La Iglesia y la Memoria

La beatificación de 522 religiosos en Tarragona ha sido una ceremonia de muy bajo perfil histórico. Así, pocas informaciones han explicado el contexto en el que fueron asesinados estos creyentes. El maestro Antonio Burgos decía que parecía que en 1936 una epidemia de gripe había afectado sólo al clero.<!–more–> Una ceremonia tan comedida y efímera revela la voluntad de la Iglesia de honrar a sus mártires sin levantar viejas heridas, lo que contrasta con el afán revanchista de la reciente y extensa campaña de la Memoria Histórica. Yo voy a ser menos políticamente correcto y voy a abordar unos hechos que la España actual, presa de la corrección política, no conoce. Sin entrar en que la atrocidad coexistió por igual en ambos bandos, ningún autor pone hoy en duda que más de 7000 religiosos fueron asesinados durante la guerra civil. Ya al mes de proclamarse la II República, cientos de iglesias fueron asaltadas en España. En Cádiz sufren daños San Agustín, San Francisco, la Residencia de los Jesuitas, El Carmen y sobre todo Santo Domingo. La Galeona es quemada y Santa María es defendida por sus vecinos. Se suprime la procesión del Corpus. En Octubre se prohíbe la enseñanza religiosa en España. En 1934, tras perder las elecciones, el PSOE y Esquerra Republicana de Catalunya se alzan en armas contra la República, provocando 1400 muertos. Mueren decenas de clérigos que figuraban en unas listas de personas a exterminar; las mismas listas que se usarían luego en la guerra civil. A partir de 1936 comienza la matanza de religiosos. No eran combatientes, no portaban armas y una gran parte de ellos mueren perdonando a sus fusileros y dando muestras de gran humanidad. No se confundan. No soy creyente y milité en el antifranquismo clandestino. Estuve y estoy por la reconciliación. Pero no se entiende bien la glorificación de estos mártires, ni el perdón mutuo, sin conocer todos los hechos. Algunos aun recriminan a la Iglesia por no ponerse de parte de los que saqueaban su patrimonio artístico y fusilaban a sus fieles. Más razón tienen los que le reprochan su actitud en los años de hierro de la represión franquista, si bien suele omitirse que a partir de los 60 la Iglesia estuvo al frente de los movimientos democráticos.

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