos, editoriales, etc) donde se pone de relieve el carácter dictatorial y represivo del régimen franquista. Veamos un pequeño resumen.

Como reseñas de libros, tenemos una sobre la represión sobre el PNV (21/03/79), en el que el autor dice entre otras cosas: “…uno de los aspectos mas siniestro del régimen franquista fue, sin duda, la represión y persecución indiscriminada a sus adversarios políticos….”.

El historiador Nourry, biógrafo de Franco, dice (21/04/77) que la guerra hubiera sucedido con o sin Franco, pero duda de que sin él “la represión posterior hubiera sido tan dura…”. Tampoco la dictadura hubiese sido tan longeva, dice.

Juana Doña escribe el libro “Desde la noche y la niebla”. El autor de la reseña (08/08/79) la titula “Hubiera necesitado más de dos mil años para contar todo el horror de las cárceles”. La autora cuenta, tras 18 años de cárcel, historias de torturas a manos de policías y funcionarios públicos franquistas.

Los propios responsables del periódico se refieren en varias ocasiones al carácter represivo de la dictadura. Javier Pradera (20/01/77) en una tribuna habla de “la feroz represión institucionalizada del franquismo durante la guerra y la posguerra…”. También el propio Cebrián en un editorial (12/06/77) a favor de la prensa democrática y de su periódico dice, “…¿qué había hecho este periódico? Denunciar la dictadura de Franco como un régimen represivo y brutal..”.

En ocasiones el periódico desentraña el pasado represivo de un personaje político proveniente del régimen.  Así del fichaje de Arias por Alianza Popular se dice (10/06/77): que fue “el presidente del gobierno que dio el “enterado” a los últimos cinco fusilamientos del franquismo, en un lúgubre recordatorio de la represión de posguerra a la que contribuyó personalmente como fiscal en Málaga, gobernador en León y director general de Seguridad….”.

En una reseña sobre un programa de la tv valenciana titulada “No perder la memoria histórica” (08/08/79), el autor habla de los fusilamientos tras la guerra. Y dice: “…había acabado la guerra, pero quedaba pendiente la represión, que con su signo franquista duró hasta 1976 por lo menos…”. Por último constatamos un extenso reportaje (02/01/77) sobre los diversos Tribunales represivos encargados a lo largo de la dictadura de juzgar los “delitos” políticos.

 

 

La posición del periódico sobre la Memoria, en la Transición.

 

Como ya exponíamos en líneas superiores, llama poderosamente la atención el cambio de posición sobre este asunto del propio periódico El País y de su director de entonces y consejero-delegado durante todos estos años, Juan Luis Cebrián, uno de los principales ideólogos actuales de la Memoria.  En la época de la Transición, El País, lejos de defender como ahora la necesidad de “recuperar” la Memoria Histórica a través de la acción del Estado (la exhumación de fosas, las causas judiciales contra los franquistas, el cambio de nombres y símbolos que recuerden el régimen de Franco, etc.) va a defender el perdón mutuo, el reconocimiento de las víctimas de ambos bandos, el entierro de las diferencias, y la reconciliación. De esa forma se manifestarán una y otra vez prestigiosas tribunas libres, como la que escribe el Conde de Montarco ya en 1976 (04/08/76), en la que propone la superación de la guerra civil entre franquistas y republicanos a través de la Monarquía de Juan Carlos.

No menos clara se manifiesta la línea editorial del periódico de entonces. Una muestra de ello tiene lugar en fecha tan significativa como la del 14 de abril de 1977. Tras la legalización del Partido Comunista se produce malestar en el llamado “bunker” ultraderechista. El País hace una defensa cerrada  de la Monarquía y de la Bandera, que lo son de todos los españoles, y una condena de la extrema derecha, aunque también de la extrema izquierda. El editorial afirma que la derecha debe repudiar la involución de estas fuerzas nostálgicas del franquismo más extremo. El final del editorial sería hoy políticamente incorrecto: “La democracia es posible en España porque la derecha es también democrática…la derecha no es la que se ve vociferar pidiendo sangre o recordando la sangre”.

Otro editorial de 1978 (24/11/78), con el significativo título de “El sello de la reconciliación” constata el reencuentro entre la “España peregrina y la sociedad civil y política nacida dentro de nuestras fronteras después del sangriento conflicto civil”, a través de la entrevista en Méjico del rey Juan Carlos con Doña Dolores Rivas Cherif, viuda de Manuel Azaña. Un encuentro mediante el cual  “aquella atroz tragedia de hace cuarenta años queda simbólicamente superada. Todo ello mientras que  algunos “desentierran las mas tristes y estremecedoras recuerdos de la guerra civil”

Pero especialmente significativa y contundente se muestra la opinión de la dirección del periódico. Como muestra, la tribuna que en enero de 1977 escribe Juan Luís Cebrián[20], el principal ideólogo hoy, de la Memoria. Estos son algunos párrafos ilustrativos:

“…yo no voy a terciar en esa polémica cruel sobre quien asesinó más en aquellos años. Se asesinó y basta. Y no nos duelen a los españoles de hoy más los crímenes de un bando que de otro”.

“…Sólo con un total olvido objetivo de los temas que nos dividieron sangrientamente podrán los españoles construir su nueva paz civil. No se trata de reparar hipotéticos errores de la justicia, sino de ejercitar el mutuo perdón humano”.

“…Las víctimas en las guerras civiles no se deben exaltar por ninguno de los dos bandos, ni mucho menos por el victorioso, en menosprecio de quienes fueron derrotados. Lo contrario equivale a perpetuar el espíritu del fratricidio”.

“…Es imposible construir una democracia pacífica basada en el rencor, la revancha, o la prepotencia”.

“…Sólo con un total olvido objetivo de los temas que nos dividieron sangrientamente podrán los españoles construir su nueva paz civil. No se trata de reparar hipotéticos errores de la justicia, sino de ejercitar el mutuo perdón humano”.

“…Hoy toca enterrar definitivamente nuestras diferencias”.

 

Hubo silencio (y sesgo), pero siempre a favor de los perdedores de la guerra.

 

Hasta aquí nuestro recorrido por el periódico de aquellos años. Queda claro que lejos de olvidar el pasado, lejos del silencio que el propio periódico dice ahora que había, El País habló más que nunca de aquel periodo trágico, y lo hizo dando omnipresencia y favor precisamente al discurso que representaba al bando perdedor de la Guerra Civil.

El único silencio que se advierte es el mismo que se venía practicando en la versión afecta al Frente Popular. El que tapa las acciones más comprometidamente antidemocráticas de la izquierda. Hechos en la República como: la victoria monárquica de las elecciones del 31, el carácter impositivo de una Constitución elaborada por las izquierdas en contra de las derechas, la dictatorial Ley de Defensa de la República, la pasividad gubernamental ante la quema de conventos, el intento de golpe de Azaña tras la victoria de las derechas en el 33, el asalto violento del PSOE y la Ezquerra a la República en el 34, el terrorismo de las Juventudes Socialistas (anterior a todos los demás), el acoso a los católicos, las graves irregularidades de las elecciones del 36, el asalto a la legalidad a partir de febrero del 36, y la complicidad partidista del Estado en el asesinato de Calvo Sotelo. Y en la Guerra Civil como: las checas, Paracuellos, el bombardeo de Cabra, el control del Frente Popular por parte de Stalin, la guerra civil dentro de las izquierdas, la matanza de eclesiásticos, y las disputas entre socialistas exiliados por el tesoro del yate Vita.

No podía ser de otra manera. El País, referencia del antifranquismo, no podía presentar una versión distinta a la que predominaba en una sociedad en la que desde antes de la muerte de Franco la izquierda ya había logrado penetrar en periódicos, televisiones, cines, colegios y universidades. Fue precisamente el predominio de esa versión histórica, entre otros,  lo que permitió presentar como democrática a una izquierda que en realidad no renunció a sus principios revolucionarios hasta varios años después de la muerte de Franco, ya en plena democracia, y tras graves resistencias internas.

 

Algunas hipótesis sobre las causas de la campaña pro memoria

 

Pero, ¿Cuáles han podido ser las razones para que periódico y partido emprendieran esta campaña tan contraria al posicionamiento de ambos durante esos años, que abarca hasta la primera etapa de gobierno socialista? A principios del año 2004 el prestigioso historiador norteamericano Stanley Payne subrayaba que toda esta campaña del olvido y la memoria nada tenía que ver con la auténtica Historia objetiva de los hechos y sí con la intención política de desprestigiar moralmente al centro derecha español tras sus victorias de 1996 y 2000 (el cual según el historiador, reaccionó torpemente o no reaccionó)[21].

Tras las victorias electorales de Zapatero, el Gobierno socialista ha utilizado los recursos coactivos del Estado y el dinero público para imponer su versión histórica a los españoles. Con ello, además de propaganda política, desprestigio moral del adversario e hiperlegitimidad histórica, ha  conseguido reavivar los sentimientos frustrados de ruptura de la izquierda, rentabilizarlo electoralmente, reforzar la identidad de una militancia socialista sentimentalmente utópica, y complacer los intereses comerciales de sus “socios” mediáticos.

Cesar Alonso de los Ríos, el que fue director de la mítica revista antifranquista Triunfo, ha añadido en un artículo con el significativo título de Tenemos guerra para rato[22] que en la medida que dure la crisis económica, el “Gobierno irá promoviendo sus debates favoritos: Lorca y las fosas de la guerra civil, los símbolos religiosos en las escuelas, el abrumador idioma común, la amputada memoria histórica, la objeción a la asignatura de la educación cívica…”. Y finalmente Rosa Díez ha aseverado que “parece que el gobierno intenta ganar la Guerra Civil, con <efecto retroactivo>, al impulsar una Ley excluyente como la de Memoria Histórica, con la que no ha querido sino <dividir> y <provocar>”[23].

Respecto a la campaña  del periódico sólo puede explicarse por su connivencia con el Partido.

 

Conclusiones finales

 

Las principales conclusiones que podemos extraer son las siguientes:

1) Desde hace años, El País (y el PSOE) ha venido sosteniendo lo siguiente: Durante la Transición, al no haber habido ruptura, se produjo el olvido de la (idealizada) Segunda República, la Guerra Civil y el franquismo, injusto para los perdedores de la Guerra.  Un silencio que ha durado hasta hoy. Como consecuencia, la Administración debía intervenir para recuperar la llamada Memoria Histórica.

2) Tras un recorrido a través de El País de los años 1976 al 79 (los más delicados en cuanto a posibles temores de involución) se llega a la conclusión que lejos de que la Historia de la República, la Guerra Civil y la época de Franco cayeran en el olvido o en el silencio autocensurado a partir de la Transición, el propio periódico presenta durante esos años posteriores a la muerte de Franco una profusión considerable de textos que se refieren a éste periodo de nuestra Historia.

2) La inmensa mayoría de esos textos – artículos, tribunas, reportajes, entrevistas –son partidarios de la interpretación histórica más acríticamente afecta al Frente Popular (y no a la República, como hemos explicado ya). En cuanto a los historiadores profesionales, prácticamente los únicos que a lo largo de estos años exponen una y otra vez sus tesis en el periódico son aquellos situados en la órbita marxista.

3) Llama la atención que el principal promotor hoy de la recuperación de la Memoria a través de la acción partidista del gobierno, el diario El País, fuera durante la Transición el más firme defensor de no utilizar la Guerra Civil en el debate político.

4) En realidad sí ha habido silencio (o manipulación) por parte del periódico. El que se refiere a los hechos más comprometidamente totalitarios de una izquierda que no se sacude su ideología marxista y revolucionaria hasta el postfranquismo. La afinidad con el bando perdedor de la guerra, le hace ocultar a El País lo más importante: que éste tampoco era un bando democrático.

[1] Se puede consultar al respecto el Estudio General de Medios (EGM), que es un estudio sobre el consumo de los medios de comunicación en España realizado por la Asociación para la investigación de Medios de Comunicación  (AIMC). También a la Oficina de Justificación de la Difusión (OJD), empresa española fundada el 20 de octubre de 1964 y encargada del control de la tirada y difusión de varios tipos de medios de comunicación en España.

[2] Ramoneda, J., Memoria, amnesia, perdón. El País,  7 de Noviembre de 1997.

[3] Cebrián, J. L. y González, F., El Futuro no es lo que era, Madrid, Aguilar, 2001.

[4] Cebrián, J.L., Francomoribundia. Madrid, Alfaguara, 2003.

[5] Navarro, V., Consecuencias de la transición inmodélica, El País, 8 de enero de 2003.

[6] Revista Marie Claire, octubre de 2005.

[7] El 5 de abril de 2006. El senador Carles Bonet, portavoz entonces de Entesa Catalana de Progrés, manifestó en sintonía con el Presidente, que se estaba “en deuda con el régimen republicano y que seguía faltando la plena normalización del tratamiento institucional” de aquel periodo.

[8] Muy elocuente al respecto resulta el editorial 70 años después.  Editorial de El País del 18 de julio de 2006.

[9] Ramoneda, J., Garzón,la derecha y el franquismo. El País, 21 de octubre de 2008.

[10] Vila-San Juan, S., ¿Pacto de amnesia en la Transición? Suplemento de la Vanguardia. 28 de septiembre de 2005.

[11]  Juliá, S., Amnistía como triunfo de la memoria. El País, 24 de noviembre de 2008.

[12] Cf. El País, 24 de noviembre de 1978.

[13] Para un estudio pormenorizado de la llamada “Primavera trágica” se pueden consultar los capítulos 8, 9, 10 y 11 de: Payne, S., El colapso de <st1:PersonName ProductID=»帷ꌈ帯ꨈv田v

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