Tabernas gaditanas con solera

Hay que empezar hablando de La Manzanilla, la decana de las tabernas de Cádiz. Atendida de siempre exquisitamente por un tabernero de postín, don Miguel, y hoy por su hijo, La Manzanilla guarda en sus añejas botas de roble los mejores vinos de origen sanluqueño. Recomendamos una copa de amontillado viejo, que se acompaña de las ya célebres dos aceitunas, servidas en tan escaso número para no empañar el gusto del vino. En Cádiz ha sido costumbre formar tertulia y tomar vinos en las tiendas de montañés, que los gaditanos de toda la vida llamamos “el almacén” (llegó a haber centenares), divididos casi siempre en una parte para despachar productos “ultramarinos”, y la otra para servir la tapa y el vino. A veces, la tertulia alrededor del chiclana y la manzanilla se hace en la trastienda, llamada “accesoria” (¡Ay, cuantos recuerdos del desaparecido almacén de Manolo y Picín, entre Columela y Sacramento!). De entre los primeros, destacamos la tienda del Veedor, en la calle del mismo nombre, donde además de excelentes vinos, se pueden tomar las tapas típicas de la casa, especialmente todo tipo de tortillas. De los almacenes con trastienda es imprescindible mencionar el almacén de Santa Inés, regentado por José Mari, también de origen cántabro. Este año ha cerrado el ultramarino pero continúa abierta su trastienda, frecuentada por amigos, curiosos y visitantes, ya que José Mari colecciona en ella todo tipo de muebles y objetos antiguos, botellas con solera, y curiosidades. La Cepa Gallega es de las pocas tabernas de Cádiz que guardan el ambiente de tertulia, copa y tapa de aquellos almacenes gaditanos. Actualmente se celebran en ella las reuniones de más sabor de Cádiz, sirviéndose de tapa, como se solía, los mismos productos que se venden en el almacén (chacinas o conservas) y en el mismo papel de estraza en los que se envuelve (en Sevilla lo he visto también en otra tienda de montañés: Trifón). Una taberna, situada en pleno barrio de la Viña y de mucho sabor taurino es El Albero, regentada por un torero gaditano, Rebujina. Su decoración, además de múltiples fotos y objetos taurinos, guarda un ambiente flamenco. Muy cerquita de El Albero se encuentra la célebre taberna, también taurina y flamenca, de El Manteca. Como a veces me recuerda otra montañesa que conoció a su padre, mi madre, y aunque muchos no lo saben, su nombre no es sino apellido de raigambre pasiega. Sigue conservando solera a pesar de su éxito, del que nos alegramos, aunque hoy, para evitar a los turistas hay que ir a horas poco habituales.

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